edición: 2512 , Miércoles, 18 julio 2018
05/11/2009
Los proyectos tendrán que esperar seis años

Industria se traga la llave de la eólica marina

Las demoras burocráticas, los recelos políticos entre CCAA y Moncloa y los retrasos del Ministerio de Industria mantienen a España fuera de los objetivos de la UE
Las empresas españolas, líderes mundiales, tienen listos proyectos por más de 6.000 MW para España y le hacen hasta los ‘deberes técnicos'
Los socialistas de Cádiz han comenzado su rebelión: no quieren que el proyecto de Cruces siga agostado por la indefinición de Industria y la herencia de Chaves
Javier Aldecoa

Esperan. Y tendrán que seguir haciéndolo en los salones de la burocracia de Industria al menos seis años más hasta tener a mano sus concesiones y poder comenzar a consumar proyectos por más de 9.000 millones de euros de inversión y 6.000 MW de generación. Ni los galones de tercera potencia eólica mundial, ni la experiencia de las empresas españolas -entre los 20 primeros proyectos mundiales del viento marino-, ni las medallas ‘verdes’ que Sebastián quiere lucir en la pechera de Obama  han podido derribar los muros de la cerrazón ibérica a la eólica marina. No todavía y no lo harán como pronto antes de 2016. Iberdrola, Acciona, Endesa, Unión Fenosa, Enerfín o CapitalEnergy aguardan con 32 iniciativas de parques eólicos marinos (17 en Andalucía, siete en Galicia, tres en Valencia, cuatro en Cataluña y uno en Murcia) a las puertas de las demoras del Ministerio de Industria, las mismas que no dieron a luz al mapa eólico y la definición de las áreas aptas hasta abril -con más de tres años de retraso-, que siguen condicionando la luz verde a los proyectos a su ‘aceptación social’, nublando los detalles de las ‘areas con condicionantes’ y obligando a las empresas a abrazar el riesgo –advierte la patronal- de subastas a la baja que dejen a medio plazo sus costes fuera de juego.

Antes de 2010 promete comenzar la carrera de las primeras granjas marinas, será con la bandera cántabra, la gaditana no quieren soltarla Sebastián se ha tragado la llave de la eólica offshore y hace de España la ‘oveja negra’ de los vientos de la Unión, de espaldas a las iniciativas de Noruega, Gran Bretaña o Alemania, a sus incentivos y concesiones estatales. El mapa de Sebastián deja fuera de juego incluso los ensayos para desarrollar la tecnología. Desde la galería de las demoras, las empresas españolas del sector piden protección a la Comisión Europea -que incluye el impulso a la eólica marina en su mix de producción renovable y descuenta que podría proveer la quinta parte de las necesidades eléctricas comunitarias en 2020- y calientan músculo allende los Pirineos. Sólo en los vagones de Brown podrán subirse para empezar a un tren que -según las previsiones de la Asociación Eólica Europea (EWEA) tendría que llegar al menos al 15% del consumo eléctrico europeo 2020 y el 17% en 2030. Será, por ahora, sin los vientos españoles.

Se traga la llave. Miguel Sebastián mira al viento y le sopla el embudo de la eólica marina, ése que hace que aún no haya un solo molino en aguas del litoral español -que estaba llamado a liderar el sector- y que proyectos equivalentes a la producción de seis centrales nucleares esperen en el congelador, bajo la llave del los trámites administrativos oficiales, un marco confortable que no acaba de llegar. La dificultad para instalar aerogeneradores en una placa continental que adquiere muy rápidamente gran profundidad no es su mayor obstáculo. El Ministerio de Industria y los ‘números dos’ del ministro han hecho ya su coreografía de la contrición, nada menos que en la Cumbre Europea de la Eólica Marina en Estocolmo y en el III Encuentro Especializado en Parques Eólicos Marinos. Sebastián jura que desde ahora en adelante la energía off-shore será una de las prioridades de su agenda ‘verde’ y acelera los pasos de la ‘penitencia administrativa’ para que la vea el sector. Ahora que se acerca a la presidencia de la UE y que EE UU sólo tiene ojos para sus vientos y mete prisa a los cronómetros que su mapa eólico paralizó, que la ausencia aún de licitaciones ralentizó y que su fiebre verde en las CCAA sigue dejando en fuera de juego. 

Ha tenido que rendirse a las ‘olas eólicas’, los nuevos cálculos de Industria descuentan que, si quiere alcanzar el 20% de la generación energética de 2020 mediante renovables fijado por la UE necesita la producción offshore, no será suficiente con los molinos de tierra para contribuir a la reducción mundial de emisiones de CO2, superar su dependencia energética, y mantener el liderazgo logrado en la industria eólica en tierra, donde las mejores plazas ya han sido ocupadas y “empiezan a escasear” ubicaciones. El 12% correspondería a la eólica y, de esta, un tercio a las instalaciones marinas, según los cálculos de la asociación EolicCat. La planificación de las eólicas marinas es un instrumento clave para maximizar sus beneficios y reducir su impacto ambiental sobre los ecosistemas. Es el propio Ministerio de Industria el que lo reconoce, pero lo hace en el mismo estribillo en el que recuerda que en España, los primeros parques eólicos marinos no llegarán como pronto antes de 2016.  No será por falta de avanzadillas y de esfuerzos de las grandes empresas españolas. Pero las prisas de Miguel Sebastián aún no tienen quien las ejecute. Las CCAA y los ayuntamientos han empezado a hacerle sitio a los proyectos que las grandes empresas han cocinado desde hace un lustro. Pero aunque llegara ahora la luz verde, tardarían aún seis años en hacerse realidad. Demasiado tarde para sostener los galones eólicos de la UE.

El primer marco regulativo no llegaba hasta el Real Decreto 1028/2007, que enumera los procedimientos que deben superar los proyectos de energía offshore, después de una década con las empresas en tierra de nadie. Tras más de un año de trámites, Industria y Medio Ambiente ultimaron en abril el Mapa Eólico Marino, que establece en qué puntos del litoral se pueden situar los molinos y en cuáles no. Pero son el secretario general del Mar del Ministerio de Medio Ambiente, Juan Carlos Martín Fragueiro, y el jefe del área de Producción de Régimen Especial del Ministerio de Industria, Santiago Caravantes los primeros en reconocer, ante las lanzas de las empresas promotoras, que será sólo el principio de un periplo de al menos ocho años para los proyectos que quieran ver la luz. El Gobierno ha recibido las propuestas de las empresas, a las que debe asignar espacios para que estudien el recurso y profundicen en el conocimiento del entorno. La asignación que se resolverá mediante una concurrencia, no se concretará hasta “dentro de unos ocho meses”, bien entrado 2010. Cada compañía tendrá entonces un plazo de dos años para estudiar a fondo las características del viento en cada zona y determinar la viabilidad de su plan. Además la oferta que deberán realizar los promotores es "a la baja", un sistema que ya ha demostrado en otros países que no funciona: el que logra la concesión pasado un tiempo, no puede ejecutar el proyecto porque los costes han subido por encima de su oferta.

Después de esta fase, las compañías dedicarán otros dos años a afrontar la decisiva evaluación ambiental del parque y otras autorizaciones administrativas, como la concesión de dominio público marítimo-terrestre. Es el horizonte de 2014. Las empresas que hayan superado toda la tramitación empezarán a construir los parques, compleja tarea a la que dedicarán otros dos años, según las estimaciones del propio Gobierno. Lo advierten Iberdrola, Acciona, Capital Energy o Bogaris: puede ser demasiado tarde para el sector, la carrera de las inversiones y el despliegue de las tecnologías asociadas. Con la vista en 2016, la prioridad de las energéticas es ahora lograr la instalación de parques experimentales en los que el sector dé sus primeros pasos reales. Pero el trámite del Estudio Estratégico del Litoral, impide que se pueda siquiera experimentar, a pesar de que el Real Decreto que lo permite se aprobó en 2007.

A Sebastián el gobernador de Maine, John Baldacci, le sacó los colores con las promesas de proyectos offshore con Iberdrola en el Estado norteamericano y, durante su periplo por tierras de Obama, le sonaron todos los cascabeles del interés de la eólica marina, que EE UU y los vecinos europeos impulsan ya. España es la tercera potencia mundial en energía eólica instalada y la primera en producción eólica per cápita. Pero al ministro le soplan últimamente de cara todos los vientos de las renovables y no es la parálisis de los 3.000 MW eólicos terrestres presentados en el registro de preasignación lo único que enfrenta al ministro con un sector que reclama la estabilidad legal necesaria para mantener una media de crecimiento de 2.000 megavatios (MW) eólicos anuales. Frente a los cerca de 17.000 megavatios (MW) eólicos terrestres que estaban instalados en España a finales de 2008, en el mundo no había más de 1.471 MW eólicos marinos. Un vacío que los promotores ven como el perfil de un potencial que, según los cálculos la firma de análisis BTM Consults superará 8.000 MW instalados en 2012 y entre 20.000 y 40.000 MW en 2020, año en el que se calcula que cerca del 50% de la eólica que se instale se hará en el mar. De hecho, la patronal europea de esta energía, la EWEA, prevé 35.000 MW marinos acumulados en 2020 sólo en Europa.

Sebastián e Industria condenan a España a ser la ‘oveja negra’ de la eólica marina: no será por las empresas. Acciona, Iberdrola y Capital tienen desde hace años en la sala de espera de Sebastián y los permisos locales y regionales seis grandes proyectos por más de 12.000 millones de inversión. Hacen músculo más allá de los Pirineos: cogen fuerza en Alemania, Dinamarca, Noruega y sobre todo el Reino Unido, donde el impulso estatal y los incentivos empresariales esperan dejar en los vientos escoceses el 60% de la eólica marina mundial. Se acogen al paraguas de la  (EWEA) y al nuevo mandato del Consejo Europeo de Ministros, que en su paquete “Energía &Clima Unión Europea” incentiva a las compañías de energías limpias, espera de ellas cerca del 35% de la electricidad europea y sitúa la producción eólica off shore como un factor clave para su cumplimiento. Con ese horizonte, a las demoras del ministro de Industria español le ha sacado los colores de la Cumbre de Barcelona a los 8.000 km de costa españoles hasta el comisario de Energía, Andris Piebalgs, que exige aprovechar los vientos de las costas europeas “para tener una solución a los retos mundiales que plantea el cambio climático” y acaba de estirar la financiación comunitaria a los proyectos ya programados hasta los 565 millones de euros.

ALEMANIA Y GRAN BRETAÑA LE ‘BAILAN’ LOS INCENTIVOS

El sector eólico mira al modelo noruego y el británico y pide incentivos para los parques marinos; los productores reclaman que se  reserven áreas marítimas donde puedan instalarse aerogeneradores y estabilidad regulatoria. Ha faltado una mayor implicación de la industria, con consultas y workshops para definir la política en este terreno, como se hace en el resto de la UE. De nada les ha servido hasta ahora la posición de liderazgo internacional en eólica terrestre de las empresas españolas -con 16.740 megavatios de potencia instalada en 2008- ni sus incursiones en la eólica marina allende los Pirineos. Son líderes en fabricación de turbinas y componentes, en promoción y explotación de parques en la avanzadilla estadounidense y los ‘epicentros’ offshore de Gran Bretaña y el Mar del Norte. Pero ni el impulso de los grupos ecologistas, ni de la Asociación Empresarial Eólica Española - la primera en apostar por la creación de una plataforma experimental en las costas españolas- ni los proyectos con definición técnica y un horizonte de más de 3.000 millones de euros de inversiones han despejado el impulso del Ministerio de Industria hasta ahora.

Sólo Iberdrola Renovables tiene ya solicitada la reserva de zonas para la realización de estudios previos a la petición de autorización de seis nuevos proyectos de energía eólica offshore en Cádiz, Castellón y Huelva por una potencia de 3.000 Mw. Lo sabe Acciona, que en 2004 se convirtió en la primera empresa española en solicitar autorización administrativa para desarrollar una instalación de este tipo en España, el proyecto Mar de Trafalgar -entre Conil y Barbate -apenas perceptible a la vista desde la playa, según las simulaciones- con una inversión a mano de unos 2.400 millones de euros. El proyecto representa 1.000 MW de potencia total - similar a la de una central nuclear para satisfacer la demanda de electricidad de 700.000 hogares- con una producción estimada de 3.000 millones de kilovatios hora, y se ubicará a una distancia de la costa gaditana de entre 10 y 18 kilómetros en su primera línea de aerogeneradores. Acciona presentó de nuevo el proyecto en 2007, al amparo de lo dispuesto en una nueva normativa. Pero hoy, con el mapa de Industria ya sobre la mesa, sigue esperando la correspondiente decisión administrativa.

Los desencuentros de las CCAA llueven sobre mojado en el silencio de Industria. En Galicia- la segunda comunidad donde más proyectos se han presentado tras los 17 de Andalucía, con siete- el Parlamento aprobó por unanimidad una proposición no de ley que rechaza estos parques y la Xunta, ya con el bipartito impugnó los plenos poderes que se otorga Madrid. Lo sabe el presidente Revilla, se aúpa en los desencuentros gaditanos y el impasse gallego: llegó tarde a la eólica terrestre y quiere ser pionera con la offshore, al menos despejar sus senderos técnicos: En las costas cántabras aún no hay parques, pero sí ha empezado la investigación y hay un aerogenerador en pruebas frente a la Virgen del Mar desarrollado por la empresa cántabra Idermar, que está ensayando su propia y pionera tecnología, con plataformas flotantes que no necesitan fijarse al fondo.

Industria se ampara en las dificultades técnicas. Es verdad que -a pesar de las ventajas del menor impacto visual y medioambiental y la velocidad y calidad del viento- el mercado offshore es distinto al terrestre y que las ventajas de los vientos ibéricos se acortan en las costas españolas, con profundidades de 60 metros a pocos kilómetros. Unas circunstancias sólo similares a algunos molinos puestos en marcha en el mar de Noruega este año. Pero las empresas tratan de despejar esos obstáculos y hacer virtud –y un nicho de negocio internacional- de estructuras de cimentación a grandes profundidades, que hagan posible ubicar aerogeneradores en alta mar. Con Acciona Energía, otra cincuentena de compañías lo hacen al amparo del proyecto Eolia que- paradojas del mapa eólico de Miguel Sebastián- está acogido al programa Cenit, del Ministerio de Ciencia e Innovación (que financia grandes proyectos de investigación industrial de carácter estratégico). 

Bélgica dispondrá de un parque eólico marino único en Europa. Thornton Bank, que tendrá 60 turbinas enclavadas a 30 kilómetros de la costa belga con una potencia instalada de 300 megavatios, dadas sus características únicas en Europa, puede ser el fin de las excusas de industria: Por primera vez en Europa cuenta con turbinas de viento de 5 megavatios cada una, alejadas 30 kilómetros de la costa y colocadas a más de 35 metros de profundidad. Incluso su empresa promotora, C-Power, cuenta con saltar al Mediterráneo después de su despliegue por la Europa nórdica. Además, Frente a las costas de Noruega se ha instalado esta semana la primera turbina eólica flotante, bautizada Hywind y fabricada por Siemens, la misma empresa con la que Magtel Renovables - promotora de ‘Las Cruces del Mar’, ya ha mantenido conversaciones para la puesta en marcha del parque en Chipiona. Hywind elimina las molestias tradicionalmente asociadas a esta forma de energía. Países como Japón ya han mostrado su interés por este tipo de tecnología. Pero no será ni por ahora ni con la alfombra roja de Miguel Sebastián.

MÚSCULO EXTERIOR

Los gigantes españoles tienen que mirar a los vecinos. No hace ni un mes que la Cumbre eólica marina en Europa le servía a Alemania, con 40 parques recién aprobados y otros 55 en proyecto, para poner de largo sus galones como segunda potencia eólica mundial. Aunque aún no produce offshore, en 2030 aportará 25.000 nuevos megavatios a su mix. En España por ahora nada y, en el mejor de los casos,  el Plan de Energías Renovables 2005-2010 prevé que se instalen sólo 1.000 MW de esta energía marina hasta 2010 y el objetivo es tener 4.000 MW instalados para 2020. Muy lejos del horizonte de la Agencia Europea del Medio Ambiente (EEA), que estima que la energía eólica marina podría generar en 2020 25.000 teravatios por hora (TWh), una cantidad siete veces mayor que las previsiones de demanda eléctrica. Y la Asociación Europea de Energía Eólica (EWEA) en 2020 prevé producir 230 GW de energía eólica, de los que 40 GW procederían de los aerogeneradores enclavados en el mar. Sólo podrá hacerlo -descuenta la patronal- si el desarrollo de la tecnología comienza de inmediato, con un  crecimiento medio anual del 28%.

Iberdrola, a través de su filial en Reino Unido, Scottish Power Renewables, tiene proyectado dos parques eólicos offshore en la ‘Pérfida Albión’ (West of Duddon Sands, con una potencia de 500 megavatios (Mw) y Shell Flats, con 35 Mw) y sostiene un acuerdo con la empresa sueca Vattenfall para realizar ofertas conjuntas de desarrollo  offshore en Reino Unido. De hecho, su consorcio es el mejor situado para adjudicarse el parque de Norfolk, en Reino Unido, llamado a convertirse en 2012 la mayor instalación marina en toda Europa, con 5.000 megavatios (MW). Escocia cuenta con el mejor recurso eólico en tierra de Europa y ahora está dando pasos para aprovechar su potencial marino, su única oportunidad de lograr los objetivos de energía renovables: un 50% en  2020). Sólo con aprovechar el 33,8% del mar del Norte se producirían 13.400 TWh al año, es decir, un 304% más de energía que la electricidad consumida anualmente en Europa. Un modelo similar al de Noruega, donde la implicación estatal y la nueva ley específica para el desarrollo de la eólica marina -con propiedad pública de los fondos marinos, promoción gubernamental de los molinos y contratos como los de la industria de hidrocarburos- la están convirtiendo en oasis europeo para los grandes del sector. 

Scottish Power se adjudicó el contrato de exclusividad para investigar la posible instalación de un parque eólico marino al oeste de Argyll y la Isla de Tiree -uno de los mejores de Escocia para instalar la energía eólica marina- en Escocia, que podría generar entre 500 y 1.800 MW y abastecer de energía a entre 270.000 y un millón de familias. Y firmó un contrato con el grupo de bebidas Diageo, que posee en Islay importantes destilerías, para llevar a cabo un proyecto de instalación de diez turbinas marinas a 40 metros bajo el agua con una capacidad de generación energética total de 10 megavatios (MW). Iberdrola Renovables participa en el desarrollo del proyecto de West of Duddon Sands, de 500 MW, también en el Reino Unido. Los molinos de Acciona hacen, entretanto músculo -en consorcio con la firma de inversión en renovables Good Energies, OceanWind (tecnólogo especialista en instalaciones eólicas en aguas profundas) -en tierras de su británica majestad, que tiene abierto el proceso de adjudicación de derechos de desarrollos eólicos marinos en nueve zonas, para instalar más de 100.000 megavatios (MW) eólicos 'offshore' hasta 2020, con una inversión global de 80.000 millones de libras (unos 86.000 millones de euros). La cerrazón española se viste de campaña estatal en la Pérfida Albión: es la mismísima Crown State la que apadrina este y entrega las concesiones que incluyen la gestión del lecho marino. El parte eólico marino de Robin Rigg, que construye E.ON, tendrá 60 aerogeneradores de 3 megavatios y será el mayor del Reino Unido. Cuando esté finalizado tendrá 1.000 megavatios, los previstos en Chipiona. Y ya hace casi un lustro que Gamesa y CAPITAL ENERGY constituyeron una alianza para desarrollar granjas offshore en todo el mundo.

LA ‘ROSA DE LOS VIENTOS’ SE PIERDE EN CÁDIZ

Los promotores eólicos se han lanzado en Cádiz con ocho de los 32 proyectos offshore que ha recibido el Ministerio en toda la península. Cuentan con una plataforma continental de suave pendiente, un régimen de vientos fuentes y uniformes y el desarrollo de una industria eólica que se ha duplicado en la provincia en el último año. Pero el sudoku del mapa andaluz les cercena aún el horizonte del litoral jandeño a Acciona, Iberdrola y Capital Energy. El nuevo mapa eólico blinda el Estrecho de Gibraltar y entrega a la niebla del desencuentro la costa en torno a Trafalgar. Madrid, Sevilla y las autoridades locales juegan al baile de las confusiones: el Gobierno abre la carrera, pero sigue sin delimitar las zonas condicionadas. La Consejería de Innovación mira a Moncloa y les pone la alfombra roja de la retórica a los parques eólicos marinos, pero digiere el estandarte de Manuel Chaves y no les abre la puerta de las licencias a las empresas. No, al menos, mientras la Diputación socialista no cambie de opinión, o mientras Rodríguez Zapatero no aclare cuál es el mantra oficial. Estaba llamada a ser -con el proyecto de Mar de Trafalgar, pendiente de aprobación desde 2004- la plaza de la puesta de largo de la eólica marina en España, pero la provincia promete convertirse en otro sarcófago de la resurrección del sector.

Son sus propios alcaldes socialistas, con el de Chipiona en cabeza, para empezar, los que le reclaman el viento. Sólo la visita a Copenhague, al mayor parque del mundo, del alcalde gaditano ha comenzado a despejar el parque de Chipiona. Pero la Diputación y la Junta digieren aún el ‘no’ heredado de Manuel Chaves y sostienen la puerta cerrada, de espaldas al mapa eólico de Sebastián, a los seis proyectos pendientes y a las inversiones prometidas desde hace más de cuatro años. Ni siquiera el proyecto avalado por los ecologistas y participado por la Universidad y el Ayuntamiento gaditano de Las Cruces del Mar (Magtel) y Bogaris de unos 1.000 megavatios consigue que se levante la ‘moratoria’ informal de Cádiz.

Una ventanilla única en Madrid tramitará los planes, al margen de las comunidades. Pero las empresas creen que los permisos para las líneas de evacuación y otras cuestiones urbanísticas harán inviables estos aerogeneradores contra la voluntad de los Gobiernos regionales. De espaldas al beneplácito de Chipiona, la Diputación de Cádiz (con el PSOE y el PP a dúo) le hace ‘ojitos’ a la plataforma que -con los ayuntamientos de Vejer, Conil y Barbate al frente- se empeña en su rechazo absoluto a las instalaciones eólicas marinas en la zona de Trafalgar. No es la primera vez: ya en septiembre de 2007 coreografió en la galería pública su repudio a los molinos marinos. Pero esta vez lo hace a contrapié de Industria, con la carrera de las instalaciones ya en marcha. Y con el viento de cara de la retórica del Consejero de Innovación, Martín Soler, que ha hecho de la eólica en la provincia una bandera de su proyecto económico “Andalucía Sostenible”, pero no quiere ponerle sus apellidos al estreno de las nuevas instalaciones. No darán luz verde a Iberdrola, Acciona o Capital Energy. No al menos sin consenso social y político en la zona y sin haber oído la voz de Zapatero y el presidente Griñán. Y, por ahora, los dos acunan a dúo el silencio de la eólica off shore. No sólo la gaditana.

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