edición: 2808 , Viernes, 20 septiembre 2019
13/09/2019
La clave está en la depreciación de la libra

Inversores americanos y asiáticos, a la caza de activos a buen precio en el caos británico

Compradores en busca de activos con sede en Reino Unido para aprovechar la ocasión de una libra depreciada a la que, incluso, todavía le quedaría un margen de caída
Juan José González
"A río revuelto, ganancia de pescadores", reza el refrán que parece haber encontrado ganancias frescas en las revueltas aguas de los mercados a las que acuden prestos los pescadores. Así miran y observan los inversores inquietos el corto plazo de los mercados turbulentos con un epicentro claramente localizado en Reino Unido, si bien, las ondas expansivas alcanzan otros mercados vecinos, del continente europeo. Inversores expertos en el corto plazo (señalados habitualmente como los más especulativos) tienen depositadas sus esperanzas en la coyuntura más próxima, la inmediata. Esta pasa por una ruptura abrupta (la anunciada por el Gobierno británico) por una caída aún mayor de la libra (ya se ha depreciado cerca de un 20% desde la aprobación del referéndum) y por todo la depreciación de activos y empresas que desde 2016 vienen reduciendo sus valoraciones al mismo ritmo que marcan los hechos, al ritmo del caos ambiental marcado por las autoridades políticas del país. Es un hecho que en estos casi tres años de proceso de discusión y negociación de la salida de Reino Unido de la Unión Europea, los inversores extranjeros han intensificado su interés por analizar y negociar la compra de activos en aquel mercado, siendo los más interesados en el largo plazo los más beneficiados, en principio, por la caída de las valoraciones, aunque hayan sido, hasta ahora los `cortoplacistas´ los que han hecho más ruido.
Los inversores siempre están atentos a las valoraciones de los activos, calculan los múltiplos a los que se puede pagar el activo para fijar un horizonte de rentabilidad y beneficios. La actividad obliga a centrar el interés de los inversores en empresas que vayan bien, con beneficios y mercados seguros. Y el mercado británico se ha mostrado especialmente dinámico en los últimos años, como muestra el tirón de las operaciones de compra venta y opas en más de un 30% anual (un 55% más en tres años). Los compradores acuden a la plaza de Londres conscientes de que la depreciación de la libra es el seguro a corto y a largo plazo que les permitirá asumir un riesgo mayor.

Y la oportunidad de compra será mayor en la medida en que la divisa inglesa se deprecie aún más, como apuestan algunos expertos financieros. Porque la clave de esta intensa actividad inversora y compradora se encuentra, precisamente, en la divisa, en su depreciación, un aspecto que ha servido, sin querer, para marcar una selección de inversores por nacionalidad o, en este caso, por divisa. Con esta premisa, las operaciones en el mercado británico se están firmando con inversores norteamericanos, y no sólo por una afinidad cultural sino porque el dólar ha tenido en los últimos tiempos (en especial en los tres últimos años) un mejor comportamiento que el euro, es decir, se ha apreciado más que la moneda común europea.

Los analistas insisten en que no hay que dejar pasar por alto que, al tratarse de inversiones de largo plazo, es obligado pensar en que parece más razonable pensar en que las autoridades británicas pueden estar más próximas a un aliado histórico como Estados Unidos que de un grupo de países a los que previsiblemente dejará plantados. Luego hay que suponer que una inversión en una compañía británica se vaya a ver más favorecida en el futuro por una relación comercial con un socio histórico. 

Los compradores europeos llegan también a la plaza londinense pero son más selectivos y prefieren piezas pequeñas, participaciones en negocios, preferentemente relacionados con otros mercados para aprovechar la depreciación de la libra no sólo con el euro. Inversores asiáticos irrumpen también en el mercado revuelto para hacerse con la Bolsa de Londres (LSE) con una oferta colosal de la Bolsa de Hong Kong (una opa por 32.000 millones de libras) o de otro inversor de la misma nacionalidad para adquirir una famosa cadena de locales de ocio británica.

Quizá la única salvedad que puede condicionar este entusiasmo inversor por los activos británicos, es la incertidumbre de algunos cambios normativos futuros que ya comienzan a masticarse sí, llegado el caso, nuevas elecciones y cambio en el Ejecutivo, son los laboristas los elegidos para gestionar la primera legislatura tras la salida de la UE que, como se sabe, tiene ideas propias y diferentes a las de hoy en vigor. Y aunque es probable que los inversores ya lo hayan tenido en cuenta, las transacciones se siguen sucediendo a buen ritmo.

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