edición: 2310 , Lunes, 25 septiembre 2017
28/03/2011
EL DEDO DE MADOZ

Irlanda y el BCE en curso de colisión mientras el Consejo Europeo pierde un año

Carlos Schwartz

El primer ministro de Irlanda, Enda Kenny, dijo el pasado viernes que su Gobierno estaba negociando con el Banco Central Europeo (BCE) un programa de financiación a largo plazo para los bancos del país que quedaba en suspenso hasta que la próxima semana se dieran a conocer las pruebas de esfuerzo para la banca irlandesa. Estas afirmaciones en el contexto del fracaso de la Cumbre de jefes de Gobierno y de Estado del Consejo Europeo la pasada semana perfila una colisión entre Irlanda y el BCE. Las declaraciones tienen el aspecto de una presión trasnochada sobre el BCE, poniendo al desnudo la petición por parte del Gobierno de coalición entre el Fine Gael de centro derecha y el Laborista de centro izquierda de reconvertir la financiación de corto plazo del Banco Central Europeo por importe de 100.000 millones de euros para los bancos irlandeses, además del crédito excepcional del banco central irlandés a la banca por importe de otros 70.000 millones de euros, en financiación de largo plazo. Hasta ahora, la posición oficial del nuevo Gobierno había sido una renegociación de los términos del paquete de ayudas a Irlanda por importe de 85.000 millones de euros de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

En particular, los tipos de interés pactados inicialmente para esa ayuda. Sin embargo, a la vista de que la negociación con la UE no avanza y que la Cumbre del Consejo Europeo del pasado jueves y viernes ni tan siquiera mencionó el caso irlandés, Kenny hizo pública la petición como si existiera una negociación en curso. Fuentes financieras en Frankfort dijeron este fin de semana a ICNr que “no existe ninguna negociación sobre financiación a largo plazo para la banca de Irlanda por parte del BCE”. Las fuentes se negaron a confirmar que Irlanda haya hecho una petición al BCE al margen de esa negociación que el primer ministro dijo que estaba en curso.

Las contradicciones entre las fuentes pone de relieve que a lo sumo lo que hay entre Irlanda y el BCE es un pulso en torno a la negociación que permita dar oxígeno a largo plazo a los bancos del país en lo que puede ser un intento de no hacer frente a la necesaria consolidación del sector bancario del país a la que se había comprometido la Administración anterior que debió convocar a elecciones anticipadas precisamente por su gestión de la crisis bancaria del país. Las declaraciones de Kenny pueden haber irritado profundamente al consejo del banco central presidido por Jean Claude Trichet, quien ya había advertido hace meses que Irlanda debía concentrarse en la consolidación del sector bancario y precipitar la liquidación de al menos dos entidades financieras: un banco y una sociedad de crédito hipotecario.

La advertencia de Trichet venía a cuento de las reticencias irlandesas para echar el cerrojo a las entidades en situación de quiebra técnica. El Gobierno de Kenny tiene un único aunque poderoso instrumento de presión. La idea ya esbozada en el pasado por el Gobierno irlandés saliente de dejar que los bancos renegocien la deuda con sus acreedores, algo a lo que la UE reaccionó en el pasado presionando a Dublín para que aceptara sí o sí el plan de salvación que evitaría pérdidas a los bancos de Reino Unido, Alemania y Francia en primer término y por ese orden.

Esta no es una semana de alegrías para el consejo del BCE. El viernes, la Cumbre de presidentes y jefes de Estado del Consejo Europeo anunció con una retórica triunfalista la concreción de instrumentos decisivos para sortear la crisis de la deuda soberana de Europa. Sin embargo, no ha ocurrido nada de eso. La concreción de la financiación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) se ha postergado hasta junio de 2011, y su cuantía es igual a la que se aprobó en junio de 2010. Un año para nada. Por añadidura esta cumbre debía instrumentar de qué forma se ponía a disposición de los países necesitados los 440.000 millones de euros comprometidos hace un año ya que de ese total sólo están disponibles 250.000 millones de euros.

El fondo creado por las 17 naciones de la zona de la moneda común tiene además la opción de otros 60.000 millones del fondo de emergencia de la Unión Europea, y un tramo suplementario comprometido por el FMI de hasta 250.000 millones, lo cual al menos en fotografías supone 750.000 millones de euros. Pero de ese dinero sólo hay 250.000 millones reales desde junio de 2010. Para colmo de agravios para el BCE ese fondo que estará vigente hasta 2013 no puede intervenir en los mercados primario y secundario de bonos de deuda soberana, lo que deja en manos del BCE las intervenciones para apoyar a la deuda de los países que son pasto de los ataques especulativos.

Por añadidura, el viernes Angela Merkel se salió con la suya e hizo rectificar el acuerdo alcanzado en principio el lunes anterior entre los ministros de Finanzas de los 17 países del euro por el cual en 2013 se desembolsarían 80.000 millones de euros para el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). Merkel logró que el desembolso de esa cantidad se haga mediante cuotas anuales durante cinco años a partir de 2013. La maniobra de la canciller tiene por objetivo quedar con las manos libres para anunciar en la campaña electoral de su país en 2013 un programa de rebajas fiscales sin que sea cuestionado por los compromisos de pagos al MEDE.

Alemania debería haber pagado 11.000 millones de euros al mecanismo en 2013. En este contexto, las fanfarrias sobre el Pacto del Euro Plus suenan a hueco. Se trata en definitiva del pacto de competitividad franco alemán rebautizado. Era poco previsible que con las alarmas encendidas en Portugal, cuyo Gobierno cayó tras la negativa de la oposición a respaldar en el Parlamento el cuarto plan de reducción de gasto público y consolidación fiscal del país el Consejo Europeo no lograra ningún avance real en sus planes de estabilidad, pero que al mismo tiempo hiciera una verdadera manifestación de éxitos en torno a los objetivos en los que acababa de fracasar.

La posibilidad de un rescate de Portugal cuenta a partir de hoy con tantos recursos como en junio de 2010. Ni más ni menos. Lo cual quiere decir que esta semana no tiene porqué ser necesariamente de tregua en materia de deuda soberana. En el fondo lo que hay es un pulso entre dos corrientes opuestas en el seno de la UE. De un lado, los países que consideran que no se debe salvar a los bancos en crisis a costa de los contribuyentes. Por el contrario, se debe castigar a los inversores en esos bancos que deben asumir parte de la pérdida en lugar de hacerlo los contribuyentes. Del otro, los que consideran que eso minaría la confianza de los inversores. En el largo plazo el criterio de que los inversores sufran las consecuencias de su elección de inversión está reconocido por ejemplo en cuanto a deuda soberana en el MEDE. Pero desde luego esa perspectiva al BCE le parece desastrosa porque socava la confianza de los inversores y pone de relieve que en caso de crisis los estados suspenderán el pago de su deuda. El anuncio del resultado de las pruebas de esfuerzo de los bancos de algunos países europeos esta semana puede echar más leña al fuego de la crisis de deuda soberana en Portugal si los mercados no acaban de tragarse la euforia del Consejo Europeo. Será bastante difícil que los especuladores se den por vencidos por los fuegos artificiales de Bruselas.

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