edición: 2112 , Viernes, 9 diciembre 2016
04/09/2008

Hugo Chávez le marca el terreno a Botín en las espaldas de Sidor

La ‘maldición del Santander’ promete envenenar el futuro del Banco de Venezuela

Chávez se deja querer. Cobrar caro el azote de las nacionalizaciones se ha convertido en marca de la casa para el bolivariano, acostumbrado a forzar la tocata y fuga del capital exterior por la puerta de las minusvalías como trofeo de guerra para sus huestes. Ahora que en el Palacio de Miraflores acarician ya el acuerdo final con el Banco Santander, los de Emilio Botín procesan  los escarmientos de Chávez en las espaldas ajenas y tratan aún de estar más cerca de Cemex -que pudo cerrar un acuerdo y recibirá su precio antes del 28 de septiembre- que de Sidor, (la mayor siderúrgica del Caribe), a la que después de cuatro meses de baile de presiones, Caracas promete pagarle “cuando pueda”, poco y a plazos.

La victoria -pírrica pero victoria- está casi asegurada por la senda del acuerdo para el Santander, partidario de desplegar los floretes de la diplomacia con el ministro Ali Rodríguez y de hacer sangre en las diferencias dento del Palacio de Miraflores. Más aún si el precio supera los 800 millones de dólares. Otra cosa será lo del propio Hugo Chávez, al que Sudebán, el supervisor bancario, ya le ha advertido de los riesgos de perpetuar con el Banco de Venezuela los problemas de la banca estatalizada una vez que el Banco Santander haga sus maletas, justo ahora que el sector comienza a flaquear.

Hay prisas. Carreras en el Palacio de Miraflores, donde quieren presentar pronto a la mesa de las zozobras económicas venezolanas el aperitivo que sirva de alimento para sus huestes electorales más fieles, ahora que las elecciones de noviembre se aproximan y  ayude a “fortalecer el Estado socialista”. Y prisas en Boadilla del Monte y en las oficinas de Michel J. Goguikian. Aviso para navegantes, la cementera Cemex no ha llegado al acuerdo de estatalización con el gobierno venezolano por la senda del diálogo. Reticente a sentarse a la mesa de Miraflores, respondía a la expropiación forzosa con el paso por el CIADI, la única medida de presión que han digerido los reyes de las ecuaciones nacionalizadoras venezolanas.

En la jungla de la nacionalización, cada cual corre su suerte. El mínimo común con el Santander reside en los precios de saldo y la pose sumisa. Es verdad que Miraflores quiere pagar, como mucho, entre los 1.200 millones y los 1.900 millones de dólares, muy lejos de los 1.800 que podía estar dispuesto a pagar Víctor Vargas (al menos cuando pensaba que iba a ser el ulterior caballero blanco de los intereses de Chávez) y también del consenso de los analistas, un amplio abanico que va de los 1.800 a los 2.500 millones de dólares. Y que la rentabilidad es altísima para una filial que representa alrededor de un 2% de los beneficios totales del grupo, pero ahora que pintan bastos, cuando Emilio Botín acabe de hacer las maletas en Venezuela habrá amortizado la inversión que hizo hace una década (unos 670 millones de dólares en dos compras en 1997 y en 2000) y conseguirá – con cualquier precio superior a 800 millones- varios cientos de dólares de prima. Y una inyección de tranquilidad. Quizá por eso, también, los vientos del viaje a Europa y los desencuentros internos en el propio Palacio de Miraflores han terminado por recogerla alfombra roja al desembarco de Víctor Vargas en el Santander. Y prefieren hacer el ‘trabajo sucio’ de primera mano.

Los medios chavistas siguen achacando a los “problemas locales europeos” del Santander una tocata y fuga que lleva, al menos, los apellidos de las ansias nacionalizadoras de Hugo Chávez. El ‘jet lag’ bolivariano puede más. Tanto como para hacerles olvidar que al primer grupo financiero de la zona euro por capitalización bursátil su elevada diversificación en términos de negocio y geográficos y su fuerte presencia en Brasil (mercado con gran potencial de crecimiento), su buen control de costes y su eficiencia le hacen menos vulnerable a la crisis. Tanto como para que traten de no recordar que la entidad que preside Emilio Botín es una de las pocas que se ha hecho fuerte en la tormenta del Viejo Continente.  El Banco de Venezuela, filial local del Santander- del que la entidad cántabra posee un 95% del capital- es hoy por hoy el tercero del país, el segundo en ganancias del sistema banca comercial y universal con una cuota de 14,4%, que tiene el 10,2%, del Total Activo entre los bancos comerciales y universales del país, que ocupa el tercer lugar en captaciones del público (11,1%) y el cuarto en cartera de créditos (11,8%); que dispone de la red de agencias más extensa, está muy saneado y aporta jugosos beneficios a la matriz.

Ahora que la Moncloa y el Palacio de Santa Cruz ya han demostrado lo lejos que van a llegar en la defensa de los intereses de las empresas españolas en Venezuela, en las filas de Emilio Botín y de Goguikian prefieren ‘mejor no meneallo’ ya mucho más y extender el puente de plata para salir de un entorno que se ha vuelto irrespirable- y del que ya contaba en salir desde hace meses- por mucho que otras grandes empresas españolas, que han invertido más de 1.700 millones de euros desde 1999,  se aferren a Venezuela, aún conscientes de que su guerra a las multinacionales es un suma y sigue para el presidente venezolano. Y es que en la burbuja ya irrespirable del entorno financiero venezolano, el palacio de Miraflores no sólo aprieta el puño con la amenaza de las estatalizaciones:  la banca privada, que ya sufre desde junio los golpes de la obligatoriedad de bonos y se ve abocada a venderlos a precios en caída libre, encara ahora la nueva Ley bancaria, el arma legal con la que Chávez promete perpetrar el secuestro definitivo de las entidades financieras privadas en un laberinto en el que cada vez tienen menos espacio para oxigenarse. Y se enfrenta a un “saneamiento” del sector bancario que Chávez cocina ya y promete servir a la mesa con tiempo para que lo digieran las entidades financieras y sus electores antes de noviembre.

LA MALDICIÓN SE QUEDA CON CHÁVEZ

Si como descuenta Inverseguros, Botín consigue recoger 1.500 millones de euros de manos del gobierno por su filial venezolana, FG puede terminar atrapado en el laberinto chavista, envidiándole la suerte a la tocata y fuga del Banco Santander, por muy apresurada y barata que sea. Y, en manos del Palacio de Miraflores, la ‘maldición de Botín’, la condena a reproducir en las carnes del tercer banco del país por activos y reservas y uno de los más rentables del continente los naufragios que ya Chávez capitanea en el Banco Industrial, Banco del Tesoro, Banco Agrícola y Banfoandes, que pasaron antes por el aro de la nacionalización. Y es que, cuando llegue a materializarse la negociación con el Banco de Venezuela, el Estado se convertiría en el principal agente bancario de la nación: poseerá el 16,44% del total de créditos de la banca y el 24,38% de los depósitos, el 17% de las oficinas y el 21% de los empleados del sector, a lo que hay que sumar la discrecionalidad sobre el manejo de los fondos públicos y de Pdvsa. Ello significa que quedaría por encima del actual líder bancario nacional, Banesco, que controla el 15,26% y 14,14% en ambos segmentos.

Ni el ministro Ali Rodríguez, ni mucho menos la Superintendencia de Bancos (Sudaban) quieren arriesgarse a que la salida del Santander y su posible heredero desequilibren aún más un sistema ya tocado. Pero los casos del Banco Industrial de Venezuela, del Banfoandes o del Banco del Tesoro son reveladores y los cientos de millones de bolívares, fuertes o débiles, inyectados por el poder para desactivar posibles quiebras sólo refuerzan el argumento del presidente del Banco Venezolano de Crédito (BVC), Oscar García Mendoza, que anticipa que la privatización destruirá el Banco de Venezuela, o al menos todas las fortalezas de su gestión bajo el mando del Banco Santander.  No sería la primera vez. Basta recordar que los los jubilados del Seguro Social, cuando les dicen que cambiarán los pagos de la banca del sector privado al Banco Industrial de Venezuela, comienzan a hacer manifestaciones públicas y a emitir comunicados”. En este momento la principal institución financiera del Estado es el Banco Industrial de Venezuela, organización que no escapa al patrón de pérdidas y baja eficiencia. Datos de Softline Consultores, en los últimos catorce semestres el Banco Industrial registra resultados negativos en cinco de ellos. La pérdida de estos cinco semestres representa 161,2 millones de bolívares fuertes. Y la entidad incurre en los gastos más elevados del sistema. Al cierre del primer semestre, de acuerdo con las cifras de la Superintendencia de Bancos, los costos de personal y operativos equivalen a 64,80% de los ingresos que reporta el portafolio de créditos y las inversiones en bonos, mientras que el promedio del resto de los bancos es de 37,15%.

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