edición: 2808 , Viernes, 20 septiembre 2019
05/11/2012
Prácticas desesperadas

Guerra autodestructiva de depósitos para sobrevivir hasta que llegue el dinero del rescate

Pagar el 4% y el 5% por conseguir o mantener pasivo no es una garantía pero el que no lo pague está perdido
Juan José González

La imagen podría ser la de unos señores de traje y corbata que al lado de grandes camiones aguardan pacientes en el paso fronterizo de la Junquera: esperan el dinero del rescate que viene de Berlín, vía Bruselas. Pero el dinero no llega porque tardará algo más y la espera se hace desesperada. Varios bancos españoles se encuentran a la espera, como agua de mayo, a que lleguen los primeros fondos del rescate (este sí, el financiero) de hasta 100.000 millones de euros. El destino, las debilitadas entidades que mayor castigo han recibido por la detonación de la burbuja inmobiliaria, acompañada, de postre, con una recesión. El problema ahora es ese rescate financiero (no el soberano, que puede llegar o no) la liquidez, agravada más, si cabe, por el caudal incesante de fondos particulares que migran hacia lugares más seguros y que, según el Banco de España, pueden alcanzar el cuarto de billón de euros a nada que pase un poco el tiempo, se acerque fin de año y el ministerio de Economía siga sin reaccionar. En contraste, la banca, ante la debilidad del mercado, se centra en preparar las cuentas de resultados para fin de año, si bien, el problema en esta parte final del ejercicio es, básicamente, la falta de liquidez.

La batalla comenzó antes del verano. Bancos que ofrecían sus propios pagarés (sin protección por el FGD) a cambio a depósitos para evitar la salida de depósitos y clientes. La penalización a los superdepósitos, levantada en agosto, obligó a cambiar la estrategia comercial en la mayoría de las entidades que hasta ese momento luchaban por detener la pérdida de depósitos a cambio de un elevado precio. Se trataba también de ganar clientes que habían decidido abandonar sus bancos y cajas tradicionales. El mercado era, en realidad, un campo de batalla donde se peleaba por el cliente indeciso o desencantado.

Tras el verano, la guerra del pasivo se instala en el sector como orden diaria de combate. Una guerra que no afecta a todos por igual, puesto que Banco Santander y BBVA parecen ser, de nuevo, los grandes beneficiarios del éxodo de depósitos procedentes de las entidades intervenidas o con otros problemas. Esas dos entidades no han tenido que hacer muchos esfuerzos para atraer ese pasivo "en tránsito", asegurando que la migración de depósitos era sólo una "cuestión de confianza". En cambio, el resto de entidades, se están dejando no sólo los depósitos, sino también el margen y algunos la piel en costes para cubrir estos dos meses de transición hasta la llegada de la liquidez europea.

Pero el problema de la banca continúa siendo la liquidez: es el denominador común, incluso para los tres aventajados (Santander, Caixabank y BBVA) porque los mercados financieros se mantienen cerrados y porque el precio para captar depósitos se sitúa en una media del 4%. Precios por captar pasivo que minan los beneficios del sector y que llevan por delante una buena parte del margen conseguido a fuerza de desinversiones y otros extraordinarios de cartera a lo largo de los tres trimestres del ejercicio. Para otras entidades, las que deben recibir la inyección de fondos europeos, pagar el 5% por el cpasivo les supone hacerse el "harakiri", en lenguaje de un alto directivo bancario que presentaba sus resultados la pasada semana.

Para los bancos nacionalizados, la espera de los primeros desembolsos del rescate financiero, antes de final de año, se esta convirtiendo en un pulso diario. Ofrecen rentabilidades superiores a la media de la banca europea, como señalaba la semana pasada un alto directivo bancario "a costa del contribuyente español y europeo". Es el caso de Bankia, Catalunyacaixa y Novagalicia, con productos que ofertan más del 3% de rentabilidad. A estas entidades el Gobierno les esta haciendo un flaco favor al mantener la incógnita sobre la posible reducción de tamaño, liquidación en partes o liquidación total. Pero si la decisión no llega, deberán pasar los dos próximos meses tirando la casa por la ventana, es decir, destruyendo sus márgenes, en espera de que el futuro se despeje. Llegado el momento, y si no se liquidan, podrán hacer frente a los desafíos comerciales del mercado en competencia con el resto de entidades, aunque van a sufrir para sobrevivir en esta travesía del desierto.

"No hay banco que pueda resistir por más de tres meses una estrategia de este tipo, ofreciendo el 4% o el 5% mientras que unos kilómetros más arriba, pasados los Pirineos, el dinero lo puedes encontrar al 2%", comentaba un alto directivo del sector que presentaba resultados trimestrales. Bancos nacionalizados, pero también medianos con problemas, no esconden cierta desesperación en esta práctica "autodestructiva", justificadas en muchos casos por la desesperación que produce pensar en que dos meses (noviembre y diciembre) se van a hacer muy largos en espera de esos fondos de la Unión Europea al mismo tiempo que se deben remunerar los clientes con productos y depósitos a precios excepcionales. Otros directivos bancarios son, íncluso, más pesimistas y señalan convencidos que la guerra de depósitos se intensificará: no habrá otra forma de presentar buenas cifras, aunque sea a costa de ceder uno o dos puntos de margen.

Prácticas o estrategia autodestructiva a la que -como aseguraba una banquera- "acuden los bancos porque están desesperados", contribuye a alimentar un círculo vicioso: sin acceso a los mercados mayoristas, es obligado mantener y aumentar los depósitos para sustituir los vencimientos, por tanto, hay que pagar precios de mercado, y estos a su vez, se comen el beneficio. Por todo, no debe extrañar alguna solución ocurrente como la del Banco Popular: convertir dinero en acciones del banco (ahora en ampliación de capital). Aunque para ello deba pagar la conversión al 8% anual.

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