edición: 2619 , Miércoles, 19 diciembre 2018
30/11/2009
La contaminación atmosférica en el punto de mira

La Agencia Europea de Medio Ambiente se alía con Microsoft para crear un observatorio virtual acerca de la calidad del aire

La aplicación pretende sentar las bases para proteger la salud pública e informar a los ciudadanos
Unas 370.000 personas fallecen cada año en Europa por enfermedades derivadas de la contaminación atmosférica
Logo de la Agencia Europea de Medio Ambiente

Beatriz Lorenzo
Asma, bronquitis, ataques al  corazón o enfermedades pulmonares son las nocivas consecuencias de la contaminación atmosférica que convierte al aire que se respira en Europa en un elixir más mortal que vivificante. A pesar de las normativas severas en materia de emisiones, a pesar de la toma de conciencia acerca de los peligros del cambio climático, la contaminación atmosférica es cada vez más una amenaza para la salud pública en el viejo continente. Según datos proporcionados por Bruselas, unas 370.000 personas fallecen de forma prematura cada año en Europa a causa de la mala calidad del aire (en España, se calcula que unas 16.000). Las partículas PM2.5, de menor tamaño, son muy perjudiciales para la salud, especialmente para las personas con problemas respiratorios. Y las PM10, pueden causar asma, problemas cardiovasculares y otras enfermedades más dañinas para las personas. En aras de proporcionar una información transparente y actualizada a los ciudadanos, la Agencia Europea de Medio ha consolidado con Microsoft una alianza de cinco años para desarrollar una aplicación online, Eye on Earth, que proporcione información acerca de la calidad del aire de las distintas zonas de Europa. La idea es crear una especia de observatorio virtual, una herramienta que estará disponible para expertos, políticos y particulares, y permitirá a los ciudadanos presentar datos locales, ofreciendo una imagen aún más detallada, precisa y actualizada de las condiciones ambientales en Europa. Además de los datos casi en tiempo real sobre el grado de contaminación atmosférica en las distintas regiones europeas, la aplicación presenta información acerca de la calidad del aire en toda Europa.

Por lo general, los contaminantes del aire se clasifican en partículas suspendidas (polvos, gases, neblinas, humos), contaminantes gaseosos (gases y vapores) y olores. Las técnicas actuales suelen medir la concentración de partículas en el aire a través de dispositivos de muestreo de tamaño específico.

No es la primera vez que Bruselas toma cartas en el preocupante asunto de la contaminación atmosférica. En los años 90 nacía APHEIS, un programa europeo diseñado para proporcionar a los responsables de la toma de decisiones, a los profesionales de la salud ambiental y, en general, a todos los ciudadanos europeos información más completa, actualizada y sencilla sobre contaminación atmosférica y su impacto en la salud pública, y entre cuyos mayores logros estuvo la creación de cinco grupos asesores en los campos de salud pública, evaluación del impacto sobre la salud, epidemiología, evaluación de la exposición y estadística. Estos grupos trazaron las directrices para la implantación del sistema de vigilancia y el desarrollo de un protocolo normalizado para la recogida y análisis de datos.

Pero a pesar de que la contaminación procedente de la industria y el sector del transporte empeoran la calidad del aire en los países desarrollados, las economías emergentes tampoco se libran de este problema global estrechamente ligado al cambio climático. La Organización Mundial de la Salud ha elaborado varias guías de prevención cuyo fin principal es proteger la salud pública de los efectos de la contaminación del aire y eliminar o minimizar la exposición a contaminantes peligrosos. Las Guías se han elaborado para ayudar a los gobiernos en la preparación de sus normas legales de calidad del aire y para orientar a las autoridades y profesionales de la salud y el ambiente que se encargan de proteger a la población de los efectos perjudiciales de la contaminación del aire.

INFORMACIÓN Y PROTECCIÓN, LAS CLAVES

La nueva aplicación de la Agencia Europea de Medio Ambiente pretende constituir el cimiento para proteger la salud pública de los efectos adversos de los contaminantes ambientales y para eliminar o minimizar los contaminantes conocidos o probablemente peligrosos para la salud y el bienestar humano.  Como actuaciones paralelas, se recomiendan la provisión de información y orientación a los gobiernos para que tomen decisiones sobre la gestión de riesgos, en particular, al momento de establecer normas.

En todo caso, la contaminación atmosférica no se detiene ante las fronteras nacionales; es un problema que debe abordarse a escala internacional. El Convenio de las Naciones Unidas sobre la contaminación atmosférica transfronteriza a gran distancia (Convenio LRTAP) acordado en 1979 ha sido ratificado por 51 países y forma la base de la lucha internacional contra la contaminación atmosférica.

Paralelamente, la UE ha desarrollado políticas que limitan las emisiones totales de cada Estado miembro, estableciendo límites legalmente vinculantes. La «Directiva sobre techos nacionales de emisión» (NECD) es una política clave de la UE. Establece «techos» o límites para cuatro contaminantes: dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno, compuestos orgánicos volátiles no metánicos (COVNM) y amoniaco. Los Estados miembros deben ajustarse a estos topes hacia 2010.
La AEMA considera que es necesario continuar reduciendo las emisiones para proteger adecuadamente el medio ambiente y la salud. Un análisis de la AEMA sobre los datos más recientes de la NECD  revela que 15 Estados miembros incumplirán por lo menos uno de sus cuatro techos; otros 13 prevén incumplir los techos para los 2 contaminantes nitrogenados NOX y NH3.

A nivel europeo, destaca la Directiva NEC, que se refleja en directivas de calidad del aire que fijan valores límite y objetivo para los principales contaminantes atmosféricos. En abril de 2008 se adoptó una nueva, la Directiva «Una atmósfera más limpia en Europa» (CAFE). Por primera vez se fijan límites legalmente vinculantes para concentraciones de PM2,5 (partículas finas), que deben alcanzarse en 2015. Además, la Comisión Europea expedienta a los países que han incumplido los límites anteriores y, en los casos en que no se han definido medidas suficientes para mejorar los resultados, ha incoado procedimientos de infracción.

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