edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
22/04/2010

Israel exhibe una prosperidad sin complejos en el aniversario de su independencia

Pedro González
Más de 30.000 dólares de renta per cápita, 4,6% de crecimiento económico en el último trimestre de 2009 y del 5% en el primero del 2010 con apenas un 8% de desempleo. Son algunos de los datos esgrimidos por el embajador de Israel en España, Raphaël Schultz, en la fiesta de conmemoración, según el calendario judío, del Yom Ha´atzmaut (Día de la Independencia).

Son ya 62 años de la proclamación del Estado de Israel y una paz duradera no se vislumbra por parte alguna. Es más, sin que la situación actual sea en absoluto comparable a la que precedió a las guerras de 1967 y 1973, tampoco hoy Israel se siente seguro dentro de unas fronteras incuestionadas y garantizadas. Además del irresuelto contencioso con los palestinos, Israel vive obsesionado con un Irán cuyo presidente, Mahmud Ahmadineyad continua proclamando no sólo su deseo sino también su voluntad de que el Estado judío desaparezca de la faz de la tierra.

Respecto del problema palestino, a diferencia de la alegría israelí por su feliz cumpleaños en medio de una incuestionable prosperidad, la Autoridad Palestina celebrará el 15 de mayo –en este caso conforme al calendario cristiano- su “Día del Desastre”, en espera de  proclamar su propio Estado en 2011, tal y como anunciara el primer ministro Salam Fayad a su paso por el Foro de la Nueva Economía de Madrid. Fayad confía en que el presidente Barack Obama logre que Israel detenga la progresiva construcción de nuevos asentamientos, algo que un  Benjamin Netanyahu crecido  rechaza de plano, so pretexto de que “Jerusalén no es una colonia más sino nuestra capital”.

El jefe del Gobierno israelí concita ahora mismo una popularidad que le alienta a provocar a un Obama que, a pesar de sus últimos triunfos políticos, sigue perdiendo la confianza de sus conciudadanos a tenor de los sondeos. Respecto de las intenciones terroristas de un Irán nuclear, pese a las proclamas lanzadas en la pasada cumbre de Washington, los israelíes estiman que Obama podría haberse resignado definitivamente a que Teherán disponga de capacidad atómica aunque no lo reconozca en público. Así lo creen el 33% de los israelíes, que impulsan a que Netanyahu desencadene ya un ataque contra las instalaciones nucleares iraníes, cuyo número va a incrementarse según el anuncio realizado el pasado domingo por el propio Ahmadineyad. Esa proporción sobrepasa por primera vez a los israelíes, 31%, que aún consideran aún a la vía diplomática como la mejor para apaciguar una tensión que crece por momentos.
 
Ese sentimiento de pesimismo es compartido también por el ex primer ministro libanés y jefe de la Corriente Patriótica Libre, general Michel Aoun, que tanto en el Forum Europa como en la Casa Árabe de Madrid recalcó que no ve paz en Oriente Próximo “a corto, medio o largo plazo”. El militar libanés se preguntó si la sociedad israelí puede vivir permanentemente bajo la psicosis de la guerra. Conocedor de las capacidades bélicas hebreas, Aoun aventuró que Israel no será derrotado en una guerra por sus vecinos árabes sino en todo caso por su propia implosión, la de siete millones de personas que alguna vez habrán de preguntarse si no serán ellos mismos culpables en buena parte de la explosiva situación de la zona.

El general libanés apuntó otras claves para entender la estrategia de la tensión. Tras reconocer la formidable capacidad tecnológica de Israel –es el país con mayor proporción de ingenieros del mundo junto con Finlandia-, Michel Aoun dejó caer el interrogante de por qué es imposible la convergencia entre ese potencial tecnológico y el enorme capital que generan los países árabes de la zona. La región podría, toda ella, nadar en la abundancia, pero eso “tal vez no interese a ciertas potencias”, insinuó el general, quién añadió que ese objetivo es imposible de todos modos mientras no exista estabilidad.
  
Muy lejos queda por lo tanto el pretendido horizonte de paz 62 años después de que Ben Gurion proclamara el Estado de Israel. Un país que vive del peligro, que muchos juzgan como su propia razón de ser, lo que además le incapacitaría tanto para desencadenar una guerra total que termine de una vez por todas con el conflicto como para alcanzar una paz negociada. De momento, el statu quo permite que Israel avance en su camino de prosperidad, con cifras que desmienten la existencia de la crisis global en sus propias carnes, mientras enfrente crece exponencialmente la frustración.

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