edición: 2593 , Lunes, 12 noviembre 2018
18/04/2017
La venta online, un punto débil

Inditex, tras los pasos de una tecnológica para su adquisición

La textil se convertiría en una potencia mundial en venta online, el objetivo principal de la futura expansión 
Juan José González
Casi medio siglo de vida, primera multinacional española con 7.300 puntos de venta en 93 mercados. El ritmo es imparable y casi imposible su seguimiento por la competencia. Es un fenómeno que se estudia en las 'business schools' y ahora, hace pocos días, acaba de cumplir una meta, prevista pero no planificada, más representativa de una trayectoria que de otra cosa, como es haber superado los cien mil millones de valor en Bolsa (106.300 millones de euros). Llaman la atención su expansión y crecimiento. Pero aún más llamativo es el hecho de que el fenómeno de la empresa se haya producido en plena crisis mundial, con el consumo privado en mínimos históricos. Se puede decir que el modelo de empresa lo es en tanto que acredita varias características singulares. Es una de las pocas, por no afirmar que se trata de la única de su tamaño, que cuenta con una posición de caja neta, esto es, no conoce la deuda, y por tanto, la posición de tesorería es excedentaria, lo que facilita contar con financiación permanente y al mejor precio, es decir, se autofinancia. La escasa rentabilidad del dividendo –apenas un 2,3%- es quizá un detalle menor en la etapa de expansión de la textil, que se dispone a corregir uno de sus puntos débiles: la venta online, presente y futuro del sector. Y lo hará con recursos propios, con la adquisición de un competidor o tecnológica si fuera necesario. Que lo será.
La textil vale esta semana tanto como la suma de Santander y BBVA, el doble que Telefónica y tanto como las eléctricas cotizadas juntas. Pero paga poco, reparte escaso dividendo, sus beneficios se quedan entre sus dueños, Amancio Ortega, el accionista mayoritario, que ha optado por mantener un retorno humilde de su inversión. De lo contrario, sus cifras rebasarían con creces la lista de Forbes, en la que, según algunos de sus colaboradores, no se siente precisamente cómodo.

Y sobre rentabilidad del dividendo vienen hablando los grandes fondos de inversión, recelosos de la tacañería de la textil gallega, sospechosa de que algo extraño debe suceder en su situación patrimonial o familiar que mantiene en sus trece al consejo de administración en su encerrada posición de cicatería en el reparto de tan suculentas y extraordinarias ganancias. Y por qué se fijan tanto en el dividendo. Pues porque hace unos años, el presidente y consejero delegado, Pablo Isla dejó entrever que la compañía apoyaría el reparto creciente del dividendo, algo que fue cierto entre 2009 y 2014 (un aumento del 118%) pero que desde 2015 (0,52 euros por acción) parece haber pasado a un segundo plano.

Inditex, en opinión unánime de numerosos analistas, no necesita dinero para crecer: crece sola, con recursos propios, de la caja, no pide un euro a banco alguno. Para qué lo necesita si la caja procedente de las operaciones de explotación crece al ritmo de mil millones al año. De su balance y cuentas se sabe que los costes financieros son testimoniales, en argot financiero, "de negociación de saldos y excedentes", o sea, de lo que andan sobradas las sociedades que integran el grupo empresarial. La compañía crece al tiempo que su liquidez se hace mayor. Pero todo, o casi, tiene un límite en contabilidad, el cual, una vez superado se convierte en problema. Y problema es, con tan inmensa liquidez generada -y acumulada- cada año no invertir, dejar pasar oportunidades de crecer, perder algo de atractivo en Bolsa.

Es cierto que el dueño, Amancio Ortega y su sociedad se han mostrado muy activos en los dos últimos años en el mercado inmobiliario con la compra de varios edificios singulares y representativos en Madrid, Nueva York, Londres y Paris entre otros. Que sus compras en obras de arte y otras inversiones muestran que el empresario se mueve. Las inversiones en fábricas e infraestructuras realizadas hace tres años servirán asimismo para mantener el modelo de negocio de distribución textil en los próximos años. Pero con todo, inversiones inmobiliarias en los principales centros urbanos del mundo, y las realizadas en sus fábricas, no son suficientes para obtener respuesta sobre el destino futuro -y presente- de tanta liquidez generada.

No todo son, sin embargo, buenas noticias, expectativas favorables y continuidad en la racha de beneficios. Se mantienen las dudas sobre la pérdida de interés del valor en Bolsa, agotado a pesar del 65% de su pay out.  Ahora la batalla en ese complejo sector textil se libra en la Red, en la venta online, canal donde la sueca H&M o la norteamericana GAP, no se lo ponen fácil y obligan a la textil gallega a tomar decisiones de inversiones para el futuro. Precisamente en la dificultad por hacerse un hueco seguro en ese mercado online donde compiten los más grandes y al que en breve llegarán otros más grandes, es donde la empresa parece haber fijado su próximo objetivo de crecimiento. De ahí que la idea de adquirir un competidor (o potencial futuro competidor, como una tecnológica) está dentro del guion de la compañía gallega. Y no será por falta de dinero.

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