edición: 2616 , Viernes, 14 diciembre 2018
25/06/2009

Iraq reparte la "piñata" de las concesiones y los peajes a las multinacionales

Le pone a Eni la alfombra roja de Nassiriyah a costa de Repsol
Ana Zarzuela

Calienta la primera privatización parcial de campos petrolíferos en tres décadas y las promesas de triplicar su producción en seis años. Y Bagdad ha querido hacerlo con el ‘aperitivo’ del yacimiento y la refinería de Nasiriyah y sus 4.400 millones de barriles de reservas fuera de la ‘carta’ principal de las dos rondas de licitaciones de 19 yacimientos. Iraq se empeñó en llamar a su mesa a Eni, Nippon Oil y Repsol, las ha hecho esperar con dos meses de retraso y ahora quiere hacer saber que sólo la italiana y la japonesa siguen en primera línea de carrera. El ministerio de Shahristani  aprovecha para dejarse querer. La japonesa Nippon  Oil busca cuajar su lobby en las cercanías de los chiíes y la italiana promete un pacto mejor y cierra puertas con Irán. Las cartas de Nassiriyah tienen ya manos señaladas. Eni no niega desde marzo que se da por coronada. Los dos viajes de Scaroni en el último año, el preacuerdo cocinado desde diciembre de 2008, la herencia de acuerdos debidos desde 1997 y la ‘sintonía’ con Berlusconi y sus promesas hacen el resto. Siguen la misma senda que a Total le ha servido para amortizar la avanzadilla diplomática de Sarkozy en Nahr. Lo reconoce el propio ministerio iraquí: son las de mayor utilidad “para sus intereses”, nada que no hubieran descontado ya los de Brufau. En el nuevo mapa de las prioridades de Repsol, la vieja Mesopotamia apenas tiene sitio. Miran Iraq desde los muros de la prudencia, sin riesgos y desde los burladeros de Libia, Siria, Líbano y Oriente Próximo.

El petróleo y el gas de Iraq se han convertido en un coche vistoso, pero al que sólo se puede acceder con garantías mediante ‘invitación previa’ y el pago de un peaje o por la puerta de atrás. Una fiesta en la que aún no están definidas las reglas del juego: no hay ley de Petróleo y de Gas, que concederá a las compañías extranjeras el derecho a explotar directamente los pozos en suelo iraquí, están en cuestión las concesiones y bajo investigación por corrupción y reprobación el ministro, y sólo Kurdistán se despeja de espaldas al estado central. El Gobierno de Bagdad respira falta de liquidez y multiplica por quince el precio de las tasas de licitación. El crudo se mueve fuera de las mesas: decenas de concesiones llegan con apellidos marcados, las alianzas previas cotizan ante el ejecutivo de Al Maliki. Iraq ya invitó a dedo a Total a la primera ronda, un guante que Repsol no quiso coger. Y volvió a hacerlo con el campo de Nahr -justo en Basora, donde acaba de estrenar uno de sus consulados-.

Es la mismísima compañía estatal South Oil Company (SOC) la que ha reconocido a los analistas de Tactical Report que los desencuentros entre el ministro Hussein Al-Shahristani y algunos líderes políticos -y su respaldo a multinacionales enfrentadas- están detrás de los retrasos por el campo de Nassiriya. Y de la geografía de los nuevos apellidos que Bagdad busca ponerle. Lo saben muy bien Nippon y Eni. Tokio se ha esmerado en tratar de tejer en torno a su petrolera una plataforma de apoyo a sus negocios locales, sustentada por el ministro de Economía, Bayan Baqer Solag, el ex ministro de petróleo Thamer Ghadhban –actual asesor del primer ministro Nuri Al-Maliki y el también ex ministro de Energía Ibrahim Bahr Al-Ulum, frente al actual ministro Al-Shahrastani, más cercano a las ‘ofrendas de paz’ de Silvio Berlusconi. Eni ha retocado de nuevo una oferta que estaba hecha a su medida: ya fue la petrolera italiana la que había realizado la valoración formal de preevaluación del en liza donde está la refinería de Nasiriyah y la que abandera el horizonte más optimista -un millón de barriles por día- que más convence a la administración iraquí. Por si acaso, Eni acaba de renunciar a un acuerdo para desarrollar la tercera fase del campo iraní de Darkhovin, cerca de la frontera iraquí. Y se dispone a darle otra nueva vuelta a los lazos que lían a Roma y Bagdad, ahora que la carrera por Nasiriya se libra sólo entre dos.

ENI PAGA LOS PEAJES PARA ASEGURAR SU ‘CORONA’

Lo repite, a las claras, el consejero delegado de Eni, Paolo Scaroni, desde que en diciembre de 2008 visitara una Bagdad ‘liberada’, sólo unas pocas horas antes del anuncio de la segunda ronda de licitaciones: su compañía será la primera en desembarcar en la sureña Dhi Qar.  No tiene dudas de que el contrato de Nassiriya será para Eni. Y Bagdad le da, paso a paso, la razón: los técnicos de Hussain al-Shahristani no esperarán, como barajaba el ministro Hussein Al-Shahristani para seguir sopesando -y retocando- las ofertas de Eni y Nipon Oil, que no difieren mucho entre ellas, ni su letra pequeña ni en los apoyos que las respaldan. No hace falta: Roma y Tokio están dispuestos a repartir juego: para Nippon la construcción de la refinería y para Eni la reconstrucción y explotación del yacimiento. Es la mismísima estatal South Oil Company (SOC) la que desde hace semanas reconoce que ve como favorita a la italiana, sobre todo ante una posible alianza de Repsol y Japan Oil que no ha llegado, a pesar del empeño del director General Kifah Numan por hacer crecer el rumor para fortalecer a la ‘opción romana’.  Eni cocina su ‘bocado’ de Nasiriyah desde los años 90. En tiempos del embargo, en 1997, Eni selló a cuatro manos –pero sin éxito- un Acuerdo de Producción Compartida por 23 años con la estatal iraquí, nada menos que para el mismo yacimiento de Nassiriyah que ahora vuelve a acariciar.

Cuando en marzo de 2003 el ministro de Exteriores Frattini tuvo que anunciar la primera misión militar y humanitaria italiana en Iraq, no fue otra que Dhi Qar- con capital en Nassiriyah- la provincia escogida. Ya entonces el  Ministerio de Industria alpino aconsejaba –en un informe al Palacio Chigi- no perder la oportunidad de hacerse garantizar el preacuerdo con Eni para los hidrocarburos de Nasiriya. La empresa se lo tomó tan en serio que en junio de 2003, sólo semanas después de la caída del régimen de Saddam Hussein, una delegación de Eni visitaba Nasiriya a bordo de un vuelo militar, por delante de sus propias tropas. Como advertía ya en enero de 2009 la agencia Platts Oilgram de McGrow Hill, ya en agosto de 2008 -tras otra visita de Scaroni- había un Memorando de Entendimiento sobre Nasiriya en las mesas de Paolo Scaroni y Al Maliki para la extracción del yacimiento y la construcción de una refinería de 300.000 barriles por día. El viaje relámpago de diciembre de 2008 sólo reafirmó la sintonía entre Roma y Bagdad. Desde entonces, los técnicos de buscan, a lo sumo, compañeros de viaje para la alpina.

Las tres nuevas sedes diplomáticas en el epicentro energético iraquí, las promesas de inversiones, los fondos descongelados en París y la deuda condonada le han hecho ‘ver la luz’ al ministro Hussein al-Shahristani: fue el titular de la cartera de petróleo el que -después de la visita del presidente francés, claro- llamaba públicamente a Total y le hacía sitio en las primeras filas de la ‘foto’ del crudo iraquí, incluido el de Maynun, el más grande del país. Al-Shahristani forzó la participación de la petrolera francesa, a medida y a cuatro manos con Chevron, en un proyecto para neutralizar a la noruega Statoil -la aliada de Repsol en la puja por  West Qurna- para desarrollar el campo de Nahr Bin Umar. Un yacimiento en el centro petrolero sureño, en Basora, -justo el epicentro de la diplomacia gala sobre el terreno- que produce sólo 50.000 barriles de petróleo por día (bpd), pero que tiene reservas probadas de al menos 6.000 millones de barriles. El paseíllo de Total hacia Nahr Bin Umar no está solo. Los portavoces del ministerio repiten como un mantra que Total es la favorita para ganar el acceso a los yacimientos iraquíes, incluso con los que –a diferencia de Nahr- no llegarán a dedo. Al menos, no formalmente. Las ventajas se nutren de la historia: el ministro trata de vestir sus preferencias de experiencia: ya hace semanas que la petrolera gala ha tenido acceso al estudio en detalle un grupo de campos petroleros iraquíes, incluyendo los de Majnoon y West Qurna Phase I, pendientes de dos rondas de licitaciones.

VIEJOS SOCIOS

Bagdad pide pruebas de entusiasmo a las compañías internacionales para acceder a las terceras reservas mundiales de crudo y Total, Lukoil, Gazprom, Eni, Nippon, Shell o CNPC han demostrado que están dispuestas a dárselas a raudales, con tal de llegar al corazón de la explotación y la copropiedad de los campos, allá donde sólo la china Petroleum Corporation pudo incursionar desde 1997. Bagdad ya ha repartido parte del juego del petróleo con el dedo del primer ministro Nouri al Maliki. Lo hizo ya con la construcción de un puerto en el Golfo Pérsico que cuenta con un presupuesto de 2.800 millones de euros, un nodo "estratégico" cerca de Basora- la niña bonita de las ‘atenciones diplomáticas’ de Roma y París- que será construido por un consorcio italiano. Y con la compañía británica Foster Wheeler, que levantará la mayor refinería del país, cerca del campo de Al-Nasiriyah Al-Kabir. La primera ronda de concesiones, ésa a la que Repsol no quiso jugar, reparte con apellidos cantados las riendas de los campos de Kirkuk (Shell), Roumaïla (BP), Al-Zoubair (ExxonMobil), Qurna-Ouest/Phase I (Chevron et Total), de la provincia de Missane (Shell et BHP Billiton) y los de Subba et Luhais (Anadarko, Vitol, y Dome de los Emiratos Árabes Unidos. Eran en algún momento socios de la iraquí Petroleum Company, que tuvo el monopolio de los hidrocarburos entre 1925 y 1961.

Esa presencia previa se ha convertido a los ojos del ministerio de Hussein al-Shahristani, en un valor añadido que han decidido tener muy en cuenta. La incertidumbre, la volatilidad,  la falta de ley de Hidrocarburos, el enfrentamiento en torno al crudo entre sunníes y chiíes y la cuerda floja sobre la que camina el ministro de Hidrocarburos- al que un centenar de diputados le piden su dimisión y la citación al Congreso por las  exportaciones de petróleo y acusaciones de corrupción- dibujan un mapa en el que las multinacionales que osaron tirarse a la piscina iraquí desde la transición de 2007, los gigantes chinos y los viejos aliados rusos se han ido poniendo cómodos sobre el oro negro del tercer país con más corrupción del mundo, según Transparencia Internacional. De hecho, CNPC ya obtuvo el primer contrato a una compañía extranjera en Iraq en más de 40 años sin ni siquiera subasta: la gestión del pozo de Ahbad, en el centro del país, que explotará en los próximos 23 años a cambio de 3.000 millones de dólares de inversión. Y Bagdad confía en la alianza -dibujada a dedo por la administración local- entre la holandesa Shell y la asiática CNPC para explotar el reñido pozo gigante de Kirkuk, una ciudad que los kurdos consideran propia pero que está bajo el dominio de Bagdad.


Iraq ha visto ‘la luz’ de los euros y prepara, para el 28 y 29 de junio, la primera privatización parcial de campos petrolíferos en 30 años, la que, con unas reservas de unos 43.000 millones de barriles a la vista puede ser el mayor número de aperturas de campos desde que se descubrió en 2000 el gigantesco enclave de Kashagan, en el Mar Caspio. A la fuerza ahorcan: la adjudicación de los contratos supondrá ganancias para Irak de unos 1.700 millones de dólares. Tiene unas reservas probadas de unos 115.000 millones de barriles, pero necesita el know-how extranjero para poder impulsar la producción hasta los 4 millones de barriles diarios en un plazo de entre 4 y 5 años, frente a los 2,4 millones de barriles que produce ahora mismo, menos que antes de la invasión liderada por Estados Unidos del 2003. Las subastas están concebidas para conseguir dinero en efectivo de inmediato con una tasa previa.

Iraq sólo pensaba ceder servicios -al margen de las licencias ‘de confianza- pero las prisas por multiplicar por diez la producción y las urgencias financieras pueden más. Bagdad acelera sus tanques petroleros. La caída del precio del crudo -en un año ha pasado de 150 a 50 dólares el barril- estrangula las finanzas iraquíes, sus ingresos proceden en un 93% de una industria que funciona muy por debajo de sus posibilidades: produce oficialmente 2.200 millones de barriles al día -en la práctica, menos- pese a que podría llegar a los 6.000. Sólo se explotan 15 de los 80 campos petrolíferos conocidos, que producen 2.4 millones de barriles al día. Bagdad reparte juego antes de que la salida de las tropas americanas, en 2010, deje a la intemperie la inseguridad de sus campos. La subasta de los seis pozos más importantes (Bay Hasan y Kirkuk, al norte, Maysan Fields, al este, y West Qurna, Rumalia y Zubair, al sur) es inminente, la recepción de ofertas concluye el 30 de junio y en julio se habrán adjudicado sus casi 30.000 millones de barriles, más que todas las reservas existentes en EEUU. Los otros 11 pozos tendrán que esperar, pero sólo hasta diciembre, a que el gobierno de Nouri Al Maliki despeje los apellidos de las 47 multinacionales en liza.

REPSOL DEJA POCO EN JUEGO

Repsol se atrevió a cogerle el guante a Al Maliki en Iraq, pero desde la distancia y la trinchera de la prudencia. Estaba desde junio de 2008 entre los llamados a comer del pastel del crudo por el propio gobierno bagdadí, pero peinó la calma de las prisas de la senda de BP, Exxon Mobil, Shell, Total y Chevron, elegidas ya a dedo por el Gobierno iraquí. Prometió no llegar hasta que no estuviera claro y Antoni Brufau sólo comenzó a ‘ver’, desde el burladero, el escenario iraquí en 2009, con la llamada a la segunda ronda de licencias. Cogió el guante de los proyectos de ingeniería del gobierno de Nouri al Maliki, empeñado en que las españolas desembarcaran allí. El adelantamiento por la derecha de Eni y la japonesa Nippon Oil por el plan de reactivación de los pozos de Nasiriyah  aliña la alianza con la noruega Statoil y la danesa Maersk  en una oferta conjunta para construir una planta procesadora de crudo en el yacimiento iraquí de West Qurna.

Las españolas no olvidan que el camino de la historia de las relaciones bilaterales ha estado plagado de piedras. Fenosa y ACS -que consiguieron el primer contrato en firme en la reconstrucción de Iraq en 2004 en un consorcio integrado por la estadounidense CH2MHill, Dragados y Soluziona para construir una planta de generación eléctrica- lo saben bien. Repsol y Cepsa, también. Después de años de relaciones con Iraq, pasaron la travesía del desierto: vieron cómo las sanciones de la ONU, el Programa Petróleo por Alimentos desde 1991  y la guerra después limitaban sus relaciones y su presencia, más bien fluida, en el país. En 1997 la compañía puso sobre la mesa del régimen de Sadam Husein un proyecto para explotar los mismos yacimientos de Nasiriyah, pero acabó siendo rechazado por el régimen, que no quería que ninguna empresa extranjera controlara las explotaciones petrolíferas iraquíes. Desde junio de 2003, bajo el mando estadounidense primero y luego con la administración iraquí no pudieron tocar poco más que la compra de un número casi simbólico de barriles de crudo iraquí.

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