edición: 28267 , Jueves, 17 octubre 2019
30/07/2010
La adquisición de 350 oficinas en Alemania “no nos sacará de pobres”

Incredulidad en la banca por el interés de Sáenz en la reforma de las cajas

Olvídense, no habrá ampliaciones de capital en Santander
Alfredo Sáenz, consejero delegado de Banco Santander
Juan José González

Cuesta trabajo imaginar a un banco de 170.200 empleados, 90 millones de clientes, 1,36 billones de balance, tres millones de accionistas y 13.671 oficinas repartidas entre Europa y América, el mayor grupo financiero internacional, el décimo banco del mundo, ponerse a arañar cuota de mercado en el deteriorado mundo de las cajas de ahorros en reestructuración, y mucho menos crecer a base de entrar en su capital. La ocurrencia de Alfredo Sáenz, consejero delegado de Santander, tiene todo el aspecto de ser una cortina de humo para distraer a algún ‘peer’ inquieto y tal vez necesitado en asuntos de tamaño. O tal vez para despachar alguna pregunta procedente del centenar de representantes de los medios de comunicación que ayer asistían a la presentación de los resultados semestrales del banco en el ‘solaruco’ de Boadilla –como si no hubiera algo más céntrico en la capital que evitara echar la mañana en el desplazamiento-.

Lo cierto es que los resultados de Santander pueden ser el espejo en el que se mire el resto de colegas del sector, los cuales, en mayor o menor medida, han asistido a un semestre de deterioro de márgenes, así como de las mayores provisiones para hacer frente a las insolvencias. El resultado se salda con un beneficio neto para los grandes grupos financieros en ese semestre un 9,48% menor, siendo la cobertura de pérdidas por la morosidad de los préstamos y el deterioro de los activos y provisiones voluntarias –unos 11.000 millones de euros- una de las causas del deterioro de las cuentas.

Comparaciones al margen, el Grupo Santander gana algo menos (1,6%), obtiene mayor margen de intereses, más comisiones y suben el margen bruto, el neto, el BAI y el consolidado. El único borrón de consideración en las cuentas del semestre es ese 9,4% de costes de explotación, que deja en posición comprometida a las famosas mandíbulas de Sáenz, “siempre deben estar abiertas”, suele repetir el ejecutivo de Santander a la mínima oportunidad que le brindan para destacar uno de los criterios consagrados en el modelo de negocio del banco.

Sáenz enseñó unos resultados que le dejan como el vencedor semestral entre las entidades financieras –seguidos de La Caixa- y presumió –porque puede- de ser un grupo diversificado por medio mundo –tan sólo el 22% del negocio del banco esta en España- lo que le ha servido para que el impacto de la crisis en sus cuentas haya sido menor que el de otros colegas, también diversificados. Aunque se sabe que las comparaciones resultan odiosas –sobre todo cuando son adversas- en el capítulo de la morosidad Santander (y también La Caixa) sacaron buena nota al conseguir ser las entidades con el menor volumen de créditos impagados, en contraste con BBVA, banco con mayor aumento de mora.

Destacar el efecto que produce el lenguaje de las cifras en boca de los ejecutivos bancarios, y así, por tan sólo 74 millones frente a los 4.445 millones de beneficio, el banco no se siente cómodo y alcanza a afirmar que no son cifras que no se deben repetir de nuevo, porque tiñen de rojo fucsia (un 1,6%) las cuentas del semestre, poniendo en un lugar inapropiado la cuenta de resultados que tras el tropezón, por llamarlo de alguna manera, resultan deslucidos.

Curiosamente, el beneficio del segundo trimestre (2.230 millones) es el más alto de los logrados en los últimos doce meses. Pero Sáenz no se conforma –no le dejarán que se conforme- y cuando tiene la oportunidad –a propósito de la adquisición de las 350 oficinas de una entidad alemana- afirma con la mayor sinceridad que “la compra de esta red, con ser importante, no nos va a sacar de pobres”, como dando a entender eso, que son pobres.

En cualquier caso, los inversores deben permanecer tranquilos porque ni para esta adquisición de la red alemana ni para la probable de la red del RBS en Reino Unido o para cualquier otra, el banco no ampliará capital, sencillamente porque está sobrado de liquidez, sobre todo ahora que, llevados del espíritu de la locomotora, Santander, esta vez siguiendo a BBVA y éste a su vez, detrás de Bankinter, han comenzado a sacar papel al mercado para financiar créditos.

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