edición: 3100 , Miércoles, 2 diciembre 2020
28/05/2010
Mayor gravamen para la segunda residencia, el balón de oxígeno que esperan los ayuntamientos

Hacienda, convencida de que una subida del IBI será un buen ajuste

Reduciría la evasión fiscal, el coste del suelo y la corrupción urbanística
Juan José González

Cuando el principal asunto a debate en una sociedad tiene que ver con los impuestos, mala cosa, suele ser indicativo de que hay problemas de fondo, y graves. Este es el caso. En las últimas semanas se multiplican los cálculos de todo tipo. Se busca la partida del presupuesto más apropiada para recortar y a continuación se examina la posibilidad de incrementar tal o cual impuesto, pues se trata de hacer un ajuste fiscal que proceda tanto del lado del gasto como del de los ingresos, pero, claro, tocar los impuestos conlleva un ajuste más general de la estructura impositiva, y esto puede ser visto como una revolución en tiempos que exigen más sosiego que agitación. En todo caso, no queda otro remedio; hay que subir impuestos, nos guste o no, directos e indirectos.

Y en ello anda el Ejecutivo, que lleva varios meses pensando en los efectos que tendría una tributación mayor en el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI). Consideran los técnicos en Hacienda que uno de esos efectos podría interesar para incrementar los ingresos del Estado pero, y sobre todo, ingresos para no subir el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF). El asunto ocupa el tiempo de un buen números de asesores porque la subida del IBI se quiere utilizar para resolver rotos existentes en varios frentes, por ejemplo, el inmobiliario. Bancos, cajas, ayuntamientos y CC AA, se encuentran en muchos casos en una situación desesperada. Hay que reducir el déficit como sea, evitando daños, siendo eficiente.

Existe el temor acerca de que el IBI puede generar un efecto regresivo en la actividad económica, aunque se apunta desde la Administración que no se trata de un índice que refleje la capacidad económica en un determinado momento. Así que desde este punto de vista se tiene la sensación de que producirá una reacción similar a la que causó en su día la subida en dos puntos del IVA, una medida de la que se reconocen efectos positivos para el erario público, pues ha producido un adelanto en las compras –y por tanto, en los ingresos- que no se hubieran producido antes del 30 de junio.

Se apunta por parte de los técnicos de Hacienda, que en España existe un desmesurado volumen de viviendas, unos 25 millones, y que de estas, seis millones son segunda residencia, de las que estadísticamente se sabe que son utilizadas un mes al año. Subir el IBI en estas viviendas, produciría un buen incremento de los ingresos particularmente estimable en los ayuntamientos, uno de esos rotos que a partir de 2007 dejó seca la caja de los ingresos locales como consecuencia del fin de los ingresos por licencias de obras.

Respecto a los otros 19 millones de viviendas, la Administración tiene alguna duda, puesto que tal y como esta configurado el impuesto, no se llega a establecer una relación segura entre el propietario del inmueble y la capacidad económica del propietario, siendo el margen de injusticia demasiado amplio como aplicar subidas a discreción del citado impuesto. En todo caso, se estima que un mayor gravamen sobre la segunda residencia operaría como un ajuste, que, por otro lado, es el objetivo a largo plazo.

El Ejecutivo quiere darle un vuelco al sistema impositivo porque entre otras cosas ve claro que el sistema es de todo menos eficiente. Las comparaciones con otros países pueden aportar alguna información cualitativa importante. En Francia y Reino Unido, la modificación del impuesto de bienes inmuebles gravó excesivamente la renta del suelo pero recogieron el fruto de la eficiencia comprobando que la evasión fiscal por este concepto se redujo de forma notable. En Suecia y Alemania, la subida del IBI causó una reducción del valor de las recalificaciones, disminuyendo hasta cifras ridículas el grado de corrupción en el sector.

Así las cosas, a Hacienda le sobran razones, como las expuestas, para pensar en que una subida del IBI puede resolver problemas en muchos frentes. Se beneficiarían, además, varios segmentos laborales, posiblemente los más jóvenes, aunque los jubilados podrían salir peor parados, aunque siempre habría lugar para hacer correcciones. Se produciría, igualmente, una caída en el valor del suelo y de los pisos, mientras los alquileres no se verían afectados de forma directa.

Si se escucha a los críticos con la subida del IBI, los efectos serían catastróficos, ya que es probable que se produjeran numerosos cierres de empresas promotoras así como un buen puñado de cajas de ahorros que, en todo caso, coincidirían con las que el Banco de España da hoy por quebradas.

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