edición: 3056 , Martes, 29 septiembre 2020
14/02/2017

¡Supervisor imputado!

Malas sensaciones cuando la Justicia no actúa. Extraña impresión cuando actúa tarde. La percepción sobre la decisión de la Audiencia Nacional de imputar a los supervisores para depurar las responsabilidades en la salida a Bolsa de Bankia, tiene la virtud de unificar ambas sensaciones e impresiones en una sola emoción: la decepción.

Porque quizá, no se sabe si protegidos hasta ahora por una malentendida tolerancia excesiva, los jueces se han resistido como gato panza arriba -amparados en una dudosa ausencia de pruebas y hechos fehacientes- a sentar a los supervisores de los mercados financieros en el banquillo. No se recuerdan precedentes institucionales de tal calibre en la historia reciente de la democracia. Pero lo cierto es que ocho altos cargos del Banco de España y de la CNMV, con sus entonces máximos responsables al frente, van a tener que dar explicaciones sobre los criterios que les asistieron para tomar decisiones que causaron graves perjuicios económicos a miles de inversores y ahorradores.

Banqueros en el banquillo, administradores desleales, ejecutivos financieros infieles y todos con indicios y pruebas para ser imputados, eran (y son) hasta la fecha, el antecedente más conocido que sus señorías los jueces han citado a declarar. Ahora es diferente: son el exgobernador del Banco de España, el expresidente de la CNMV y su segundo, y cinco directores más los encausados por tan siniestro episodio financiero nacional.

Son ya la prueba fehaciente del fallo de los sistemas de control, del error o cadena de errores, de la supervisión. Incluso puede quedar al descubierto algún defecto o desacierto en la aplicación de criterios erróneos. Aunque habrá que tomar en consideración no sólo la marra actuación de los supervisores, sino también la falta de premura -incluso con alguna dosis de displicencia- mostrada por los jueces que en su largo sueño han dejado pasar nada menos que cerca de seis años desde aquel infausto evento del 20 de julio de 2011, cuando un Rato emocionado agitaba el badajo de la campana con el que culminaba su fechoría, la salida a Bolsa de Bankia.  

El valor del precedente, la imputación a los supervisores es, en último extremo, la compensación que, a modo de consuelo, viene a acompañar en tan holgado lapso de tiempo que han necesitado los jueces de la Audiencia Nacional, para estimar que la salida a Bolsa de Bankia -de la que ya contaban con varias docenas de legajos de pruebas- bien se merece una investigación, y ante la que tan sólo cabe opinar que más vale tarde que nunca.

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