edición: 2366 , Lunes, 18 diciembre 2017
11/12/2009
Con el puzzle de las cajas sin resolver, la patronal bancaria ya ve “posibles” operaciones

La AEB pone en marcha la ‘nueva ola’ de fusiones bancarias

El Banco de España contará con nuevas normas de intervención financiera
Juan José González

El escenario se parece demasiado. Hace 21 años un ministro de Hacienda anunciaba que el Gobierno daría el aval necesario para iniciar un proceso de concentración en el sector financiero. Sucedía el evento tras el crash bursátil de octubre de 1987, momento en el que el precio de los bancos daba rienda suelta a cualquier tipo de operación hostil o amistosa. Entonces había un plan, un eje sólido que estaba dispuesto a poner en marcha y culminar una reconversión bancaria con todas las de la Ley, no había oposición al plan y el eje Moncloa-Alcalá-Cibeles contaba con todas las papeletas para llevarse el gran premio. Incluso, se contaba con un informe que a modo de coartada iba a jugar el papel de argumento técnico e independiente en todo el embrollo previo a las fusiones; era el informe de Revell, de Jack Revell, especialista en los ‘procesos industriales’ de reconversión financiera.

Y siendo cierto que el paisaje de 2009 se da un aire al de aquel año, también es cierto que ni Elena Salgado es Carlos Solchaga, ni Miguel Ángel Ordóñez es Mariano Rubio, ni José Luís Rodríguez Zapatero es Felipe González. Vamos, que hoy, con un mismo problema, la necesidad de llevar a cabo fusiones que eviten disgustos, no hay eje ni Revell, pero los precios de los bancos están a tiro, especialmente los medianos, y la necesidad de cambiar el tamaño, por mucho que el presidente del Gobierno diga que no ve una banca de mayor tamaño, no la discute ya nadie. Incluso los banqueros en el escenario son otros, aunque Emilio Botín repita en esta ocasión. En 1987, había banqueros ‘buenos’ y banqueros ‘malos’, y hoy sólo hay uno ‘muy bueno’ y el resto ‘buenos’. No hay ninguno ‘díscolo’, al menos identificado.

Contando con que el tiempo es el idóneo y las características de la obra son similares, la preocupación que asalta ahora a los implicados en los procesos de fusión, es el procedimiento, el método, la fórmula o el cómo se va a llevar a cabo el proceso de fusión. Temores razonables habida cuenta de las actuaciones preceptivas del Banco de España en el caso de Caja Castilla-La Mancha, en el que al final debió intervenir el Tesoro Público con un aval para mantener a la caja con respiración. La intervención del Banco de España en la CCM demostró que el mecanismo actual de intervención y de mediación no sirve. Y es posible que tampoco sirvieran ni los mecanismos ni aquellas normas que en 1987 fueron útiles para hacer una ‘revolución’ en el sector.

En ese proceso de fusiones bancarias, es posible que el secretario general de la AEB no le asista toda la razón al asegurar que las autoridades –Banco de España- cuentan para el proceso de reestructuración con las normas “genéricas” que se aplican a cualquier entidad, sean cajas o bancos. Sea como fuere, los servicios jurídicos de Economía estarán dándole vueltas a una norma más específica que evite, entre otras cosas, la convocatoria extraordinaria del Gobierno en un Consejo de Ministros para dar el visto bueno a una intervención.

La patronal bancaria AEB ve "perfectamente posible" que se den fusiones entre bancos, pero más que posible es que desde hace meses, varias entidades se encuentren en conversaciones muy avanzadas. Cuando la AEB asegura que ve “posible” que se den fusiones es porque se supone que quiere dar a entender que son más que probables, pues ya se sabe que con las normas en la mano y las voluntades de los implicados, son posibles hasta ocho fusiones en el sector, y todo en aras a que consideren que están mejor juntos y que “la salida de la crisis pasa por la consolidación del sistema financiero”, en palabras de Pedro Pablo Villasante, secretario general de la asociación de bancaria.

Lo cierto es que la AEB ha dado hoy un pequeño gran paso pero de enorme trascendencia, al hablar claro sobre tamaños, rentabilidad, competidores, consolidación, integración, economías de escala y acuerdos, algo así como el vocabulario preciso para llevar a cabo una reestructuración del sistema bancario en toda regla. De la misma forma lanzó el mensaje directo a varias entidades que se saben destinatarias del mismo, aludiendo a que “no tiene sentido económico recapitalizar entidades sin viabilidad; mejor aprovechar los fondos para reformar el sistema resultante y ayudar a otras entidades que puedan minimizar el coste de las que desaparezcan”, razonamiento que el sector acepta como expresión de sentido común.

Quizás una crítica leve a la AEB se pueda centrar en la demora en reconocer explícitamente la posibilidad de que se produzcan operaciones corporativas en el sector financiero, que afecten a los bancos. Un poco tarde para dar un impulso al proceso de reestructuración bancaria, casi a la misma velocidad que el Ejecutivo tardó en reconocer que la economía española estaba en crisis.

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