edición: 2324 , Martes, 17 octubre 2017
31/10/2014
Con cuatro años de retraso

Italia aprovecha el suspenso a sus bancos para hacer una reforma de la economía

Cambios para limpiar la enorme deuda pública y ordenar el mercado laboral
Juan José González

Dos expresidentes de Gobierno cayeron en la misma trampa: asegurar la solidez de sus bancos. Zapatero en 2010 y Berlusconi en 2011 no tuvieron reparos en `aprobar´ a sus respectivos bancos al entender que la defensa de las instituciones financieras nacionales era un cuestión de honor y un asunto de Estado. Sin embargo, parece que no llegaron a evaluar la dimensión las consecuencias de su amparo, y ocultación, de la situación real de los bancos, lo que desembocó en una crisis feroz de confianza y credibilidad hacia las entidades y hacia sus respectivos Gobiernos y mercados. En el caso del español, el cambio político resultó ser, obligatoriamente, el principio de la solución: la reforma del sistema financiero y la intervención de algunas entidades. El caso italiano ilustra los efectos que acaba proyectando la desidia política sobre el sistema financiero -que ya vivía bajo sospecha- y daña la credibilidad de sus bancos. Ahora las autoridades quieren hacer de la necesidad virtud.

Los resultados de las pruebas a la banca europea se han convertido en un elemento más de duda que está afectando al conjunto del sistema económico como si fuera una enmienda a la totalidad. Si las pruebas perseguían el objetivo de aportar mayor certidumbre y confianza a la economía, a los inversores y a los consumidores, parece que algo ha salido mal, "el tiro por la culata". Pero lo cierto es que ahora, tras analizar los resultados, hay que pasar a valorar las reacciones. Y para reacción la italiana, sorprendida por el farolillo rojo cosechado, la tercera economía de la zona euro, con nada menos que nueve entidades con insuficiencia de capital. 

No son buenas noticias para los contribuyentes italianos, como tampoco para los políticos, financieros o los inversores. Tan sólo la clase política parece haber reaccionado ante los suspensos al entender que es una ofensa, una falta a la verdad, a la realidad. Pero la reacción no es sino una actitud defensiva ante la evidencia de que no se ha hecho el trabajo desde que en el verano de 2011 Berlusconi optara por echar el balón fuera a la espera de resolverlo en el futuro.

El futuro ya está aquí y las autoridades italianas (con el condenado Berlusconi en labores sociales) se defienden con el argumento de no haber recibido las ayudas públicas de Bruselas que se fueron a España y a Alemania, fondos públicos para sanear sus bancos gracias a los contribuyentes italianos. Lo más sorprendente es que muchos dirigentes bancarios suscriben la misma coartada defensiva que sus políticos, lo que abunda en la idea de una connivencia entre ambos y que ahora se convierte en responsabilidad compartida.

A todo esto, llama la atención el papel desempeñado por el banco central italiano, Bankitalia, que en lo que va de año no ha dejado de presionar al sector para que acelerasen el saneamiento y evitar que los quince bancos italianos examinados por el BCE lograsen superar las pruebas. Un trabajo que evitó el suspenso general de la escuadra, a pesar de haberse recapitalizado en 50.000 millones de euros. Cantidad, incluso, insuficiente para evitar que una docena de bancos estuvieran en situación de riesgo a finales de septiembre pasado.

Sin embargo, el Ejecutivo italiano no parece estar muy preocupado y sigue insistiendo en la solidez del sistema bancario, opinión muy distante de la opinión pública que identifica en los suspensos un drama y la antesala de una reforma urgente de su sistema bancario. Por el contrario, el Gobierno se siente más fuerte y sólido si cabe, que antes de los resultados bancarios. Se sabe fuerte como tercera economía de la Eurozona, e interpreta el papel de víctima necesitada. 

Las autoridades italianas intuyen que la ocasión se presenta como una oportunidad para resolver otros problemas de fondo, algo así como convertir el problema en oportunidad o hacer de la necesidad virtud. El primero de ellos apunta a la elevada deuda pública, superior al 131% del PIB, más de dos billones de euros y que no dejará mucho margen para destinar fondos a una reforma que, como la del mercado laboral, va a necesitar recursos públicos en cantidad. Y el segundo, precisamente, la reestructuración del sistema bancario, donde sin duda, se producirán fusiones y alianzas, aunque primero las autoridades locales solicitarán ayuda al BCE. Un camino similar al iniciado por las autoridades españolas aunque con varios años de retraso. Ahora Italia deberá imitar a España.

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