edición: 3007 , Viernes, 10 julio 2020
13/01/2009
Tras el fiasco del Plan Vive ideado por Sebastián

Industria sigue sin planes para el automóvil

Juan José González

La última vez que los representantes de los fabricantes de automóviles se reunieron con el ministro de Industria, Miguel Sebastián, el 26 de noviembre del año pasado, hacía sol en La Moncloa y el horizonte parecía despejado. La cita se produjo en el despacho del presidente del Gobierno y la intención no era otra que contarle a los dos representantes del Ejecutivo los problemas del sector. Y desde entonces, hasta hoy.

Uno de los asistentes a esa reunión escuchó de Sebastián que “si de soluciones se trata, yo tengo un botiquín lleno de medicinas”. Pues bien, parece que, o se le han terminado las medicinas, o ha perdido el botiquín o, que lo del botiquín era una mentira como una casa. Lo cierto es que los fabricantes del automóvil siguen como estaban pero tirando a peor, en pleno replanteamiento de estrategias, producciones y plantillas. EREs por todas partes que afectan a 13 de las 18 plantas que las multinacionales del sector tienen instaladas en España.

Sebastián, dice uno de estos constructores, comunica y Solbes dice que no tiene nada que ver con el sector, a pesar de que los dos ministros, Industria y Economía, estaban presentes en las reuniones con los fabricantes de automóviles. Buenas palabras, deseos y multitud de ideas salieron de la reunión entre ambas partes. Los ministros se llevaron las propuestas de los fabricantes con opiniones de expertos y consultores, y nada, más cerca de los dos meses que del mes desde aquella cita, y ni Sebastián ni Solbes han respondido con las “medidas razonables” prometidas.

Ahora los fabricantes, tras la convulsa situación del sector automovilístico norteamericano, se están planteando alternativas que al ministerio de Sebastián y al presidente del Gobierno, les pondrían los pelos de punta. Los fabricantes que son demasiadas fábricas, demasiadas empresas, marcas, modelos, países, además del universo de concesionarios. La capacidad instalada, vienen a decir, es demasiada, así que si piensan esto es que hay que cortar y es seguro que lo harán. Ya han comenzado por recortes de producción, recortes de plantillas, de gastos, de modelos y ahora viene lo bueno; de países. Porque no se mantendrán todas las fábricas. España, se encuentra en la quiniela de varios constructores para cerrar alguna de las 18 instalaciones.

Precisamente, en EE UU, el Gobierno planteó a los fabricantes el cierre de varias fábricas en el mundo para concentrar más la producción de automóviles en aquel país, como uno de los requisitos que favorecerían las ayudas gubernamentales. General Motors no tuvo más remedio que asentir, Chrysler otro tanto y Ford, que está en mejor situación, dijo que ya vería. Pero es probable que ese “requisito” de los planes de rescate termine por afectar a España.

A los fabricantes les preocupa también y sobre todo, el corto plazo, las ventas mensuales. Desde febrero de 2008 no dejan de retroceder; el 4%, el 12%, el 23%, y en el último trimestre, hasta el 42%, todo consecuencia y efecto inmediato de la restricción de crédito. Aquí es precisamente donde los fabricantes deciden exponer la situación al Ejecutivo y no se les ocurre otra cosa que solicitar un nuevo Plan Prever como fórmula de estímulo e impulso de la demanda. Y sucedió lo esperado; los fabricantes pincharon en hueso, nada de nuevo plan ni de 3.000 euros de ayuda para comprar coches, contestaron al unísono Industria y Economía que no quieren recordar, sobre todo el primero, los efectos de la primera idea del ministro Sebastián para el motor, el famoso Plan Vive, medicina salida del botiquín de Sebastián para renovar el parque automovilístico español y con ello resolver todos los males del sector, que fue presentado en enero de 2008 y finiquitado a los cien días con casi un centenar de ayudas solicitadas y el reconocimiento público de fiasco del propio ministro de Industria.

Un año después del Plan Vive, convertido es anécdota en algún consejo de ministros, los fabricantes establecidos en España tienen que lidiar con uno de los más incómodos compañeros de viaje a la hora de pedir dinero al banco; la opinión de las agencias de calificación crediticia, puesto que en el mercado financiero la solvencia de los demandantes de crédito se basa en el porcentaje de riesgo que tienen (los credit default swaps), una opinión que afecta a todas las firmas del sector de igual forma y que en los últimos meses han visto reducida su calificación crediticia. Según dichas calificaciones, General Motors y Ford, estarían en quiebra técnica en aquel mercado, lo que podría tener alguna consecuencia para las plantas españolas.

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