edición: 2284 , Viernes, 18 agosto 2017
26/05/2015
Análisis de resultados

Los internautas analizan el cambio de paradigma político fruto de las elecciones municipales y autonómicas

Se habla de unos resultados “en clave de sol” y marcados por el fin del bipartidismo y de las mayorías absolutas, al menos de forma temporal
ICNr
Las elecciones del pasado domingo volvieron a convertirse en noticia durante toda la jornada de ayer. Toca analizar los resultados, reposar ideas y tatar de vislumbrar el giro que tomará la situación de cara al futuro. Una cosa es clara: el bipartidismo lo tiene hoy un poco más complicado, y las mayorías absolutas se quedan también en el cajón, tras dibujarse un mapa de votos mucho más variopinto y heterogéneo que en otras ocasiones. Eso sí, el cambio no es tan profundo como esperaban muchos: Podemos y Ciudadanos se han convertido en llave de Gobierno en muchísimos casos, pero los votos que han acumulado no llegan a la categoría de cambio de paradigma. Por lo pronto, la alcaldía de las cinco primeras ciudades españolas puede cambiar de signo, y sólo en uno de esos casos -Sevilla- es a favor de un partido tradicional. A través de convergencias y pactos, puede haber alcaldías más a la izquierda de los socialistas en Madrid, Barcelona, Valencia o Zaragoza.
Los medios de comunicación se lanzaron ayer a llevar a cabo un análisis menos estadístico y más abstracto de las consecuencias de los últimos comicios. ¿Hay cambios relevantes en la forma de votar? ¿Es más o menos activo el electorado? ¿Remontarán los partidos al uso de cara a las siguientes elecciones o se trata de una rabieta momentánea que devolverá las cosas a la normalidad en cuestión de pocos años? Se habló, por ejemplo, de una España “en clave de Sol”, en referencia a las réplicas del 15M que se reflejan en el resultado del pasado domingo. Las europeas fueron el primer ensayo, la tenencia se confirma en esta ocasión y, tal vez, las nacionales se conviertan en el salto definitivo hacia un giro definitivo y menos tímido hacia la entrada de nuevas fuerzas.

Más allá de ello, lo que parece claro es que la forma de comunicar y de acercarse al ciudadano ha cambiado –o debe cambiar- para siempre: se habla de la incidencia de la calle, de cómo el diálogo horizontal resulta ahora clave –y así lo demuestran algunos programas electorales-, de cómo la transparencia se coloca en el punto de mira y, en definitiva, de cómo la crisis y el descrédito de las instituciones obliga a redirigir la estrategia para evitar el desencanto definitivo con el mundo de la política.

Y es que una de las grandes críticas de los ciudadanos en relación a las pasadas elecciones se encuentra precisamente en la escasa participación, pero también se llega a entender y a justificar ese hartazgo, que es hoy un poco mayor que en la anterior cita con las urnas. Sin quitar que era deseable una respuesta en masa por parte de los ciudadanos a la situación política actual, lo cierto es que los ciudadanos buscan motivos no sólo en la pereza o la desidia, sino en la falta de conexión entre políticos y personas. No se trata de buscar ‘encantadores de serpientes’, pero sí de que los aspirantes a llevar las riendas del país dejen claro que son conscientes de su responsabilidad y de hasta qué punto están sujetos a la voluntad del pueblo al que representan.

En este contexto, una de las lecciones más optimistas extraíbles del pasado domingo es que las cosas pueden cambiar y, de hecho, ya lo hacen. Las elecciones han dejado claro que tocará lanzarse a pactar para que las instituciones sean gobernables, y ello supone ceder, dialogar, alcanzar puntos intermedios… En definitiva, ‘bajar de las nubes’ y apoyarse en otros para alcanzar acuerdos y avanzar de la mano. Para muchos ciudadanos, se trata de una lección necesaria para la clase política, casi de una cura de humildad que muestre cómo la llave del cambio está siempre, irremediablemente, en manos de los ciudadanos. La otra cara de la moneda es la posible ralentización en la toma de decisiones en las instituciones, pero a la vez “será una oportunidad de madurez democrática donde el diálogo tendrá que ser obligatorio”, tal y como aseguraron los lectores.

A ello se suma que Podemos y Ciudadanos prometen no ponerlo fácil a PP y PSOE, ya que ambos se cuidarán mucho de acuerdos que puedan comprometerles antes de las generales. Su principal necesidad es demostrar integridad y dejar claro que no son fruto de la tormenta ni flor de un día, sino opciones serias y estables, alternativas con aspiración a gobernar cuanto más mejor, y no sólo opciones ‘de relleno’ hasta que se vuelva al tradicional bipartidismo cuando las aguas se calmen.

Otra consecuencia clave de la crisis es que, de momento, parece que la izquierda toma peso sobre la derecha, aunque se encuentre más fragmentada que nunca. El castigo electoral hacia el PP ha sido de momento más duro que el que se ha llevado el PSOE, aunque esta última fuerza pasa a depender de pactos a tres, cuatro o cinco bandos que pueden acabar estallando en su contra. Los medios hablan de cómo se está pasando del bipartidismo al ‘tetrapartidismo’, y añaden un interesante apunte: en apenas un año, un movimiento social ha cristalizado y ha desplazado a los grandes en Madrid y Barcelona, algo que da que pensar en una democracia tan inmovilista como la nuestra. De un lado, resulta alentador que el cambio sea posible en tan poco tiempo y que los ciudadanos sean conscientes de su fuerza. De otro, a muchos ciudadanos les da miedo el ‘voto inconsciente’ y pasional a fuerzas políticas tan nuevas y, por tanto, sin estructura alguna detrás. En este sentido, una de las sorpresas del domingo es el ascenso de Ada Colau, que ha logrado superar a Xavier Trias y será la próxima alcaldesa de Barcelona. Impulsada en política por su protagonismo como líder antidesahucios, su presencia en tertulias televisivas y una red de apoyos en la izquierda ecologista catalana. La preocupación en este caso es idéntica a la que envuelve a Podemos, formación que ha obtenido buenos resultados en Madrid, Zaragoza o A Coruña) y decentes en Aragón.

También se habló del daño que Ciudadanos ha hecho al PP en zonas como Madrid y la Comunidad Valenciana, aunque los internautas creen que su avance está lejos de ser determinante más allá de en enclaves concretos -aunque estratégicamente importantes-. Eso sí, es el único partido que ha sabido colocarse en el centro del tablero político por lo que, aunque todos le den como pacto posible para el PP, podría acabar mirando hacia el PSOE, o hacia ninguno. Sea cual sea su opción, el riesgo para su imagen está asegurado. De cara al PP, por otro lado, los internautas tienen claro que es necesaria una renovación urgente de cara a las generales. La caída de muchos de los ‘grandes’ del partido -Aguirre, Barberá, Cospedal, Monago, Rudi, Zoido- así lo constata. Rajoy es el primero que, a juicio de muchos, debería salir por la puerta antes de dañar más a la formación que dirige. Los ciudadanos consideran completamente agotada su imagen y su discurso sobre la “herencia recibida”. Esconderse de la prensa y su eterno optimismo son otras de las grandes taras que pesan sobre él.

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