edición: 2596 , Jueves, 15 noviembre 2018
25/02/2011
BELVEDERE

La AEB achica el mercado, una dificultad añadida para que las cajas busquen capital

Alfonso Pajuelo

Miguel Martín, presidente de la patronal bancaria, es decir, de los bancos, a los que habrá que añadir la mayor parte de las cajas antes de un año, ha dejado una magdalena envenenada. No está muy claro si es una nueva vuelta de tuerca a favor de sus asociados y en detrimento de las cajas -una actitud ya contrastada por las manifestaciones de varios bancos, especialmente de los dos grandes, en repetidas ocasiones- o simplemente es una especie de ironía lindante con el sarcasmo. Decir en estos momentos que los bancos necesitarán ampliar capital para comprar cajas es prácticamente anular las posibilidades de estas de salir al mercado para captar fondos. No hay ni tiempo, ni recursos ni la más mínima predisposición. La AEB ha puesto en alerta a los inversores con la guinda de los bancos.

Puede que sólo sea una forma de estrechar el cerco a las cajas al ponerlas en la tesitura de pensar muy seriamente en las oportunidades reales que tendrán de apelar al mercado ya que estas además de competir entre si tendrán que hacerlo con los bancos, o por lo menos así lo pensarán los inversores tras el comentario de Martín. Una piedra más en el camino de las cajas. No recuperados del mensaje envenenado, se dan cuenta que van a tener muy limitada su influencia en la fijación de precios de sus acciones cuando las emitan.

Tampoco hay que sorprenderse, mucho menos escandalizarse, por la postura de los bancos, al fin y al cabo hacen lo que es lo propio en una economía de mercado: aprovechar la debilidad del competidor. Además, se esfuerzan en asegurarse de que ese competidor va a quedar lo suficientemente tocado como para dar un salto cuantitativo sustancial a un coste limitado. Si el Gobierno ha decidido reajustar el sector bancario prescindiendo de las cajas y así reducir el número de entidades -excesivo ahora- pues debe ser bien recibido. Pero no hay que discriminar y hay que dotar al proceso de la trasparencia necesaria.

No obstante, la presión de los bancos parece un tanto excesiva y da la impresión de que quieren hacer leña de las cajas para recoger las astillas a precio de desperdicio. Y eso no es. Son demasiados los mensajes devaluadores, la generalización como método de acoso, el golpeo machacón. Podría dar la impresión de que tal y como se desarrollan los acontecimientos hay un acuerdo no explícito entre los bancos y el Gobierno para repartir el botín. No lo creo pero indudablemente lo parece. Otra cosa es que el Gobierno cuente con los bancos para “solucionar” el problema, o una parte de él, manteniendo un control opaco sobre el resultado final de la operación. Sería una operación selectiva. Quizá por eso las cajas se han puesto de uñas y se les ha encendido el pelo con el proceso de valoración porque eso podría ser a mayor abundamiento de lo anterior.

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