edición: 2907 , Martes, 18 febrero 2020
16/12/2015

Italia intenta bloquear el desarrollo del gasoducto Nord Stream 2 impulsado por Alemania

El Gobierno de Renzi fustiga a Berlín por un proyecto que surge de las cenizas de South Stream
Carlos Schwartz
El primer ministro de Italia, Matteo Renzi, ha hecho una cuestión de estado y un combate personal de la oposición de Italia al desarrollo de un proyecto bautizado como Nord Stream 2. Se trata de un nuevo gasoducto que une Rusia con Alemania en un trazado similar al que tiene el existente Nord Stream. Este último sólo se puede utilizar al 50% de su capacidad porque viola disposiciones sobre competencia de la Unión Europea (UE). El proyecto que tiene una proyección económica de 11.000 millones de dólares reúne a buena parte de los socios de Nord Stream: Gazprom, Shell, E.ON, Wintershall, OMV y la francesa ENGIE. La reacción de Italia, que tiene en Rusia su segundo socio comercial internacional, tiene una lectura unívoca. La UE bloqueó el desarrollo del gasoducto South Stream sin muchos miramientos denegando la concesión de permisos de obras en los países de tránsito tras la crisis de Ucrania y la invasión rusa de Crimea lo que determinó que Rusia abandonara el proyecto.
South Stream acababa en Italia, y la empresa petrolera estatal ENI era uno de los socios principales del proyecto. Ese gasoducto, al igual que Nord Stream y Nord Stream 2, esquivaba el territorio de Ucrania con el objetivo de dar seguridad al suministro por encima de los crónicos conflictos entre Moscú y Kiev. De hecho, Alemania fue el enterrador del proyecto South Stream al empujar a la UE a actuar en su contra.

La ira italiana es comprensible si se tiene en cuenta que tras hundir el proyecto que beneficiaba a Italia, un grupo de empresas europeas encabezadas por la rusa Gazprom y la alemana E.ON pretenden formar un consorcio para llevar más gas a Alemania que quedaría de esta forma con la llave del suministro ruso de gas al norte de Europa lo que dejaría a las naciones del este de Europa sujetas al consorcio ruso-alemán. Desde la óptica italiana hay quien va más lejos y afirma que E.ON le ha robado el negocio a ENI.

South Stream tenía previsto alimentar parte de la red de Europa del este, y uno de los grandes perdedores con la cancelación de ese proyecto fue por ejemplo Bulgaria. Renzi ha hecho saber al consejo de la UE que quiere discutir el proyecto Nord Stream 2 el próximo jueves en una de las reuniones del Consejo Europeo. Alemania se ha opuesto de forma reiterada a que la cuestión de este nuevo gasoducto sea sometida a escrutinio de la UE afirmando que se trata de un acuerdo entre empresas privadas en el que el Gobierno no tiene injerencia alguna. Este argumento esgrimido tras el sabotaje de South Stream 2 en el que tampoco había participación de los estados, por ejemplo el italiano, ha ayudado a caldear el ambiente de forma significativa. La cuestión es que Italia tiene aliados circunstanciales en esta batalla que pueden infligir a Alemania al menos un serio contratiempo.

Estados Unidos se ha dedicado a azuzar a los países europeos más próximos a su influencia política como el caso de Polonia para que intenten bloquear el nuevo proyecto de gasoducto. Las posiciones estadounidenses han calado en varios países que pertenecieron a la órbita soviética y están resentidos por los acuerdos entre Alemania y Rusia por Nord Stream. Roma a sabiendas de esta situación ha señalado que el proyecto va en contra del espíritu de las sanciones contra Moscú.

Pero como Renzi quiere dejar claro al Gobierno en el Kremlin que nada tiene contra él la semana pasada se negó a votar en favor de la extensión sin más de las sanciones contra Rusia por seis meses tal como lo proponía la UE, y desde luego Alemania, una gran experta en utilizar la vara de medir que le beneficie en cada circunstancia. Renzi no va a jugar en contra de las relaciones comerciales con Rusia que son decisivas para la vida económica de su país. No en vano el primer ministro italiano nació en Florencia, la ciudad de Maquiavelo. Los diplomáticos italianos recuerdan a quien quiera escuchar que Nord Stream no era un proyecto del gobierno sino de las empresas, pero que se gestó con Gerhard Schroeder en la presidencia de Gobierno, y este a la hora de abandonar su cargo se convirtió en presidente del consorcio. Como gustan decir las jóvenes generaciones políticas españolas, puertas giratorias...

Como ya es habitual, el Gobierno español en asuntos como este no se come una rosca. La guerra de los gasoductos se ha desarrollado a lo largo de la gestión del gobierno del Partido Popular que ha sido incapaz de acelerar de forma eficaz la interconexión con Francia que se ha reído de forma sistemática de las aspiraciones de las empresas españolas vinculadas al negocio del gas. Recién en octubre pasado y ante la inminencia de las elecciones en España el comisario europeo de Política Climática y Energía, Miguel Arias Cañete, convirtió al proyecto de gasoducto Midcat que debe unir Francia con España en “estratégico”. El proyecto estaría terminado en 2020. Gas Natural tiene una capacidad ociosa en materia de suministro de gas. Con tres contratos 'take or pay' con Argelia la empresa debe dar preferencia a la salida de ese contingente antes que a los otros contratos que no están vinculados al pago forzoso. Pero está perdiendo un volumen de negocio, por la debilidad del mercado interior, que se podría convertir en ingresos si España lograra que el proyecto de gasoducto de interconexión con Francia se pusiera en marcha al otro lado de la frontera.

Tras años de gestiones en octubre pasado se alcanzó un acuerdo para ello entre Enagas y la transportadora de gas francesa TIGF en la región. El gasoducto, sigue parado a 70 kilómetros de la frontera en Hostalric, pese a que estaba recogido en la lista de proyectos de interés preferente de la Unión Europea (UE) desde septiembre de 2013 y tiene la bendición de la Comisión. Entre otras cosas por falta de las ayudas económicas necesarias que han sido aprobadas ahora. Midcat había tropezado hasta ahora con la falta de interés de Francia. Este desinterés del país vecino está motivado porque al otro lado de los Pirineos también ha el consumo de gas y las gasistas francesas no ven con felicidad la entrada del competidor español.

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