edición: 2327 , Viernes, 20 octubre 2017
12/02/2010
Desarrollo Sostenible

Impulsar la economía desde su base, la clave de la supervivencia en el mundo globalizado

Los países en desarrollo hallan una oportunidad para sobrevivir en la revitalización de sus cimientos económicos
Beatriz Lorenzo

La globalización es un hecho cada vez más tangible, y sus consecuencias afectan con fuerza al planeta, trastocando las viejas estructuras económicas, sociales e incluso culturales.  Las nuevas tecnologías, la velocidad de las comunicaciones , el desarrollo de los sistemas de transporte afectan a las interacciones entre cada uno de los Estados que componen el mapamundi y el resto de la sociedad global, dotándolas de una complejidad que hace unas décadas estaban muy lejos de poseer. Cada vez más, cunde la idea, proclamada por el economista Friedman en su libro “La Tierra es plana”, de que el mundo se empequeñece y se aplana conforme el acceso intercontinental e interestatal se hace más rápido y fácil. Este fenómeno es particularmente complejo a la hora de identificar el tipo de políticas que los países -particularmente aquellos en vías de desarrollo- deben adoptar para incorporar los elementos positivos de la globalización y manejar los negativos, a fin de crear un ambiente apto para el desarrollo de las empresas, y por consiguiente el crecimiento del país.

La introspección se plantea como el método óptimo para que, a través de un ejercicio de “mirar hacia uno mismo” cargado de realismo y sentido crítico, se llegue a una conclusión veraz acerca de los defectos y ventajas comparativas de una economía respecto al resto del orbe. La diferenciación entre la “Reforma al por mayor” y la “Reforma al por menor” es la clave desgranada por Friedman, y presente hoy en día en muchas iniciativas a nivel mundial, para analizar el fenómeno.

La primera de ellas ha servido de aval para la reforma macroeconómica acometida por un considerable número de países tras la caída del muro de Berlín, provocando el “achicamiento” del mundo, de sus fronteras. Cabe citar en este sentido los sistemas políticos autoritarios que consiguieron liberar-desde arriba, desde la cúspide-las fuerzas del mercado, concentrándose en estrategias orientadas a las exportaciones y al libre mercado, a través de una privatización de empresas publicas, una liberalización de los mercados financieros, además de ajustes monetarios, facilidades para la inversión extranjera directa, reducción de subsidios y aranceles proteccionistas, etc.  Un sistema entre cuyas ventajas se cuenta su evidente capacidad para sacar a las naciones de la pobreza y el atraso, lográndose el incentivo y la flexibilidad necesarios para que el sector privado pueda lograr productos y empleos.

Sin embargo, este método no está exento de peligros, tal y como se manifestó en el momento en que China, el exportador de menudeo por excelencia, alcanzó la fuerza necesaria para competir en cualquier ámbito y contra cualquier país; o India, el exportador de cerebros por antonomasia, se erigiese como el número uno de la subcontratación en cualquier parte del mundo, atentando contra la integridad económica de aquellos Estados que destacaban anteriormente en estos aspectos.

LA REFORMA AL POR MENOR

Así pues, llega un momento en que la “reforma al por mayor” deja de ser infalible, y ha de acudirse a la “reforma al por menor”, consistente en fijarse en cuatro puntos trascendentes de la sociedad: infraestructura, organismos reguladores, enseñanza y cultura, con el objeto base de capacitar al mayor número posible de habitantes, disponer del mejor marco legal e institucional para innovar, montar empresas y convertirse en socios atractivos para los que deseen colaborar con ellos desde cualquier parte del mundo, es decir crear el ambiente más óptimo para la creación de empresas. La conclusión ante la necesidad de esta segunda reforma, es que los países no sólo crecen con políticas fiscales y monetarias implantadas desde el gobierno, sino que resulta imprescindible dar facilidades para que el mayor número de habitantes monte empresas y gane en competitividad frente a otros mercados. La clave está, pues, en revitalizar la economía desde  abajo, desde “dentro”, apuntando a su base y constituyendo así unos cimientos firmes que sirvan de soporte para la construcción- o en muchos casos reconstrucción-económica del país.

Echando una ojeada al actual escenario global, es posible distinguir algún que otro tímido brote de la “reforma al por menor”. En unos tiempos en que la sociedad permanece alerta, recelosa ante una estructura económica que ha visto derrumbarse cual castillo de naipes por efecto de la crisis económica, la asunción de unos valores firmes y la vuelta al desarrollo sostenible se configuran como los nuevos protagonistas del modelo económico que viene, y muchas de las manifestaciones de la “reforma al por menor” van en este sentido, como el programa “Dinámicas Territoriales Rurales”, avalado por el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo que tendrá lugar en abril de este año en Nueva Delhi con el objetivo enfrentarse a desafíos como la brecha de desarrollo humano; la brecha urbano-rural; el conflicto entre producción y medioambiente; y los desequilibrios regionales al interior de los países, todo ello desde una perspectiva “interna” y abogando por  “remover” la economía autóctona, impulsándola. Acciones como ésta, contrastan fuertemente con aquellas de índole macroeconómica que suelen ser mucho más habituales, como los préstamos ofrecidos no hace demasiado tiempo por el Banco Mundial a Hungría para revitalizar su maltrecha economía y que al fin y al cabo no deja de ser una tirita sobre la herida sin curar, una acción externa que no pulsa las teclas necesarias para que la revitalización económica fluya y se mantenga.

La necesidad de llevar a cabo la “reforma al por menor” es una de las consecuencias de la cara más oscura de la globalización, un fenómeno que se presentó en sus inicios como una teoría sustentada en la libertad de capital y que provocó-tal y como lo había hecho en su día la expansión del capitalismo- fuertes polarizaciones de la riqueza y élites de poder, un panorama que se presentó como crítico para los países del Tercer Mundo, la mayoría de los cuales, en lugar de responder al desarrollo, han aumentado la miseria de sus poblaciones. La globalización ha dado pie, sin duda, a una situación cuanto menos delicada, que requiere ahora mismo, con el mundo todavía convaleciente tras el huracán financiero-de acciones concretas a pequeña escala o “al por menor”. Una buena forma de llevar esto a cabo es prestando mayor atención a las pequeñas empresas, ya que son ellas las que crean más empleo y permiten la viabilidad económica.

La complejidad de este fenómeno radica en que a pesar de que el nuevo mundo globalizado más plano y más achicado disuelve las fronteras nacionales y elimina las desigualdades de acceso, la realidad se compone de muchos más matices que no se deben soslayar, llegándose incluso hasta el punto de que en algunas comunidades-  como el continente africano , que el autor dibuja como el barrio oscuro y peligroso de la gran barriada mundial- sufren, mientras el resto del mundo se globaliza, más fisuras en su cohesión social entre segmentos, y unas posibilidades reales mínimas de acceder a los beneficios del mundo globalizado.

EL PODER DE LA GLOBALIZACIÓN

Matices como éste explican el motivo por el cual algunos Estados son capaces de acometer reformas desde abajo y otros no. Esto depende, basándose en ideas del economista David Langes, del bagaje cultural del país, de  lo interiorizados que estén en un país los valores del trabajo duro, el ahorro, la honestidad, la paciencia y la tenacidad, etc. Bajo esto subyace la idea de elevar la importancia de la cultura como determinante del desarrollo frente a los argumentos que culpan al colonialismo occidental.

Existe una importante relación entre nivel de desarrollo de una economía en particular y el gran número de trámites necesarios para montar una empresa, siendo que en los países donde es más rápida su creación , como Australia-donde hace falta sólo dos días- es dónde mejor se está llevando a cabo la reforma al por menor y por ende, más crecimiento se está obteniendo. A esta misma conclusión llegó en su día la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial, que describe los cinco importantes puntos que serán la base de la reforma al por menor: simplificar y liberalizar donde sea posible, mejorar los derechos de la propiedad, difundir el uso de internet para cumplir con la regulación y obtener trámites más transparentes, reducir la implicación de los juzgados en asuntos de negocios y hacer de la reforma un proceso continuo.

Además de estos puntos, no ha de obviarse la necesidad de dar a la población mayor educación e invertir en infraestructura logística (carreteras, puertos, telecomunicaciones y aeropuertos). Una vez que se cumplan al detalle estos puntos, el país será más competitivo y tendrá beneficios adicionales con respecto a otros países tanto para la inversión de extranjeros como para los productos exportables de las empresas locales. De entre las medidas citadas por la CFI merece una mención la que aboga por el uso de Internet como cauce y canal de eficiencia y transparencia. La multitud de trámites que hoy en día se realizan online, ahorrando costes en transporte y ahorrando tiempo, es una de las ventajas del mundo globalizado.

En este sentido, se perfila también la importancia de la tolerancia y la confianza para demostrar que mientras más abierta es una cultura, más prosperidad hay. En palabras de Friedman “la tolerancia genera confianza y la confianza es el cimiento de la innovación y el espíritu emprendedor”.  La confianza es uno de los conceptos claves del nuevo modelo productivo caracterizado por la búsqueda del desarrollo sostenible, la promoción de la Responsabilidad Social  y la transparencia en la información y las comunicaciones. La confianza es, también, la desafortunada protagonista de una crisis que, además de ser económica, lo es también de confianza: la de los clientes hacia las compañías, la de una sociedad hastiada hacia las instituciones políticas  y gubernamentales en general.

La pérdida de confianza en el funcionamiento del mercado es, también, una de las causas de la inefectividad de los paquetes de reactivación económica llevados a cabo por los Gobiernos, tanto en las economías desarrolladas como en las emergentes que pueden permitírselo. Así, en el caso de Estados Unidos, el presidente Obama lanzó a finales del pasado año un paquete de reactivación de aproximadamente 800,000 millones de dólares en gasto público, mientras la FED anunciaba la compra de 300.000 millones de dólares en títulos del Tesoro. En ambos casos, los mercados apenas reaccionaron. Una vez más, la crisis de confianza hacía las veces de lastre, dando lugar a una desafortunada situación que, a través de la creación de un nuevo modelo productivo más sostenible, pretende no volver a producirse.

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