edición: 2973 , Lunes, 25 mayo 2020
28/06/2016
banca 
Saltarse las normas sin multa

Italia logra la bula de Bruselas para intervenir su banca quebrada

La crisis del Brexit ha sido el detonante, la excusa perfecta esperada para iniciar el rescate
Juan José González
Era un secreto a voces: la solución a los problemas de la banca italiana pasa por un rescate inminente que, sin embargo, se resistía en el tiempo. El ajuste del sector bancario italiano, como el resto de sus colegas de la Unión Europea, lleva un desfase acumulado en la adaptación a las nuevas condiciones del mercado que harán más dramático un rescate que llegará más pronto que tarde. Sin margen probable no hay beneficio posible y la situación se prolongará a buen seguro en la medida en que lo hagan los tipos de interés. El mercado detecta los problemas del sector financiero en forma de crisis y el termómetro bursátil levanta acta. El Gobierno italiano ha seguido de cerca la crisis de sus bancos a la espera del momento oportuno para su intervención.
Las autoridades italianas comenzaron una larga negociación con Bruselas para dar salida a la crisis de la industria financiera local. Ahogada en sus deudas, con activos tóxicos superiores a los 375.000 millones de euros, con la rentabilidad más baja de la UE, las autoridades ya estarían en disposición de aplicar el plan de rescate una parte del sector bancario. Un plan que ya cuenta con el beneplácito de la Comisión Europea pero que estaría sujeto a la aparición de algún imponderable de fuerza mayor. 

El imponderable sería, a su vez, la excusa de Bruselas para permitir al Ejecutivo italiano la intervención de, al menos, cuatro de las cinco entidades bancarias que el pasado día 13 fueron suspendidas de cotización en la Bolsa de Milán. La excusa, al ser considerada como causa mayor, haría posible que el Gobierno italiano se saltase algunas de las más básicas y elementales normas de la Unión como es la ayuda directa del Estado que, como es el caso, se produciría a través de la adquisición de acciones y cuya financiación se haría con cargo a la deuda.

Las autoridades italianas basan su argumentación en que otros estados miembro de la Unión, ya habían intervenido en el sector bancario para salvar a varias entidades de una quiebra segura. En 2009 fue Alemania la que probó el mecanismo legal de expropiación forzosa de entidades financieras en dificultades. Reino Unido hizo lo propio con media docena de sus grandes bancos. Así que Italia no iba a ser menos y como anunció hace siete años, no se cortaría si para salvar a una de sus entidades tuviera que recurrir a la intervención directa.

Las intenciones, de sobra conocidas por las autoridades bancarias de la Unión, han llevado a las dos partes -Gobierno italiano y Comisión Europea- a ponerse de acuerdo en la forma de intervención, en el rescate. Y este se hará mediante la adquisición de participaciones accionariales de los bancos en dificultades, y la financiación se hará con cargo a la deuda que emitirá expresamente el Estado.

A principios de año, el Ejecutivo italiano había avanzado en Bruselas una estimación en el entorno de los 65.000 millones de euros. Pero en febrero pasado Bruselas rebajó la cantidad hasta los 40.000 millones de euros, máximo autorizado para sanear las entidades, ahogadas en sus activos tóxicos, como también, obviamente, necesitadas de capital en abundancia. Las ayudas sobre las que ahora la Comisión va a hacer la vista gorda, aumentará considerablemente, la deuda del Estado italiano, bajo supervisión por los técnicos `de negro´ desde diciembre pasado.

Sin embargo, no son las normas soslayadas para la ocasión lo que parece estar incomodando a los socios de la UE -también con problemas similares a los que sufre la banca italiana- si no a los daños que puede estar ocasionando la utilización de esa estrategia premeditada y consentida por la Comisión a lo largo del último año. El Gobierno italiano habría estado planificando la intervención de sus bancos provocando ajustes de plantillas y redes que ya habrían sido subvencionados. 

Pero fue la última -y más reciente- treta del Gobierno la que consiguió desbordar el vaso de la paciencia de competidores locales y de otros socios de la Unión: la suspensión de la contratación en la Bolsa de Milán de cinco de sus principales bancos -los más necesitados de recursos y asfixiados por los activos tóxicos-, la artimaña de la que se ha servido el Ejecutivo transalpino como argumento que justifica la existencia de una "circunstancia excepcional". Y es que la caída de las cotizaciones en más de un 30% y el bloqueo, de facto, de la contratación, han causado pérdidas a inversores que no eran, precisamente, italianos.

En España, y servido en bandeja, el Banco Santander aprovechará la excusa del caos británico para justificar el revés de sus resultados y la dificultad de mantener los márgenes del negocio y, por ende, de sus beneficios. En esa filosofía practicada en los dos últimos años por la entidad de convertir los errores en oportunidades, Santander ya parece un experto consumado, tanto como que uno de los cinco bancos italianos cotizados (y suspendidos el 13 de este mes en la Bolsa de Milán) encaja en sus planes de compras.
 

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