edición: 2828 , Viernes, 18 octubre 2019
17/04/2009
OBSERVATORIO DE ECONOMÍA

Hacia una nueva negociacion colectiva

Círculo de Empresarios.- El debate macroeconómico en torno a cómo ha de ser un sistema de negociación colectiva, especialmente de los salarios, se plantea en términos del nivel de centralización del mismo y de los acuerdos suscritos. Aquellos sistemas más centralizados tienen la ventaja de que facilitan la incorporación de las restricciones y condicionantes del entorno macroeconómico. Por su parte, los sistemas descentralizados ofrecen una mejor adaptación de las cláusulas acordadas a las condiciones particulares de la empresa en cuestión, permitiendo que las partes negociadoras valoren con mayor precisión los costes y ventajas que suponen los acuerdos salariales.

En nuestro caso, los acuerdos colectivos se han establecido de forma predominante en el nivel del sector productivo, con una aplicación provincial. Los convenios nacionales y los de empresa son mucho menos frecuentes. Es decir, la negociación colectiva en España se realiza sobre todo con un nivel intermedio de centralización que no logra hacerse ni con las ventajas de un sistema centralizado ni con las de uno descentralizado.

Este nivel intermedio de negociación representa un gran obstáculo para la correcta adaptación de los convenios tanto a la realidad macroeconómica como a la empresarial. Entre otros costes adicionales, se pueden señalar, por ejemplo, la multiplicidad normativa que se crea y el uso ineficiente de los recursos dedicados a la negociación.

En general, cabe concluir de lo anterior que el sistema actual de negociación colectiva, si bien ha cumplido un papel relevante en una etapa de cambios políticos favoreciendo la paz social, en la actualidad, con una economía globalizada con enormes dosis de complejidad y diversidad del tejido productivo, resta flexibilidad de ajuste, tanto de los salarios a las condiciones macroeconómicas, como de las empresas a sus circunstancias particulares. Es preciso, por tanto, abordar la reforma del sistema hacia otro que aproveche mejor las ventajas atribuibles a mayores grados de centralización o descentralización teniendo además en cuenta la falta de representación de distintos colectivos (parados, temporales, pymes) en la negociación. Una posibilidad para ello es la que se configura conforme a los siguientes aspectos, con los que se podrían capturar beneficios de la centralización y la descentralización:

• Integración y universalidad: mayor representación en las partes negociadoras de los colectivos que se ven desplazados de la negociación en el sistema actual (desempleados, temporales y pymes).

• Fortalecimiento de los niveles superiores de negociación: la negociación a nivel sectorial y con aplicación nacional, por ejemplo, podría convertirse en el amplio marco en el que se encuadra el resto de convenios de otros ámbitos. Con ello se gana flexibilidad macroeconómica. Pero estos convenios nacionales deberían ser suficientemente genéricos para dar margen de libertad a la fijación de condiciones a nivel de empresa. Así, serían acuerdos sobre elementos que afectan por igual a todos los trabajadores y empresas, dejando que los acuerdos de empresa determinen los aspectos más relevantes para la competitividad de cada empresa y para su capacidad de creación de empleo –salarios, organización de la jornada laboral, movilidad funcional, etc.-.

• Fomento de los convenios de empresa: se trata de que las empresas cuenten con mayor margen de adaptación a sus condiciones particulares en aquellos aspectos que la hacen más competitiva. Con ello se gana flexibilidad microeconómica y eficiencia. Por ejemplo, un mayor abanico de salarios genera señales al mercado para movilizar potenciales trabajadores, tanto geográfica como funcionalmente, contribuyendo al ajuste del mercado y a la creación de empleo estable.

• Esfuerzos cooperativos de sindicatos y patronal en la negociación en esos niveles superiores: un buen acuerdo de ámbito sectorial y nacional, en la medida en que obliga a los de los ámbitos inferiores, puede dar mayor fluidez a las relaciones laborales. Representantes de los trabajadores y de las empresas deberían concentrar esfuerzos en esta clase de negociación, procurando que los acuerdos dejaran margen de actuación a convenios de nivel inferior, sobre todo los convenios de empresa.

• Mayor flexibilidad para la utilización de las cláusulas de descuelgue: estas cláusulas permiten desvincular las condiciones salariales de la empresa de las del convenio de ámbito superior a que está sujeta. Hoy por hoy, el recurso a estas cláusulas es limitado, ya que resulta especialmente restrictivo. Pero son una excelente válvula de escape para la presión que puede suponer para las empresas que atraviesan dificultades económicas su sometimiento a los convenios colectivos.

• Reducción de la ultraactividad: la ultraactividad consiste en la extensión de los convenios más allá de la fecha acordada al no llegarse a nuevos convenios. El problema de esta práctica es que dificulta la adaptación a las condiciones presentes y sesga el poder negociador de las partes. Convendría establecer alguna clase de límite temporal en la aplicación de este principio, obligando a las partes a un mayor esfuerzo de entendimiento.

• Supresión de la indiciación automática. Dificulta la adaptación de los salarios reales a la situación económica, desviándolos de la evolución de la productividad, lo que incide negativamente sobre los necesarios estímulos a incrementar la productividad, con el consiguiente aumento del desempleo en fases de ralentización y recesión. Resulta además una práctica negativa para el control de la inflación y la estabilidad macroeconómica. La alternativa lógica es la inclusión de mecanismos que aseguren una mayor vinculación de los salarios con la productividad de los distintos sectores, empresas y trabajadores. Es decir, los salarios reales deben crecer al ritmo al que lo haga la productividad.

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