edición: 2309 , Viernes, 22 septiembre 2017
11/02/2010

Jenin-Gilboa, una historia palestino-israelí a ras de suelo

Pedro González
Son dos pequeñas regiones con una frontera real en medio: Jenin, bajo la Autoridad Palestina; Gilboa, plenamente israelí. Como tantos otros territorios de la zona estaban condenados a vivir de espaldas, ignorándose mientras a un lado y otro de la línea separadora seguían incubándose los virus del odio y del rencor. Sus respectivos gobernadores no se han resignado. El palestino Qadoura Moussa y el israelí Daniel Attar han preferido diseñar y poner en pie proyectos comunes que ayuden a sus respectivas poblaciones a conformar un futuro menos antagónico y sombrío. Ambos políticos han venido a Madrid para agradecer a la diplomacia española haber facilitado con sus gestiones la puesta en marcha de unas acciones que muestren el camino práctico de la paz y de la reconciliación en el Próximo Oriente.

La primera conquista la consiguió personalmente Miguel Ángel Moratinos, al arrancar del ministro israelí Ehud Barak el compromiso de abrir el paso fronterizo entre ambas regiones, y sobre todo de agilizar la circulación de vehículos y el tránsito de personas a su través. El levantamiento de esa barrera ha insuflado oxígeno a una población palestina que estaba literalmente asfixiada,  mientras que la israelí ha obtenido la oportunidad de aproximarse con lupa a los problemas de aquella. A partir de estos contactos se acometen los primeros proyectos comunes: puesta en marcha de escuelas de idiomas y centros de cultura a un lado y otro de la frontera con profesores intercambiados: palestinos que enseñarán árabe a los israelíes de Gilboa y judíos que enseñarán hebreo a los palestinos de Jenin. Escuelas que promocionarán asimismo el inglés, el francés y el español, lenguas que, en virtud de la diáspora, han sido vehículo habitual de comunicación entre gran parte de la población asentada en esta región.

Además de elevar las capacidades intelectuales de ambas comunidades, el objetivo final es que buena parte de sus integrantes se conozcan mejor y puedan abordar iniciativas económicas y negocios  comunes, cuyo corolario principal sea la supresión de las profundas disparidades de renta entre los habitantes de un lado y otro de la frontera.
 
Los dos gobernadores se proponen asimismo fomentar y explotar el turismo conjunto a sus respectivas áreas. Ambos coinciden en que la imagen que el mundo se ha forjado de este territorio es la de una zona de conflicto permanente, ocupación y destrucción, que es necesario trocar por otra de convivencia y cooperación. Cuando se les replica con la desconfianza y el escepticismo que la proclamación de tales objetivos despiertan, ambos rechazan que la resignación in aeternum haya de ser por fuerza el destino inexorable de palestinos e israelíes, y que esto sea imposible modificarlo.
 
Por supuesto, el foco internacional está puesto sobre las grandes negociaciones políticas de alto nivel pero, a juicio de estos dos dirigentes de pequeños territorios, hay que demostrar sobre el terreno que las gentes quieren efectivamente vivir en paz; que están hartos de guerra; que no soportan que el conflicto convierta a todos en terroristas u agresores despiadados, que no sea imposible en suma el entendimiento entre personas que se ven, se hablan y se tocan cada día. Es decir, se trata de dar la palabra a la sociedad civil, de forma que sea la que impulse buena parte al menos de las decisiones políticas en vez de estar sometida cual maniatado rehén a los designios que imponen los grandes líderes.
 
Sin embargo, en Oriente Próximo soñar no es gratis. Como ellos mismos reconocen, estos dos gobernadores, uno palestino y el otro judío, se admiran mutuamente por el coraje que demuestran al querer mirar conjuntamente en la misma dirección. Por supuesto, sus respectivas sociedades no les otorgan un respaldo incondicional. Se saben contemplados con recelo, soportan críticas y sortean obstáculos a diario para imponer una línea de trabajo de la que se muestran convencidos será la única manera de que ambos pueblos se reconcilien. Quieren servir de ejemplo a otros territorios de la zona para que emprendan la misma vía. Ellos sí creen en que Europa les comprenderá y piden el respaldo y la ayuda de políticos y sociedades civiles de la UE para evitar que se salgan con la suya los que proclaman que entre judíos y palestinos la paz nunca será posible.

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