edición: 2681 , Jueves, 21 marzo 2019
25/03/2011
Salgado y Ordóñez explican a Zapatero que la rebaja de la banca es sólo una venganza

La actitud hostil de Moody´s fuerza a la UE a cambiar la normativa de rating

La agencia no olvida y contesta al Gobierno en la antesala del rescate de Portugal
Las calificaciones pueden explicar el 70% de los diferenciales de la deuda: un peligro
Juan José González

La gota que colma el vaso, posiblemente la cuarta, acaba de hacer su aparición. En el Ministerio de Economía los técnicos se suben por las paredes. Es un lugar donde discrepan de las agencias de calificación de riesgos, en realidad difieren del ‘enemigo’, de Moody´s, al considerar que S&P y Fitch se dejaron todo su prestigio en la última crisis. Los técnicos del Banco de España viven también entre los muros. En ambos casos, los techos son altos, luego las paredes tienen peligro. El plan de escalada de los cuerpos técnicos no debe extrañar dadas las circunstancias. Recordar que Napoleón siempre estaba alerta cuando creía el peor momento para su ejército: era cuando los peores enemigos podían atacarle. Sin llegar a señalar a Moody´s como enemigo, sí es cierto que la peor coyuntura para la deuda española puede comenzar con la rebaja de las calificaciones del 97% de las entidades españolas –la quinta parte del sistema bancario- en plena faena de reestructuración, con una relajación de las tensiones económicas en Europa.

La agencia calificadora, colaboradora de la actual tormenta perfecta, acaba de provocar, en medio de la reunión de jefes de Gobierno europeos y en plena crisis política del próximo socio a intervenir, que Europa se ponga a trabajar para borrarla –o limitar su influencia- del mapa en próximas fechas. El Ecofin, el FMI y una mayoría aplastante de Gobiernos –excepción de EE UU y Reino Unido, ambos con triple A- unen sus voces, y armas, en las últimas horas contra el que consideran ya, abiertamente, el enemigo público nº1, degradando, incluso, a Gadafi a la categoría de mero aficionado.

La economía política es así: o conmigo o contra mí. Y esta segunda opción es la que parece haberse impuesto entre los ejecutivos de la firma calificadora como la mejor estrategia de éxito, no se sabe si a corto, medio o largo plazo. Las rebajas de calificación de la tocada España, de la medio hundida Portugal y de la muy hundida Grecia, han sembrado de ira el predio europeo, en un momento en el que los Gobiernos, tras complicados encajes de bolillos, negociación política pura, estaban logrando enderezar mediante apuntalamiento la situación de su principal problema, la causa de la inestabilidad: el euro.

Con el aumento, sin precedentes, de los partidarios de demonizar a la siempre inoportuna calificadora, habrá que pensar en que la batalla que libra tiene un objetivo que bien puede ser hacerse con el poder absoluto de la situación, como árbitro del caos europeo, o simplemente, ser la contraparte en una situación en la que parece haberse sentido –con parte de razón- agredido por algunos Gobiernos e instituciones monetarias. Sin olvidarse nunca de cuáles son sus réditos como consecuencia de esa agresiva y temeraria beligerancia en el terreno de batalla.

Parece difícil pensar que el principal móvil de Moody´s se centre en ganar dinero por evaluar los riesgos financieros y punto. Más parece haber otros contenciosos en marcha, con origen pretérito, heridas abiertas que no cerradas, por las que la calificadora, además de ofendida en su cuenta de resultados, ha podido sentirse más dañada aún, en su reputación; buena parte donde se juega su negocio, porque si los mercados financieros, inversores, empresas, etc, no se creen sus evaluaciones, entonces no hay negocio. A estas alturas de la película ya casi nadie se cree que la agencia no deslinde entre el qué y el cuándo, precisamente cuando una de sus especialidades es la de estar utilizando una metodología experta en medir con extraordinaria sensibilidad situaciones, números, conceptos y previsiones futuras, en definitiva, con conocimiento de causa.

Y en ese punto es donde el presidente del Gobierno español, Rodríguez Zapatero, la vicepresidenta Salgado, su escudero Campa, y el ‘autogobernador’ del Banco de España, Fernández Ordóñez, parecen haber errado, pisando un callosidad de la que se estaba recuperando la agencia tras la crisis. Moody´s no olvida. Lo demuestra con cada gota de esas que colma el vaso, y en la defensa de su ética no escatima medios. Sería importante recordar, o al menos no olvidar, las discrepancias de Banco de España, Ministerio de Economía y del propio presidente del Gobierno español, en diciembre pasado.

De aquellos polvos…estos lodos. El Banco de España no ha evitado hacer reproches a conocidos analistas, ni Elena Salgado se quedó muda tras el anuncio de rebaja de la deuda a España. La vicepresidenta no perdió un minuto en recordar tras una emisión del Tesoro, posterior al anuncio de la calificadora, que los mercados confiaban más en el Banco de España que en la agencia. Pero sorprende igualmente que esta asegurara a finales de año que las cajas necesitaban 17.000 millones de euros para alcanzar su solvencia, para posteriormente elevarlos hasta los 50.000 millones. Parece ser que la diferencia radica en el dichoso concepto de capital básico que manejan unos y otros. En todo caso, la agencia ha venido a decirle Salgado –y por extensión al gobernador- que el que a hierro mata a hierro muere.

En todo caso habrá que pensar en que Moody´s tiene activada su defensa y que esta radica en los hechos. No termina de creerse, reforma tras reforma, que las evaluaciones de los activos inmobiliarios sean las que se presentan, tanto por el Banco de España como por el ministerio de Economía y, por supuesto, por las propias entidades afectadas. Como tampoco termina de estar claro el paisaje, es decir, se mantienen las incertidumbres porque la recuperación en EE UU es dudosa, el terremoto de Japón no tiene evaluados los daños económicos ni sus repercusiones sobre las empresas y Estados afectados. Tampoco se sabe qué pasará con el norte de África ni con China. Dudas y más dudas.

Y como las dudas cotizan al alza, el medio plazo de la economía española esta plagado de reformas, apenas estructurales, o que se desinflan como la del mercado de trabajo. El escenario es oscuro y pesimista. Y así, no debe sorprender que las agencias apliquen a todo cuanto ven una nota. Mala, por supuesto.

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