edición: 2574 , Lunes, 15 octubre 2018
11/10/2012
Ingresaría 2.500 millones de euros al año
Cristóbal Montoro y su equipo

Hacienda baraja una "contribución excepcional" de los grandes patrimonios

Ponen el zarpazo de Hollande a los ricos como ejemplo de un nuevo tramo fiscal
La fase de "desendeudamiento" no puede durar menos de tres ejercicios fiscales
Juan José González

Una vez más, parece obligado que el Gobierno de Mariano Rajoy deba aprender de nuestros vecinos geográficos, de los franceses, y en concreto del presidente de la república, François Hollande. La verdad es que el Ejecutivo español no esconde en modo alguno su atención sobre los movimientos del galo en la gestión de la crisis: energía, comunicaciones, sanidad, educación, todos ellos sectores que cuentan ya con la "importación de ideas" (vulgar imitación) a imagen y semejanza de las aplicadas por el Gobierno francés en los últimos cinco meses. Lo cual no quiere decir que se haya cerrado la importación; todo lo contrario, pues ahora, por la vía del ajuste presupuestario, las "hormigas" de Hacienda escudriñan entre cualquiera de las nuevas tasas de los galos, siendo algunas de estas las que cuentan con fervorosos seguidores. En otras palabras, la cifra de recaudación de un impuesto extra a los grandes patrimonios, produce chiribitas en muchos ojos que observan la evolución de la tasa en el país vecino.

La verdad es que el Ejecutivo español nunca va a tener más fácil que hoy un "rectificativo" fiscal a los grandes patrimonios, lo que seguramente le reportaría los primeros aplausos de su mandato. La subida general de impuestos directos e indirectos a la ciudadanía contrasta con la tibia y condescendiente actitud de la hacienda española para con las fortunas o grandes patrimonios. En este caso, no se trata de presionar para poner contra las cuerdas a los patrimonios que superen el millón de euros, como pretendía el lider del Partido Socialista español, sino de hacer los números (Hacienda ya los tiene) para conocer el efecto que en términos de recaudación -ingresos- tendría un impuesto extraordinario sobre los grandes patrimonios, emulando a los franceses, a partir de 1.300 millones de euros. 

En Francia se estima que son unos 300.000 contribuyentes quienes se verán obligados a hacer una aportación extraordinaria "temporal y limitada a dos ejercicios fiscales" -según Hollande- y que servirá para incrementar los ingresos del Estado en unos 3.000 millones de euros al año. Previsiblemente, la cuenta de ingresos en España no alcanzaría los 2.500 millones de euros, por lo demás nada despreciables, pero en todo caso reportaría, a modo de compensación moral, al grueso de la población, machacada a impuestos, la satisfacción de ver cómo se reparten algo más las cargas de la crisis. Y en eso sí que acierta el presidente de la república francesa.

Por otra parte, el Ejecutivo español debe ser realista y no abusar de la gestión del corto plazo, donde al parecer tiene identificados todos los problemas. Ser realista significa tener en cuenta que la fase de "desendeudamiento" del Estado, aunque pasajera, se presenta también duradera, es decir; difícilmente logrará cualquier gobierno europeo con problemas económicos liberarse de la gran losa del déficit estatal en tan sólo dos o tres ejercicios, luego ¿va a mantener el Gobierno de Rajoy uno, dos y tres ejercicios fiscales seguidos sin proceder a ese reparto más equitativo de las cargas de la crisis?. El Ejecutivo deberá considerar también, como el francés, que no tiene a la vista compromisos electorales nacionales que le pudieran restar apoyos de esa clase alta y titular de grandes patrimonios.

Quizás el temor a una posible huída de los grandes patrimonios podría estar pesando sobre el ánimo del Gobierno para dejar en dique seco la aplicación de una contribución excepcional. Sin embargo, no parece la mejor escusa pues es más que probable que esos grandes patrimonios, aconsejados por expertos gestores, ya se encuentren desde hace algún tiempo en otros lugares extrapeninsulares, pues la normativa fiscal de los últimos tiempos no hahecho más que provocar el éxodo de muchos de esos patrimonios a los que ahora un Ejecutivo en apuros pretende echar el guante.

Puestos a imitar o "importar" ideas, el equipo de asesores de Moncloa debería haberse fijado en que fue el presidente de la república, Hollande, quien explicó por diversos medios (Parlamento, prensa, radio y televisión) los motivos del ajuste económico y la forma en que acometerá el citado ajuste, tranquilizó a las rentas más bajas e hizo un llamamiento "patriótico" (según sus propias palabras) a las élites económicas y empresarios para revitalizar el país. Hollande prefiere pasar tres años de impopularidad entre la clase alta de la sociedad, a que sean los herederos, los hijos, quienes carguen en el futuro con las deudas. 

En último extremo, que un presidente de Gobierno o un ministro de Economía le diga a la población, como hizo Hollande, que "no podemos hacer en pocos meses lo que nuestros predecesores no hicieron en cinco años", sólo puede transmitir confianza, posiblemente el mayor déficit del Gobierno de Mariano Rajoy.

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