edición: 2721 , Martes, 21 mayo 2019
25/10/2011

Islamismo moderado en Túnez y radical en Libia

Pedro González
La Asamblea Constituyente de Túnez surgida de las urnas será mayoritariamente islamista moderada, conforme al indiscutible triunfo de Enahda, el movimiento que encabeza Rashid Ganushi, y que copia casi literalmente los postulados de Justicia y Libertad de la Turquía de Recep Tayyip Erdogan y Abdullah Gül. El país en el que se iniciaron las revueltas, y donde prendió la denominada primavera árabe, ha sido también el primero en celebrar elecciones, convocatoria que registró una masiva participación del 80%, dato que certifica la legitimidad de la nueva asamblea. 

El experimento tunecino marca el rumbo hacia una verdadera democracia. El actual presidente, Beji Caïd Esebsi, se felicitó del civismo mostrado por un cuerpo electoral aturdido por la proliferación de partidos (70) y de candidatos  (11.000). “Si la democracia tiene algún futuro en el mundo árabe –dijo- es imprescindible que arraigue en primer lugar en Túnez”.
Pronto se desvelarán las incógnitas. La moderación de que ha hecho gala Enahda a lo largo de toda la campaña habrá de ser sancionada en la manera de gobernar de Ganushi, el virtual primer ministro.

El eterno opositor en el exilio al fenecido régimen de Ben Alí pasó 22 años en Londres, antes de regresar a su país en medio del entusiasmo general. Se esfuerza en asegurar que su moderación no es una táctica sino la manera de ser propia del islamismo moderado que preconiza. Un islamismo que las mujeres tunecinas reclaman sea más propio del siglo XXI que del siglo XIV. Ganushi declara irreversibles las innegables conquistas de la mujer en Túnez, es decir que se mantendrán las leyes que aseguran su igualdad, sus derechos a vivir, trabajar y desplazarse cómo quieran y el consiguiente mantenimiento de la prohibición de la poligamia. No así del velo islámico, vetado por el anterior régimen y que ahora será legalizado, como ha hecho Erdogan en Turquía.

Basado en ese modelo, el líder de Enahda se propone no obstante reforzar el islamismo en las instituciones políticas, judiciales y educativas. Los partidos laicos que también entrarán en la nueva asamblea –Partido Democrático Progresista, Etakatol y Etaydid- desconfían de que Ganushi, una vez haya tomado las riendas del poder, no se deslice por la pendiente del radicalismo. En todo caso, tienen ocho meses para diseñar la nueva arquitectura política y social del país, interponiendo las barreras y diques necesarios para impedir esa posible deriva.

Por el contrario, se van despejando las dudas respecto del nuevo sistema que en Libia suceda al gadafismo. Al anunciar la victoria y el fin de la guerra, el presidente del Consejo Nacional Transitorio (CNT), Mustafá Abdul Jalil, declaró que la Sharía será la legislación que rija en adelante los destinos de Libia. La Declaración de la Victoria se produjo en Bengasi y no en Trípoli, todo un símbolo, puesto que aparte de reconocer que fue en la capital de la Cirenaica donde comenzó la sublevación, marca diferencias con la Tripolitania, que logró precisamente su auge frente a Bengasi por decisión de Gadafi. 

Para ir abriendo boca, Jalil,  antiguo ministro de Justicia del propio Gadafi, invocó a Alá para bendecir la victoria, mantener la poligamia y abolir la banca occidentalizada y “usurera”, es decir instaurar una banca islámica que no cobre intereses. Los primeros en disfrutar de la reinstauración de este sistema serán todas aquellas familias que aleguen “el sufrimiento de todos estos meses” para ser compensadas con un préstamo de 10.000 dinares (unos 5.000 euros). Las familias que hayan sufrido la pérdida de algún miembro en los combates –mártires, según la terminología oficial- recibirán, además, ayudas extraordinarias aún no cuantificadas. Los muertos y heridos entre quienes han luchado contra las huestes de Gadafi constituyen el símbolo principal sobre el que el CNT quiere asentar su legitimidad de posguerra. 

De momento, Jalil acometerá la formación de gobierno, un empeño en el que hasta ahora ha fracasado por los enfrentamientos y rencillas entre las diferentes tribus libias. No está nada claro que, eliminado Gadafi, ahora sea más fácil encontrar el acuerdo, toda vez que ha desaparecido el símbolo común contra el que todos luchaban. Luego, en el lapso de ocho meses debería convocar elecciones para elegir una asamblea constituyente, tal y como ha hecho Túnez. El origen y desarrollo de ambas revueltas, la tunecina y la libia, marca ya de entrada grandes diferencias.

Jalil, que no hizo ninguna alusión a la decisiva ayuda de la OTAN en la eliminación del gadafismo, mostró su preocupación porque los inmensos arsenales de armas en manos de los combatientes de toda laya sean puestos a disposición de los cuarteles. El temible gas mostaza y los misiles constituyen los principales objetivos porque no caigan en manos equivocadas, algo que los especialistas consideran poco menos que imposible habida cuenta del caos reinante durante la guerra.

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