edición: 2577 , Jueves, 18 octubre 2018
10/07/2009

Guinea y España aceleran los relojes del gas subsahariano

Malabo quiere consumar con Madrid, Lisboa y Berlín el nuevo polo de GNL africano
Moratinos recibido por las autoridades guineanas
Javier Aldecoa

Hay prisas, tantas como manos tendidas. Guinea se sueña ya hub gasista del Golfo de Guinea, en brazos del consorcio 3G de Unión FENOSA, Galp y E.ON con la estatal Sonagas. Estira las costuras de un gas que sus modestas reservas le obligan a captar también de sus vecinos nigerianos –con las séptimas reservas mundiales-. El mapa energético se le nueve a Obiang, ahora que el primer gasoducto de África Oriental comienza a germinar y que, gracias  al transahariano, Nigeria  extenderá sus tentáculos hasta Argelia y la UE. Los de Malabo vuelven a tender la mano -y los tentáculos- a Madrid, Berlín y Lisboa. Quiere poner de largo, desde este año, nuevas prospecciones y un segundo tren de licuefacción de GNL y ni Nigeria, ni Camerún ni Angola están por la labor. Los rusos han salido por la puerta de atrás con las minas y Gazprom no cuaja. Guinea Ecuatorial cambia los actores principales de su ‘escenario’ gasista; de la bandera de Obama, a la de Moratinos. Las empresas españolas desembarcan, por la esquina de la prudencia, en el tercer productor de hidrocarburos subsaharianos. Las huellas perdidas de la británica BG y Exxon Mobile les reviven los riesgos a sus nuevos aliados. 

España desembarca, después de tres meses de retraso y tres décadas de distancia, con la bandera de una nueva relación, los galones de ‘valedor’ de Guinea ante la UE -con la vista de Obiang puesta en el primer semestre de 2010- y un Plan África hasta 2012 que ya pasearon Zapatero y Moratinos por el resto del continente y que promete hacer de la patria de Obiang una de las prioridades de la política exterior. Ni la sintonía del Palacio de Santa Cruz con Nigeria, ni la prospección de Moncloa hace un mes con un grupo de empresarios españoles ha podido aún despejar las huellas ibéricas a los hidrocarburos de Nigeria, ni al germen del gasoducto transahariano, que Níger, Nigeria y Argelia quieren capitanear y al que Marruecos, Irán y sobre todo París y Moscú buscan puertas de acceso. Todos los caminos del gas subsahariano para Europa pasan ahora por Guinea Ecuatorial. Eso pretende, al menos, Teodoro Obiang.

Busca vestir de ‘Kuwait africano’ la ex colonia española, un país en pleno boom económico -con una tasa de crecimiento del 11,8% el pasado año- , que se ha convertido en el tercer productor del África subsahariana, después de Nigeria y Angola, en el que empresas estadounidenses, francesas o chinas se reparten gran parte del pastel  del petróleo, las infraestructuras públicas, la vivienda o el turismo. Y del que España -con inversiones reducidas a 6.000 euros en 2007- ha estado muy ausente hasta este año. No extrae ni uno de los 418.000 barriles diarios de petróleo que produce Guinea, se ha limitado hasta ahora a tener que comprárselo, por valor de 1.800 millones de euros en 2008, lo que la convierte en el segundo cliente de su ex colonia, tras China. En cambio, las exportaciones españolas son muy limitadas, sólo 144,5 millones el año pasado. Con la primera visita a la ex colonia española de un enviado de Moncloa desde noviembre de 2007, el dossier guineano vuelve a estar activo en el Palacio de Santa Cruz, tanto como en la mesa de FENOSA. Miguel Ángel Moratinos consuma la alianza energética con nuevas promesas de cooperación, acuerdos en materia de seguridad, la invitación a Guinea a tomar parte de la próxima Cumbre Iberoamericana de noviembre y más de un salvoconducto 'made in Spain' para que Teodoro Obiang pueda desplegar sus intereses con sus vecinos africanos. No es casualidad que haya sido uno de los temas de conversación en todos los encuentros diplomáticos entre Madrid y Washington.

La primera Conferencia de gas guineano ya fue la evidencia que ahora convalida el viaje del Ministro de Exteriores español de que algo ha cambiado, de lado a lado: Obiang quiere ponerle la mano al gas regional y ya no le basta con la apertura inversora que su brazo estatal Sonagas selló desde hace dos años; nada de consumo doméstico. Ha pasado en sólo una década de la orfandad del crudo a producir 380.000 barriles por día, sólo por detrás de Nigeria y Angola. Pero al tercer productor de petróleo africano le saben a muy poco los 3,7 millones de toneladas de gas que exporta su primer tren de GNL: tanto Obiang Lima como su padre creen que -con reservas propias, aprovechando el gas que se quema o con el gas de los vecinos- pueden garantizar recursos para dos trenes más. Y barajan ya los euros del Viejo Continente para hacer realidad su sueño de convertirse en el nodo de una potencia exportadora de GNL. Desde 2008 Guinea se ha subido al carro de suministradores de hidrocarburos del mercado español. Uno muy pequeño, pero presente. Lo suficiente como para que FENOSA se plantee compensar con él el mapa del GNL español, que depende en un 31,27% de Argelia, en un 20,74% de Nigeria y en un 10,73% de Egipto.

Obiang quiere dejar en manos de E.On, FENOSA y Galp la llave de sus necesidades: claudica -a cambio de un precio y por ahora- no sólo porque tienen las inversiones y los tres mercados más golosos para Guinea -el alemán y los dos ibéricos-. Su posición en el resto de África y el liderazgo de la germana (que ya tiene un 5% en la primera planta guineana de GNL) en la carrera por el gas en todo el continente hacen el resto. El proyecto europeo de creación de un mercado de gas interconectado en Europa del Sur es aún papel mojado: en Europa el 50% del gas licuado proviene de la ribera sur del Mediterráneo, en el 2030 esto se irá reequilibrando, porque la ribera sur irá consumiendo más hasta el 58% en el norte y 42% en el sur. Aún hay poco espacio para el sur del continente africano, pero Obiang quiere ya sitio propio en él. Repsol y GN miran juntas a Nigeria, de la que procede ya el 15% del GNL que llega a España y a Angola con la lupa de la sociedad Gas Natural West África (60% Repsol YPF y 40% GAS NATURAL). Con el gas para Marruecos, que aporta a través de Metrogas, Gas Natural completa el paisaje del primer importador de hidrocarburos argelinos a España. Tiene la llave del gasoducto del Magreb  y el acceso al mercado, no sólo al español, sino al Mibgas.

DE VUELTA A MALABO

Guinea huele a petróleo, de lejos aún para España. Repsol se protege en la discreción, sólo con la exploración del pozo Langosta, en el off-shore ecuatoguineano. Tras más de veinte años de ausencia, desde antes de la era de los grandes descubrimientos petroleros guineanos, Antoni Brufau está de vuelta a los predios de Obiang, pero esta vez bajo la doble llave de la prudencia: su condición de operador oficial del bloque C-1 -frente a las costas de Malabo- le da luz verde por dos años para estudiar los recursos y la viabilidad económica del yacimiento. Malabo no ha podido resistirse, a la vista de los últimos descubrimientos en Liberia y Marruecos.

Pero sobre todo, la ‘familia’ Obiang quiere que Guinea emane gas. Obiang mira a los tentáculos egipcios de FENOSA, al posicionamiento de E.ON entre las 15 compañías escogidas para construir tres plantas de gas e invertir en la séptima reserva mundial de gas, la nigeriana, un mar de más de 180 millones de pies cúbicos de reservas que, hasta ahora, la falta de recursos y las trabas locales han mantenido en el limbo. Gazprom, la gasista alemana y Total tienen ya la llave para sacarla del retiro. Guinea Ecuatorial quiere despegar sus atajos al corazón de Europa. Si en enero la estatal  Sonagas, E.ON Ruhrgas, Unión Fenosa Gas y Galp engendraron una empresa de abastecimiento de gas que será la dueña del Consorcio 3G-Gathering System, un trimestre después el terceto se comprometía a construir un segundo tren de licuefacción, en la Isla de Bioko, con una inversión de 3.000 millones de dólares, tres gasoductos que unirán Nigeria, Camerún y los campos petrolíferos de Guinea Ecuatorial con Punta Europa en la isla de Bioko y un polo energético con otras instalaciones complementarias.

La empresa conjunta pretende utilizar el gas que hoy se reinyecta o se quema, para la exportación y el uso doméstico en el país africano. Gran parte del de Nigeria y Camerún que se envía a través de Malabo está más cerca de Guinea Ecuatorial que las plantas en el continente. Por eso Sonagas busca beber de las extracciones vecinas, pero Nigeria y Camerún le complican su ecuación energética panafricana y la telaraña de su plan maestro para comercializar el gas en la región y llegar al Viejo Continente. Su proyecto de ‘hub’ gasista del Golfo de Guinea trata de suplir el repudio de Abuja y Yaounde, que en 2007, bajo el amparo del Banco Mundial, acordaron una explotación y transporte común de las reservas, pero ahora que Moscú, Washington, Teherán, París y Bruselas se interesan por ellos, prefieren darle cuerda por separado a sus proyectos gasistas, lanzar sus propios gasoductos y -en el caso de Camerún- garantizar antes de nada el suministro eléctrico nacional.

LA ‘FICHA’ REGIONAL ESPAÑOLA

Las bazas guineanas pasan por la electricidad con los apellidos de FENOSA: las promesas de kilowatios más baratos desde una nueva central en Bioko son la ofrenda de paz que Teodoro Obiang prepara para Camerún. La estatal Sonagas comienza a pasarle las facturas y a moverle el terreno a las españolas. Mira de reojo a la vecina Angola. De ella puede venir parte del gas -en tanto llega el propio- pero también, si Malabo se descuida, la más feroz de las competencias. La planta de LNG de Soyo -que debería comenzar en 2012- ha terminado por duplicar los costes previstos hace tan sólo cuatro meses hasta al menos 10.000 millones de dólares, una cifra que alimenta los recelos de Total, Eni, Sonagas y BP, pero sobre todo los de la estatal Sonagol. Y acaba de comenzar la construcción de gasoductos para alimentar la regasificadora de GNL angoleña, pero no hay aún acuerdo de tránsito con el Congo K, bloqueado desde 2007, sobre todo en los campos 0 y 14 de Chevron, en la zona off shore de Cabinda.

 Si el boicot de los grupos guerrilleros y la variación de costes se lo permiten, las obras del primer gasoducto internacional de África oriental concluirán este año y sus 599 kilómetros podrán transportar gas natural desde Nigeria hasta Ghana, por Benin y Togo, una vez que se hayan instalado la estación de compresión en Lagos Beach (Nigeria) y unas estaciones de regulación y recuento en Cotonú (Benin) y Lomé (Togo). Lo sabe Guinea Ecuatorial, acelera los propios relojes de su gas a medida que Chevron, Shell, la Nigerian National Petrolium Corporation, la Volta Authority of Ghana, la Societé Beninoise de Gaz y la Société Togolaise de Gaz se acercan a la consumación del que está llamado a ser la arteria central de los hidrocarburos de la región.

Guinea baraja los comodines entre sus nuevos aliados. El desencuentro sobre la privatización de la refinería de aluminio de Friguia hace que la línea recta entre Moscú y Malabo sea cada día más larga. No llegarán los rublos, por ahora, a los planes gasistas de Sonagas. Quiere de nuevo acceso directo a la explotación de sus reservas de gas natural, la mayoría de las cuales son quemadas por proyectos y acuerdos previos. Mueve las fichas del nuevo tablero energético, el suyo y el de sus vecinos, lo justo para avizorar un futuro cercano en el que 7 trillones de pies cúbicos de gas -propio, o de Camerún o Nigeria- podrían nutrir una segunda planta de GNL. Le pisa los talones a Exxon Mobil, si aparta su mano del campo de Zafiro y vierte el gas de vuelta a Guinea, llenará las arterias que aguardan ya Sonagas, Galp, E.On y FENOSA.
Pero fue el mismísimo Serapio Sima -ex director general de Sonagas- el primero en dejar caer sus dudas sobre la viabilidad del nuevo mapa del gas guineano y en insuflar el miedo a las inversiones de Madrid, Berlín y Lisboa, si no son rápidas y decididas. Todas ellas -menos Unión FENOSA, que lo hizo directamente, después de años de relación con Malabo- han llegado a Guinea de la mano de sus aliados en la región: E.ON por medio de African LNG de African Gas Development Corp (Afgas) y Galp por la Sonagol angolesa. Todas ellas conjuran el antecedente del fantasma de sus predecesoras estadounidenses, desde Exxon Mobil -que ha perdido la concesión petrolera del campo C con la surcoreana SK Corp- hasta Marathon.

La británica BG ha terminado por ‘caer en desgracia’ con el gobierno de Obiang -que la acusa de vender producción al mercado asiático, donde los precios son mucho más altos- y por ver cómo Guinea repudiaba un acuerdo que permitía a la inglesa hasta 2024 comprar toda la producción que ayudó a mejorar del primer tren de GNL (3,4 millones de toneladas por año) y exportárselo a EE UU, a través de su terminal de regasificación Lake Charles, en Luisiana. E.ON Ruhrgas -con acuerdos previos con la estatal nigeriana NNPC- comienza a marcarle fechas en rojo en el calendario al gobierno de Malabo y a Sonagas. Quiere saber antes de 2010 cuánto GNL puede aportar Guinea Ecuatorial y su participación en el Consorcio 3G a la diversificación global de sus recursos y la distribución a lo largo de la Unión Europea.

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