edición: 3102 , Viernes, 4 diciembre 2020
29/06/2020

Japonización como mal menor

La máquina de hacer dinero quiere recuperar el protagonismo de otras épocas de vacas flacas. La decisión de accionar la manivela que permite que los rodillos den vueltas e impriman sábanas de billetes de colores ha sido tomada por un banco central con suficiente peso en el sistema de las economías libres como para que el resto de bancos centrales del mundo emulen la práctica. En Norteamérica ya se han adelantado y la máquina de hacer dinero funciona a buen ritmo: el Gobierno central reparte dinero (un cheque de 1.000 dólares) a cada familia, lo cual sirve para poco pero creen que poco es algo. Al menos.

En Europa el banquero central piensa hacer lo mismo: repartir dinero, pero de otra manera. Planea empezar a comprar más papel de empresas y de Gobiernos con mayores deudas, una práctica que no es nueva porque ya viene funcionando desde hace años; los célebres estímulos monetarios. Es el remedio más a mano, más sencillo: comprar deuda emitida para que el sistema no sea un gran cementerio lleno de empresas sin liquidez, quebradas y en ruina. Ahora se va a dar el paso siguiente, como los norteamericanos: comprar las emisiones nuevas, el equivalente a dinero nuevo, a más dinero.

Pero en esta ocasión, la crisis es distinta, singular, monumental, y la previsión de pérdidas globales puede rondar a final de año los 15 o 17 billones de dólares, según las autoridades del Fondo Monetario Internacional, lo cual obliga a los banqueros nacionales a tomar otras medidas más severas, a ponerse al mismo nivel de las deudas previstas. En principio, el problema parecería estar resuelto: los Gobiernos hacen más dinero a cuenta del Banco Central, que es quien compra el papel con el que se pagan las deudas.

El sistema es el que recogen los manuales para casos de apuros mayores, catástrofes financieras y económicas en las que el pagador es una entidad superior, por encima de Gobiernos y bancos. Funciona desde hace décadas y consigue resultados a largo plazo, demasiado largo quizá para las urgencias de ahora. Tapa rotos y descosidos evitando quiebras (no todas, sino las más gruesas) facilitan que las empresas financien pérdidas. En Japón conocen bien la práctica: el nuevo dinero financia deudas y sólo deudas; no permite generar nuevos recursos, nada de nuevas inversiones, apenas crecimiento, ridículos. Eso sí, parece probado que se sale de la crisis, que no hay recesiones en varios años y que el remedio es mejor, o más leve, que la enfermedad. Es, en todo caso, el mal menor.

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