edición: 2764 , Viernes, 19 julio 2019
12/12/2014

Juncker se muestra incapaz de neutralizar un acuerdo entre Turquía y Rusia para un nuevo gasoducto

Ankara y Moscú cierran la primera ronda de negociaciones para un sustituto del South Stream
Carlos Schwartz

El 12º presidente de la Comisión Europea, el cuestionado Jean Claude Juncker, manifiesta una absoluta incapacidad para resolver la crisis que la propia Unión Europea (UE) ha fomentado con Rusia en torno al gasoducto bautizado South Stream. El anuncio la semana pasada por parte del presidente ruso Vladimir Putin de que su país abandonaba el proyecto destinado a llevar gas hasta Austria pasando por Bulgaria en su tramo final ha ocasionado una tormenta política en los países receptores de gas que se verían beneficiados por la construcción y operación del ducto. Esta semana Juncker se reunió con el primer ministro búlgaro Boyko Borisov en un intento por apaciguar el clima anti europeo desatado en el país tras el anuncio de Putin. Durante el encuentro con Borisov Juncker se vio obligado a afirmar que las negociaciones con Rusia se podrían reconducir, sugiriendo que la UE estaría dispuesta in extremis a hacer algunas concesiones a Rusia. Aunque no queda claro cuáles pueden ser estas, Juncker, en la cuerda floja por los acuerdos fiscales selectivos entre Luxemburgo y grandes multinacionales para evadir impuestos, decidió abrir el juego. El anuncio ruso también ha soliviantado a Serbia y Hungría, el bloque del este europeo beneficiario del South Stream.

En Ankara al cierre del primer encuentro entre Turquía y Rusia para establecer las bases de trabajo para un gasoducto alternativo que llevaría el gas a las puertas de la UE el ministro de energía turco, Taner Yildiz, anunció que la fase de deliberaciones podría extenderse hasta 2020. Pero lo más significativo de su mensaje fue que el gasoducto en negociación no sería una alternativa al South Stream, según afirmó.

El mensaje pareció una respuesta a Juncker. Ahora todo dependerá de qué piezas de este puzzle la UE este dispuesta a desmontar si es que realmente quiere el South Stream. El problema de fondo es que Bruselas ha perdido interés en una línea de transporte de gas diseñada para sortear a la conflictiva Ucrania que es ahora un aliado clave de la UE.

“Qué sentido tiene ahora apoyar un gasoducto cuyo diseño se hizo para esquivar los conflictos por el gas entre Kiev y Moscú que inevitablemente afectaban a la UE, ahora que Ucrania esta en proceso de incorporación a la Europa de los 28”, afirmaba esta semana un diplomático europeo a ICNreport.

De acuerdo con su punto de vista, si la UE no se hubiese encontrado con ese aliado imprevisto ninguno de los problemas que rodean ahora al South Stream se habría generado. “Pero en cualquier caso, si realmente se quisiera resolver esta crisis se podría abrir una negociación con Rusia sobre la base de a aceptación de las condiciones europeas para la operación del gasoducto en la cual habría que ceder en algunos aspectos”. Si se atiende a su análisis “estamos en los movimientos preliminares de ese intento, pero no parece que Juncker tenga el juego de piernas necesario para hacer frente al contrincante.

El asunto de los acuerdos fiscales secretos por otra parte ha socavado su credibilidad y el apoyo del que gozaba mucho más allá de los que es visible, incluida Alemania”. Mientras, Yildiz señaló que es demasiado pronto para saber si el proyecto que se ha comenzado a negociar con Rusia podrá en el futuro sustituir a South Stream. El nuevo gasoducto propuesto por Putin y bautizado Turk Stream supondría por si mismo una gran obra de infraestructura que daría a Turquía una posición de centro distribuidor de gas para Europa que incluiría una planta de licuefacción de acuerdo con el ministro de energía.

El nivel de sutileza utilizado por Yildiz hace suponer que Rusia no tiene una alternativa madura para sustituir al South Stream, lo que convierte a las declaraciones intempestivas de Putin en una pirotecnia a modo de presión con una opción aun difusa de desarrollo de plan alternativo. Por otra parte la cautela del ministro turco está directamente relacionada con el interés de su país por lograr una mayor integración a la UE hasta ahora bloqueada, en especial por Alemania, y su voluntad de participar en el negocio del gas ruso sin necesariamente embarcarse en un proyecto sustitutivo del South Stream lo que la colocaría en un lugar incómodo ante sus vecinos.

Gazprom, que goza del monopolio del gas ruso, había diseñado el gasoducto de alto coste para sortear el escollo ucraniano en el que son socios también ENI, Electricite de France y Wintershall. El gasoducto no supondría un aumento de la entrada de gas ruso, sino que los 63 mil millones de metros cúbicos (bcm, por sus siglas en inglés) que transportaría sustituirían los 70 bcm que llegan ahora a través de Ucrania. Como muestra de las profundas divisiones que la ejecución del proyecto ha creado tras la crisis con Rusia, Bulgaria se ha convertido en un firme defensor del proyecto y su parlamento ha buscado alternativas semánticas para que el denominado Tercer Paquete Energético de la UE no pueda ser utilizado en contra del gasoducto. Sofía ha calificado al trayecto que atravesaría su territorio de “interconexión” lo cual le permitiría esquivar esa circunstancia. Mientras, Serbia que aspira a su ingreso en la UE se ha mostrado favorable a la construcción del ducto y Hungría que se beneficiaría también con el ha ratificado su apoyo. Sin contar con que a finales de enero pasado la empresa alemana Europipe firmó un contrato para aportar los primeros 600 kilómetros de tuberías para el gasoducto que tendría en total 931 km.

La realidad es que el proyecto ofrecido a Turquía por Rusia no va a suplir las necesidades de Europa. Tampoco lo harán los dos gasoductos en construcción para traer el gas del campo de Shah Deniz en Azerbaiyán, el trans Adriático y el trans Anatolio, este último también con participación turca. Cuando estos gasoductos estén operativos aportarán el 2% del gas que consume Europa, que seguirá dependiendo en un 30% del gas ruso. En medio de las incertidumbres políticas ocasionadas por la crisis de Ucrania, y contando con la tremenda debilidad de Juncker, no parece que con esta Comisión Europea se pueda llegar a un acuerdo con Rusia en torno a Southern Stream. Si es que realmente en la UE sobrevive un interés por ese proyecto, algo muy dudoso.

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