edición: 2808 , Viernes, 20 septiembre 2019
23/10/2009

Iberdrola se hace sitio en la nuclear británica a contrapié de la estatal francesa EDF

A punto de consumar su acceso a emplazamientos nucleares, la española cuenta con el visto bueno de Brown, la alianza con SSE y GDF y el calendario de incentivos a su favor
EDF ya ha comenzado a soltar lastres ante la imposibilidad de la digestión de los 15.700 millones de BE
EDF topa con el repudio de Galán por partida triple: busca compradores para su red eléctrica, más enclaves nucleares y el 20% de British Energy
Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola
Javier Aldecoa

Se midieron las distancias en British Energy. Juegan al póker nuclear, cada uno desde una orilla: EDF desde las heridas de una deuda de 37.000 millones de euros, la recesión en el mercado galo y la avidez de sus desembarcos internacionales pendientes. Iberdrola está a punto de cerrar la adquisición del emplazamiento de Sellafield, será el primer capítulo de un desembarco nuclear que ha hecho a pesar de Gadonneix, con la estrategia  asimétrica de la de EDF y en alianza con GDF Suez y Scottish and Southern Energy (SSE). Sánchez Galán juega sin ‘faroles’. Se mira en el espejo de las zozobras de EDF: hasta el recién llegado Proglio reconoce que a Electricité de France se le atraganta la digestión de su ‘órdago’ nuclear británico, intenta colocar las ‘picas’ de su liquidez en mesas ajenas. Aunque hace menos de un mes que consumó con Centrica la venta de un 20% de British Energy, a la eléctrica gala le falta ‘liquidez atómica’ para consumar la integración de British Energy y sus 15.700 millones de euros, amortizar los costes crecientes de las ocho viejas centrales y compensar el precio desbordado de sus reactores EPR: no hay quien compre su red eléctrica británica -sólo 3i se ha asomado- y ha pagado caras las urgencias de los sitios nucleares de Bradwell que compraron a la Autoridad Nuclear por más de 400 millones de libras. La gala intenta  que Sánchez Galán y sus socios ‘enviden’, pero encaja el repudio a sus urgencias. Iberdrola no quiere ya ninguna participación en BE, nada de activos británicos de EDF, que no tiene quién le ponga apellidos a sus reactores de Hinkley Point en Somerset  y Sizewell en  Suffolk. Tienen 4.000 millones para invertir; la gala 5.000 millones de deuda que debe cubrir antes de 2010.Y Centrica tiene suficiente con su parte de British Energy: ni la insistencia de Gadonneix, ni ahora la de Proglio la invitan a más.

Para Iberdrola, la llave al paquete de inversión nuclear diseñado por el Gobierno británico será sólo el principio de una partida que la española espera concluir en los muros de una nueva planta atómica. Una carrera en la que ya hace meses que EDF y el consorcio alemán formado por RWE y E.ON tienen sitio. El cronómetro aprieta, Londres quiere que las nuevas centrales estén operativas en 2017 para que el parque nuclear de Reino Unido siga aportando alrededor del 20% de la electricidad  y exige que los llamados al nuevo despegue atómico comiencen sus proyectos en un año. Desde el burladero de la calma, si cuenta con Sellafield la coalición - Iberdrola (40%), Suez (40%) y Scottish & Southern (20%)- se puede permitir esperar la subida de las tarifas eléctricas para subsidios del sector nuclear que Downing Street prepara ya, para paliar el déficit energético a medida que se cierren las viejas centrales. Cuentan con las promesas de la Oficina de Desarrollo Nuclear a las compañías de electricidad de que, si en la reunión de diciembre sobre el cambio climático no se llega a un acuerdo que incremente de modo significativo el precio del carbono, el Gobierno británico actuará por su cuenta a comienzos del próximo año. Un horizonte que ha contribuido aún más a paralizar los sables de EDF y E.ON -y los 20.000 millones de libras de inversiones globales en el plan nuclear- y a aminorar la ventaja de sus avanzadillas temporales.

Iberdrola se guarda el ‘Plan C’, sea cual sea el desenlace de Sellafield, podría pujar por otras localizaciones que prevén poner en venta la NDA, EDF y RWE, aunque sea una opción menos interesante. En 2011 incluso podrían aparecer otras oportunidades de compra de terrenos, a precios mucho más cercanos al de salida, con menos competencia -no se espera que EDF y RWE-E.ON compitan muy duro por más terrenos- quizá con la sueca Vattenfall como principal enemigo. El coste de esa estrategia para Iberdrola es que su parque nuclear funcionará más tarde que el de sus rivales, que contarán antes con la electricidad de los nuevos reactores para complementar su oferta. Pero en los diez años que cuesta construir una central atómica, Iberdrola espera enjugar parte de esa desventaja: hoy el coste supera los 3.000 millones de euros por cada reactor. La española, a la luz de la flexibilidad de la gestión de sus inversiones durante 2009, sólo tendrá que ajustar las inversiones al cash flow generado. Tiene en marcha un plan de reestructuración de deuda, para el que se seguirá recurriendo al mercado y para 2010 se realizarán emisiones en torno a 3.000 millones de euros, en función de la reducción de la deuda bancaria.

LA MESURA POR ESTRATEGIA

Rindió ante Pierre Gadonneix las lanzas de los precios en la carrera por British Energy en 2008, pero Ignacio Sánchez Galán prometió no irse de los planes de Downing Street y el presidente de Iberdrola sigue dispuesto a demostrar que todos los atajos conducen a las nucleares británicas, sin pasar por el peaje de los 15.750 millones de euros que Electricité de France pagó en su momento por el acceso a BE y el 6% que vio esfumarse al revender el 20% en junio a Centrica. Iberdrola, en mayo, dejaba pasar la primera oportunidad para entrar en la carrera nuclear británica. El consorcio formado por la eléctrica española, el grupo francés Suez y la empresa escocesa Scottish & Southern Energy abandonó entonces la puja abierta por el Gobierno de Brown para ceder tres emplazamientos nucleares. La española no quería pagar más de 200 millones de libras por el terreno que más le interesaba (en Essex, al Este de Inglaterra), pero no renuncia al sitio en el proceso por el que Reino Unido quiere renovar todo su parque nuclear. Revalida su interés el redoble de su apuesta -junto con SSE y GDF- por Sellafield, la plaza histórica de una de las primeras centrales nucleares del mundo, que empezó a generar electricidad en 1956. El ‘peaje’ de 200 millones de libras -lo mismo que la gala pretendía por su puja- les dará acceso a los ganadores a no de los mejores emplazamientos, hoy dedicado a almacenar residuos nucleares, que ya dispone de de la infraestructura necesaria para un nuevo reactor, podrá contratar personal especializado en la zona, y no afrontará una gran oposición social a su proyecto, ya que gran parte del empleo depende de la actividad nuclear.

En Gran Bretaña, Iberdrola con GDF-Suez y SSE se colocan ya en la salida para compartir los sitios nucleares de la Autoridad Atómica y las concesiones a las que está obligada British Energy -si le hicieran falta a medio plazo- y estarán a mano si EDF tiene problemas o da marcha atrás. Las prisas de GDF-Suez por estrenarse al otro lado del Canal de la Mancha (ahora que Sarkozy y EDF le han hecho sitio en un EPR galo), las urgencias de EDF y los recelos de Centrica a su desembarco en BE le despejan a Sánchez Galán las dimensiones de su alianza tripartita nuclear a la mesa de Gordon Brown. EDF tiende, entre tanto, la mano atómica a los socios ibéricos: ya ha dejado claro que le gustaría reeditar en España una resurrección nuclear como la que cocina con Enel, pero no será por ahora. No, al menos, hasta que la alianza se pueda digerir a domicilio, en el mercado español. En tierras de la Pérfida Albión, no se resiste a encajar el repudio de Iberdrola. Necesita desprenderse rápido y caro de sus emplazamientos de Heysham y Dungeness; enseña de nuevo otro 20% de British Energy y se impacienta en el escaparate en el que hace tres meses que se seca su red de distribución eléctrica británica.

Se lo recordaba Sánchez Galán a domicilio al primer ministro británico, Gordon Brown. Nada que no le haya explicado a EDF cada vez que le ‘hace ojitos’con emplazamientos nucleares o desinversiones británicas a la mano. Iberdrola se ha convertido en la mayor empresa de energías renovables de Reino Unido y la tercera distribuidora de electricidad a través de su filial ScottishPower. Ha incrementado su potencia instalada a lo largo del primer trimestre de 2009 un 4,3%, hasta alcanzar los 6.740 MW, gracias a la puesta en marcha de 276 MW renovables. Y no esconde la búsqueda de nuevas fuentes de generación con las que asegurar y acrecentar el suministro a sus 9 millones de clientes y un ambicioso plan de inversiones de más de 6.500 millones de libras en los próximos cinco años. Iberdrola, con la experiencia en el diseño de Westinghouse AP1000 en el Reino Unido, no oculta sus planes de contar con producción eléctrica de origen nuclear para complementar el parque actual,  basado en plantas térmicas de carbón y gas y en instalaciones de energía renovable, de su filial británica Scottish Power, que supone ya un 27% del Ebidta de Iberdrola, sólo un 3% menos que España; ha generado en el país 7.981 millones de kWh durante el primer trimestre en Reino Unido (+10,1%) y espera consolidar su apuesta energética este año en tierras de Brown, pero con la vista puesta en un mix energético que no requiere nuevas redes.

EMPACHO BRITÁNICO

Desde su llegada a EDF en octubre de 2004, Pierre Gadoneix hizo de la conquista británica “costara lo que costara” la bandera de su chauvinismo. La aventura de sus 2 reactores EPR en marcha en Francia y los 10 en proyecto, el viaje nuclear que se ha empeñado en encabezar en Gran Bretaña, la digestión de British Energy y de Constellation en EE UU le pesan aún a Electricité de France: es la eléctrica europea  a la que los analistas le han recortado más las previsiones en el último año -a pesar de que la compañía adquirió a finales de 2008 British Energy, con lo que se convirtió en el mayor generador de energía del Reino Unido y le situó en una posición privilegiada para llevar a cabo el proceso de renovación de las centrales nucleares del país- y la que arrastra una deuda más pesada: 37.000 millones de euros, un montante superior a los 23.100 millones de sus fondos propios.

Aún no hay quien compre la red eléctrica británica de Electricité de France -sólo 3i y SSE se asoman de lejos- y ya ha pagado caras las urgencias de los sitios nucleares de Bradwell que compró este año a la Autoridad Nuclear NDA por más de 400 millones de libras. Ya ha pasado más de un año desde su desembarco en British Energy y a Electricité de France no le salen sus ecuaciones en la Pérfida Albión. Hasta ahora la consumación  de su matrimonio con BE no le ha traído más que líneas rojas y competidores. Las tierras del Thamesis se han convertido en decisivas para EDF y sus mercados, tanto como BE para los planes del Gobierno de Gordon Brown de relanzamiento de la producción nuclear. Pero EDF se lanzaba a la piscina de las nucleares británicas con el lastre de 15.750 millones al cuello, de amortizar los costes crecientes de las ocho viejas centrales de British Energy y de compensar el precio desbordado de sus reactores EPR. Y ahora que Pierre Gadonneix acaba de encarar su jubilación en la presidencia de la energética gala, le ha dejado a Henry Proglio el encargo de Sarkozy de aliviar 5.000 millones de euros de deuda antes de 2011, ha comenzado a estrechar su perímetro británico: un canje de activos o la venta de parte de British Energy sintonizan con su único horizonte de reducir sus 37.000 millones de deudas. Pero en cada amago de EDF, desvela las cartas de sus propias zozobras.

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