edición: 2349 , Miércoles, 22 noviembre 2017
16/10/2015
Más volatilidad y riesgos

La incertidumbre política frena inversiones y amenaza la recuperación

Los bancos aumentan coberturas de riesgos y los analistas hablan de recesión por la caída del comercio mundial y España en elecciones
Juan José González
La proliferación en los últimos días de informes sobre el estado de la economía así como de la salud de los mercados de inversión, evidencia un elevado nivel de incertidumbre, fruto del desconcierto de los inversores y reflejo en ambos casos de un miedo razonable. Según los analistas del banco británico HSBC, la caída del comercio mundial, en tasa interanual, ya estaría enviando la primera señal de que la recesión está a la vuelta de la esquina. Otros analistas de bancos de inversión -que ven próxima la esquina- fijan su objetivo en algunos de los indicadores del nivel de coberturas en los mercados de opciones, amén de los expertos que avisan de la creciente volatilidad y aumento de los riesgos que perciben los inversores. El contagio provoca el aplazamiento de inversiones en España.
Se podría afirmar, con un pequeño margen de error, que todos comparten el mismo objetivo, como es el de calentar los mercados, echando leña al fuego de una fase corta de caída de los mercados para posicionarse, esperar el rebote y hacer caja en la recuperación. El mercado local español no se libra de este escenario, le afecta y mucho. En clave local, la economía española sigue dando muestras de recuperación, con la excepción del `sube y baja´ del desempleo. Pero sucede que en esta fase final del ejercicio económico, cuando las empresas comienzan a publicar los resultados del tercer trimestre, el ambiente político inunda la actividad económica. Esta coincidencia puede resultar letal para la recuperación si el resultado de las elecciones daña la estabilidad política.

En esta ocasión, las elecciones del 20D son un elemento más de incertidumbre que inquita más, si cabe, a la clase política pero sobre todo a la empresarial puesto que, en función de los resultados, estarían en juego el bipartidismo clásico así como numerosas leyes esenciales en el funcionamiento de la economía de mercado y, por supuesto, sin contar con la reforma constitucional. En resumen, se puede afirmar que la incertidumbre estaría justificada sobre la base de que el sistema democrático -y sus cambios- provocaría graves problemas económicos.

Esa sensación de incertidumbre sobre el día después de las urnas está haciendo mella en las decisiones de los inversores, quizá el pilar más sensible para la consolidación de la recuperación y, por tanto, del empleo. Bancos de inversión y otros agentes económicos vienen observando en los últimos meses con notable preocupación el incierto futuro político. La reciente rebaja en la calificación de la deuda de Cataluña -de basura a basura negativa- no responde sólo a un asunto político de consumo interno catalán, si no que tiene en cuenta la repercusión en la economía del conjunto del país.

El freno de algunos proyectos empresariales, animados por el cambio de tendencia de la economía del país, es una señal de que los inversores que siguen de cerca -muy de cerca- la economía española, ven con preocupación que el futuro Ejecutivo deberá gobernar con acuerdos de legislatura o, en todo caso, puntuales para sacar adelante su programa y también para mantener las reformas. Incertidumbres que en todo caso no quedarán despejadas hasta que se conozca la formación del nuevo Gobierno y la orientación de su política económica.

Por si no fuera suficiente, al escenario político local se suman algunos focos de tensión internacional -políticos y económicos- que sirven para espesar aún más el pesado ambiente económico. China, Brasil, el BCE y la FED son ahora los cuatro ejes sobre los que se mueven, condicionados, los mercados mundiales. Siguiendo la argumentación del Gobierno español en boca del ministro Luis de Guindos, la economía nacional estaría actualmente en condiciones de recibir un mayor flujo de inversiones, consecuencia de las previsiones de crecimiento para el presente y el próximo ejercicio, a pesar de las dudas puntuales de Bruselas sobre el presupuesto electoral del Gobierno.

Esa posición competitiva frente al resto de economías de la Unión Europea -PIB y prima de riesgo-, debería ser suficiente para dar confianza a los inversores internacionales y locales. Aunque ahora el Gobierno y su ministro de Economía, hayan elegido el camino erróneo de explicar la recuperación sólo a base de ofrecer cifras, dejando las valoraciones en boca de otros y provocando el desconcierto de los inversores y la inquietud de los mercados que ahora sólo esperan a que pase el 20D.

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