edición: 3053 , Jueves, 24 septiembre 2020
30/06/2020

Iberia ¡mayday, mayday!

De rodillas y exhibiendo sus mejores dotes teatrales los directivos de la compañía aérea, otrora de bandera española y hoy británica de adopción, se han personado en los Nuevos Ministerios de Madrid para rogarle al ministro Ábalos en Fomento, encargado del ramo, una ayuda por caridad, para sobrevivir y para evitar el mal agravio que supondría que el Gobierno español, aquel padre de la criatura que fue en su día, quedase en evidencia ante el británico por ausencia de dote. Iberia necesita dinero porque sus generadores de ingresos están en tierra, con las alas en posición de descanso.

Pero se sabe que en el fondo la compañía aérea está poniendo en marcha, en silencio, a la sombra de la pandemia, una reestructuración hace tiempo planificada, antes del virus, antes de los problemas porque los problemas antes eran otros: de capacidad, de rutas, de costes... Así que, aprovechando el cauce del socorrido Pisuerga han sugerido desde Londres que se aproveche la ocasión y apriete al Gobierno local, al del hub de Madrid, para que acuda en ayuda de la aerolínea habida cuenta del desastre del mercado, hoy sin viajeros ni rutas que operar, sin caja ni esperanzas de remedios urgentes.

La compañía aérea ya había obtenido un préstamo de 748 millones de euros a devolver en cómodos plazos y un plazo de cinco años. Y parece ser que no ha sido suficiente, sólo para tapar algún desaguisado financiero (abaratar deuda costosa) y poco más, es decir, los millones han volado, levantado el vuelo, se han volatilizado. Y ahora hace falta más dinero, a ser posible público porque así lo demanda el guion de los dueños británicos. Los ingleses están convencidos de la incapacidad de los gestores políticos españoles, de la facilidad de impresión de algunos de sus ministros, del miedo que muestran ante el riesgo de que les apunten y carguen con una quiebra. Por eso hay que aprovechar la coyuntura pandémica.

Y así vive en el aire el futuro de la compañía hoy en tierra, con el jefe desde la casa matriz en Londres apretando las clavijas a un Luis Gallego que hoy preside Iberia, acongojado ante la inminencia de caída de la compañía. Para Gallego es un sinvivir la situación de Iberia y sus ayudas porque se sabe débil, con un ERTE que le soluciona la vida hasta septiembre y que ahora pide, por caridad, ampliar a 31 de diciembre. Pendiente sigue la compra de Air Europa mientras mira atento los movimientos de alemanes y franceses, auténticos patriotas que se desviven por sus empresas de bandera, por Lufthansa y Air France, echándoles un cable, miles de millones para el rescate. Así no es posible que Iberia levante el vuelo, salvo que el Gobierno se ablande, pique, se apiade y consienta. Demasiados millones los necesarios para que Iberia levante el vuelo, aunque los ruegos, a veces, producen milagros.

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