edición: 2612 , Lunes, 10 diciembre 2018
02/11/2010
Desarrollo Sostenible

Inversión Socialmente Responsable, un largo camino con muchas millas por recorrer

El Observatorio de la Inversión Socialmente Responsable 2010 publicado por el Instituto de Innovación Social de ESADE se muestra esperanzado pero cauto
Beatriz Lorenzo

Pretende dar un giro de 180º grados al- hasta hace poco- inamovible poste de la preeminencia de las cifras como indicadores de las buenas decisiones económicas. La Inversión Socialmente Responsable (ISR) se erige como antídoto frente al escepticismo de los que todavía abogan por la búsqueda voraz del beneficio, más aún cuando se ha demostrado con creces que la ISR es capaz de aportar beneficios perfectamente medibles y cuantificables. Con el objeto de reflejar la evolución y las tendencias de la ISR en el mundo, con especial atención al mercado financiero español, ha visto la luz recientemente la edición de 2010 del Observatorio de la Inversión Socialmente Responsable de la mano del Instituto de Innovación Social de ESADE arroja nuevos datos acerca de la situación del sector.

En la actualidad, existen en España 13 fondos de pensiones integrados con criterios sociales, medioambientales y de gobierno corporativo que cuentan con un patrimonio de 12.881,5 millones de euros y con un total de 194.373 partícipes. Para las autoras del documento, Laura Albareda y María Rosario Balaguer, “el impulso de los Principios de Inversión Socialmente Responsable (PRI) de las Naciones Unidas y el interés que han despertado entre las comisiones de control de los fondos y planes de pensiones de empleo y los gestores de inversión signatarios de los PRI son hoy uno de los ejes fundamentales para el futuro de la ISR en España".

En el escenario europeo, la Inversión Socialmente Responsable representa una de las áreas de mayor crecimiento en los últimos años. Según datos del Foro Europeo de Inversión Sostenible (Eurosif), sólo en Europa la ISR ha crecido un 46% al año durante el último ciclo expansivo, y en ese mercado representa ya casi un 18% de los activos gestionados, lo que revela que la ISR está abandonando ya su estatus de nicho de mercado para tratar de convertirse en una práctica de alcance general.  Sin embargo, en España el desarrollo de la Inversión Socialmente Responsable es todavía tímido en comparación con nuestros vecinos europeos. Sin embargo, mientras que hasta hace muy poco el desarrollo de la ISR “a la española” había expermientado experimentado una desviación con respecto a la tendencia europea y contaba con un mercado infradesarrollado que abarcaba un porcentaje mínimo de la inversión, últimamente la tendencia está empezando a ser más favorable para la ISR española. En palabras del director de Responsabilidad Corporativa de BBVA, Antoni Ballabriga, tras la presentación del documento de ESADE“son importantes los avances y resultados que se han realizado en materia de ISR, pero hay que promover iniciativas concretas en el ámbito regulatorio, porque la Ley de Economía Sostenible nos brinda la oportunidad para avanzar en este terreno”.

Ciertamente, la necesidad de afrontar nuevos impulsos en este terreno es perentorio, sobre todo tras la firma de los Principios de Inversión Responsable de Naciones Unidas y la creación de Spainsif. Se hace por tanto necesario adquirir todavía una mayor conciencia de los beneficios a largo plazo de la ISR para la salud empresarial, un proceso que pasa por el fortalecimiento de los inversores individuales y la adopción de una actitud mucho más activista, más crítica hacia los compañías a las que no solamente ha de exigirse en el plano económico, sino también en el ético, social y medioambiental.

UN PANORAMA EN CRECIENTE EVOLUCIÓN

La Inversión Socialmente Responsable se encuentra desde hace meses en el candelero, reflejada en iniciativas como la del Comité Económico y Social Europeo (CESE) que emitió recientemente un dictamen en el que apuesta por una mayor regularización de la ISR, tratando de incorporar una mayor transparencia y un continuo proceso de evaluación. Sin embargo, la ISR también cuenta con escépticos. Un estudio de expertos financieros de Wharton aduce que, por las características de los productos en cuestión, los inversores responsables pierden una media de 3,5 puntos porcentuales en rendimientos de cada año con respecto a aquellos que invierten en fondos tradicionales. Además, paradójicamente, a  medida que los criterios de los inversores para elegir los fondos se vuelven más estrictos, aumenta la probabilidad de que los fondos con mejores resultados sean los no socialmente responsables. Así pues, probablemente los inversores que apuestan por la gestión activa y quieran centrarse en un segmento concreto, como los fondos de acciones de pequeño valor, sacrifiquen demasiada parte de sus resultados limitándose tan sólo a los fondos socialmente responsables. Por otra parte, independientemente de los aspectos sociales, los fondos socialmente responsables suelen tener costes ligeramente superiores debido al esfuerzo adicional necesario para evaluar que las inversiones sean socialmente responsables.

La Inversión Socialmente Responsable evoluciona de la mano de otra tendencia también novedosa; la banca ética. La banca ética representa una nueva concepción del mundo financiero en el que las entidades se basan en criterios negativos o positivos para llevar a cabo su modelo de negocio. Los primeros se abstienen de invertir en actividades o empresas que vulneren los criterios definidos por la entidad. Algunas actividades que habitualmente se excluyen son la producción de armamento, las que llevan implícita la explotación laboral y el trabajo infantil, la destrucción del medio ambiente, la producción de tabaco y de alcohol o el comercio de drogas. A su vez, los bancos éticos que se rigen por criterios positivos financian única y exclusivamente inversiones de alto rendimiento social, con criterios prefijados por la entidad tales como mejoras medioambientales, comercio justo, promoción del entorno social, y similares.

Entre las organizaciones que se sitúan al lado de las finanzas más responsables se sitúa la Sociedad Europea de Finanzas Éticas y Alternativas, un consorcio de instituciones financieras, nacido para dar soporte financiero a los Institutos de crédito éticos y solidarios europeos, actualmente existentes y en vía de creación, y para favorecer su crecimiento y desarrollo. SEFEA financia, además, los proyectos de alcance europeo que se colocan en el ámbito de la promoción de un desarrollo económico y social que valora y protege el patrimonio natural, cultural y humano en todos los Países de la Unión Europea.

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