edición: 2455 , Jueves, 26 abril 2018
29/10/2008

Kirchner & Kirchner empiezan a ordeñar las pensiones y le lloran al FMI

Ana Zarzuela

Es un bosque de requiebros. Un paso adelante y dos atrás. Cristina lanzó la mano de la nacionalización y hasta las garras judiciales sobre las aseguradoras de fondos de pensiones (AFPJ), pero la necesidad aprieta y tiene que volver a abrir los grifos del que -para su desdicha- sigue siendo el mayor inversor institucional y el cliente más fiel del mercado local. Rehenes de sus vaivenes, la presidenta argentina les coloca ahora  a las AFPJ la bombona de oxígeno para tapar las grietas del jardín de sus necesidades. Tendrán -según su bitácora- que vender sus participaciones en empresas del Mercosur para así ingresar divisas al mercado doméstico, moderar las ventas de dólares del Banco Central y contener la caída de la moneda local; repatriar en tres días los 1.800 millones de dólares invertidos en Brasil y desprenderse de todos sus activos que cotizan en la Bolsa de Nueva York, aún a costa de forzar a Telecom, Telefónica Argentina, YPF o el banco Hipotecario a una venta de saldo en un mercado a la baja. Deberán seguir, al menos hasta el 5 de noviembre, alimentando el pulso de los mercados y volumen al flujo bursátil, obligadas a  mantener las colocaciones en fideicomisos de consumo y a poner cara de ‘aquí no pasa nada’ para darle aire a los bonos y sujetar las acciones de las grandes empresas, mientras llega el dia en que los Kirchner pongan la huella en ellas. Nada de aventuras, prohibido vender bonos ni comprar dólares mientras el Congreso debate la iniciativa y Néstor Kirchner juega las bazas de Rasputin del gobierno y se deshace para espantar las nubes de la desconfianza que su mujer ha llamado con el tam tam de la nacionalización. Aunque sea a fuerza de tragar dos veces para sellar los acuerdos con la oposición y rogar a la puerta del FMI.

Todas las cartas están ahora sobre su mesa. Incluso la más dolorosa para el ex presidente: llamar a los bomberos del Fondo Monetario Internacional, poner cara ‘ucraniana` y extender la mano a los 21.000 millones de dólares que podría exigirle a Strauss Khan, la inyección justa para hacer frente a los compromisos externos del Tesoro para 2009. Sería el último de los cartuchos para Néstor Kirchner, condenado a desandar su camino de la retórica anti Fondo, a remover las dudas sobre el Indec y las estadísticas oficiales y a reabrir las heridas de los demás tenedores de duda argentina. 

Cristina Fernández ha herido de muerte al mercado de capitales y a la Bolsa de Comercio. Las AFJP capturan el 95% de las emisiones de obligaciones negociables, el 75% de las acciones, el 50% de los fideicomisos y el aumento de los depósitos. Les pone al cuello el collar de la ineficiencia a unas pensiones que gozan de una importante liquidez por los aportes mensuales de sus afiliados, tras cinco años de crecimiento del empleo. Demasiado para cercenarlo de golpe. Pero la Casa Rosada se ha dado cuenta tarde El bajo volumen de negociación por la ausencia de las AFPJ en el mercado hizo que el Merval acumulase en la última semana un descenso superior al 27% y profundizara la pérdida del 47% en lo que va de octubre.  En el pecado, la Casa Rosada llevará la penitencia. Sacrifica el futuro en el altar del presente. Si la medida prospera, el Estado se hará con un flujo mensual de unos 1.000 millones de pesos y del fondo que administran las AFJP por unos 97.000 millones. Pero se perderá parte de las colocaciones: el 55% de las carteras está invertido en títulos públicos.

LA TORMENTA PERFECTA

El Ejecutivo le marca la letra a la nacionalización, pero la tormenta perfecta le pone la música: la caída en el nivel de actividad, el empeoramiento del riesgo país hasta los 1.700 puntos, los bonos a precios de liquidación -con tasas de retorno cercanas al mismo 30% de 2001-, el miedo de los inversores, el gasto público a niveles récord y los temblores del Merval -que se deja un 50% en el año- redefinen las líneas rojas de la desconfianza y demarcan una pista de baile en la que la mandataria que quiso ser Eva Perón baila un tango cada vez más frenético, forzado con las AFPJ para tratar de esconder el pánico de las bolsas, la incertidumbre de cuatro millones de pensionistas y la fuga de capitales. Y  se aprieta el cinturón en las caderas ajenas. Néstor Kirchner ha sacado ya la manguera de bombero: adiós al grifo a las provincias y a sus deseos de dejar de aportar el 15% a la ANSeS. Además, el presupuesto de 2009 no contendrá esta vez -como sí ocurrió en los últimos años- un margen de recursos adicionales como para manejar envíos de fondos discrecionales a los distritos.

A los Kirchner se les rebela hasta el fantasma de Perón. Hay carreras en Buenos Aires. El oficialismo está decidido a no prolongar el debate de esta iniciativa. No las tienen todas consigo, pero los Kirchner quieren evitar que se reedite el pinchazo de la ley  125, en el Congreso, que dio al traste con la ‘guerra del campo’ y el proyecto oficial de los impuestos a la exportación. El vicepresidente Cobo fue la bisagra y busca sero de nuevo. Kirchner tiene de cara el viento de los sindicatos -aunque alguno se pilla los dedos en las pensiones- el colchón de 145 escaños  y el huracán de la necesidad. Pero hasta el Partido Radical abandona una de sus banderas históricas, con tal de no verla empuñada en manos de Cristina Fernández.  Si el Congreso no avala su huída hacia delante, la presidenta pagará la factura por partida doble.

LA INGENIERÍA DEL MAQUILLAJE

Y es que la presidenta muere por dinero fresco para los alardes ante el Club de París, los desconchones del gasto público y las urgencias electorales peronistas. Tanto que es capaz de poner a sus ansias a bailar con la sombra del ´default´. Han querido maquillar las grietas con el color de las administradoras de fondos de pensiones, aún a costa de montarse en el caballo de la guerra contra el mayor inversor institucional y el cliente más fiel del mercado local.  Y ahora, aún a riesgo de secar sus ganancias, las obliga al deja vu, algo similar a la medida tomada el año pasado, cuando se ordenó reducir del 10 al 2% la porción de la cartera de las administradoras que podía estar en países del MERCOSUR, aunque las colocaciones en Brasil habían permitido buena parte de las ganancias que tuvieron los fondos de los afiliados en 2006 y parte de 2007.  Con su iniciativa, la Casa Rosada reedita un ´deja vu´ que ya llevó a los pensionistas a entregarles al Estado el 65% de sus aportaciones a cambio de la promesa de un CER -coeficiente de estabilización de referencia- que nunca llegó y se perdió con una inflación aún nebulosa. Y a las aseguradoras, a comprar bonos públicos que acabaron en el default.

Los Kirchner pretenden hacer de la necesidad de dinero su virtud política. Se han convertido en los jardineros de una estrechez de fondos para el Estado cada vez más difícil de saciar, ahora que promete satisfacer a los bonistas  por la puerta del triunfo del pago a tocateja y a toda velocidad. Liquidez para la caja del poder, que hacía aguas por el apretón fiscal. Y para la hucha del fervor peronista, que se nutre de la euforia de obras públicas en municipios y provincias y un tsunami de publicidad. El año que viene, el Gobierno enfrenta obligaciones de deuda por 20.000 millones de dólares y, ni sus promesas al FMI ni la decisión de reabrir el canje de los bonos de los tenedores que no aceptaron la propuesta de Lavagna parecen suficientes para destrabar el grifo de los mercados de crédito internacionales. Menos aún ahora.

La crisis global no ha hecho más que llover sobre mojado en un laberinto acotado por el descenso del precio de las commodities -sobre todo la soja y el petróleo- el fracaso del plan para incrementar las tasas a la exportación, la merma de los ingresos fiscales, la escasez de recursos productivos y la ‘euforia’ del gasto público. El jardín de la voracidad fiscal y la caza de recursos por parte del Estado han germinado. La fuga de capitales y desvalorización de las empresas han impactado sobre una tasa de inversión a duras penas sostenida por el Estado a través de la obra pública. Desde el corralito en adelante, la bancarización en el país se tornó lenta y no llegó a formarse un mercado crediticio de plazo y condiciones que alienten la entrada de inversiones. La relación entre los préstamos y el PIB es del 13 %, muy lejos aún del 21 % de México, al 33 % de Brasil y al 55 % de Chile. Y hasta las estadísticas de inflación, pobreza y producto bruto interno siguen bajo sospecha en un reino del que los Kirchner han querido escapar por el atajo de la renacionalización de las pensiones, pero que amenaza con conducirlos, de nuevo, al foso de las zozobras.

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