edición: 2597 , Viernes, 16 noviembre 2018
15/10/2015
banca 
En 2018 estarán limpios

Los bancos apuran la limpieza de ladrillos de los balances

Juego de estrategias para eliminar el stock: Caixabank y Santander aceleran, mientras BBVA prefiere esperar y ganar dinero
Juan José González
Una calificadora de riesgo acaba de certificar con su opinión el frenazo de la recuperación -brotes verdes- del ladrillo y, por tanto, el valor de los inmuebles continúa siendo un problema de primer orden para los bancos. Un problema de 147.000 millones de euros. Que las ventas de los inmuebles que viven en los balances bancarios, los procedentes de canjes de deuda o embargos, se estén cotizando en el mercado con un descuento del 67% de su valor, da una idea de la situación y del tamaño del problema que la banca no consigue quitarse de encima. Nada menos que el 67% de menor valor, de pérdida estimada de los más de 150.000 pisos considerados como `invendibles´, es todo un descalabro contable que no se resuelve con el paso del tiempo, entendiendo que sólo este podría obrar el milagro si los precios consiguen recuperarse.
Pero no es el caso y la recuperación del sector del ladrillo se limita tan sólo a los activos, inmuebles o pisos, de mejor calidad, el mercado `prime´. Los expertos señalan que la recuperación del mercado de estos activos `invendibles´ está aún muy lejos, probablemente no se produzca hasta 2017 o siguientes. Por tanto, la devaluación de los activos inmobiliarios que permanecen en los balances amenaza con seguir siendo la pesadilla de los gestores bancarios. Se puede decir que es también un indicador del corto plazo, un síntoma de que la recuperación no llega tampoco en 2015, lo cual asegura la persistencia de los problemas en las cuentas trimestrales que se conocerán en breve. De la gestión de la cartera de inmuebles, de su habilidad para deshacerse de estos activos, va a depender la foto de fin de año, el cierre del ejercicio.

No se puede decir que el éxito haya acompañado la gestión de los adjudicados como tampoco la de los préstamos hipotecarios, a pesar de los medios asignados para deshacerse del ladrillo y limpiar los balances. Según cálculos del sector financiero, en los últimos doce meses la banca habría reducido su exposición al sector inmobiliario en cerca de un 25%, equivalente a poco más de 45.000 millones de euros. Así, de mantener este ritmo en la reducción, la banca estima que a finales de 2018 los balances bancarios estarán limpios y libres de ladrillos. Los balances de 2015, sin embargo, seguirían recogiendo todavía 147.000 millones de euros de valor bruto, si bien el riesgo sería notablemente menor si se descuentan las provisiones acumuladas en los últimos años por este concepto.

En todo caso, el objetivo prioritario, estratégico en algunas entidades, es acelerar la salida de inmuebles, la operación limpieza que sigue distintas vías de resolución y diferente éxito. Por un lado, Caixabank, Bankia y Santander se han mostrado más agresivas en la limpieza y, según los casos, han podido aprovecharse mejor de la recuperación de algunos segmentos del inmobiliario. En todo caso, la caída de valor ha sido la tónica dominante en las ventas y que rara vez se han convertido en beneficio. El caso de Bankia es singular puesto que traspasó la mayoría de su inmobiliario tóxico al `banco malo´, a la Sareb. Pero es en Santander donde pisó el acelerador a fondo para reducir el stock inmobiliario, si bien su problema es la elevada morosidad de los créditos hipotecarios, casi un 67%, un aspecto que ha servido para tomarse más en serio la limpieza.

En el caso de Sabadell y BBVA, las entidades que mayor retraso llevan en la carrera por deshacerse del ladrillo, se dan situaciones bien distintas. Sabadell registra una fuerte entrada de activos inmobiliarios como consecuencia de sus operaciones corporativas, por lo tanto, absorbe más stock que otras entidades. El BBVA parece seguir otra línea de actuación porque, al contrario que sus competidores, aumenta su exposición inmobiliaria con la entrada de casi 2.300 millones de euros, buena parte de ellos procedentes de la adquisición de Catalunyabanc.

En contra de lo que pueda parecer, la de BBVA se presenta como la estrategia más arriesgada en el corto plazo, ya que `apuesta´ a que la recuperación de la economía impulse al alza el valor de mercado de su cartera inmobiliaria. En este sentido, el freno a la recuperación que actualmente certifican calificadoras y diferentes casas de análisis, jugaría en contra de la estrategia del banco, basada en esperar la subida de los precios para maximizar la rentabilidad del stock, algo que penalizará las cuentas del ejercicio. Una estrategia de riesgo rechazada por el resto de los grandes, partidarios de apuntar las pérdidas pero con los balances saneados.

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