edición: 2616 , Viernes, 14 diciembre 2018
20/12/2016
banca 
Repunte en octubre

La alta morosidad sugiere que antes de fusionar bancos hay que solucionar el problema

La venta de optimismo económico, como cada final de año, no se corresponde con el estado de salud del crédito
Juan José González
Una visión positiva de la evolución de la morosidad en los balances bancarios a tenor de la última cifra publicada esta semana por el Banco de España, correspondiente a octubre pasado, llevaría a interpretar y dar por buena la ratio del 9,27% al entender que se mantiene en el entorno del 9%, muy lejos ya del 13,6% de récord histórico de hace exactamente tres años. Incluso habría que valorar en la misma línea el dato de octubre en la medida que supone el octavo mes seguido que se mantiene por debajo del 10%. Sin embargo, no puede ser positiva la visión si se tiene en cuenta que la principal carga heredada en el capítulo de la morosidad bancaria corresponde al crédito inmobiliario, pesadilla permanente de los balances financieros que, como se está comprobando pueden llevarse por delante a una -o a más de una- entidad. Tampoco resulta muy edificante pensar que la morosidad vaya a regresar a niveles del 3% o del 5% mientras el crédito al ladrillo siga tan deprimido como la actividad inmobiliaria.
Menos estimulante aún resultaría si, como todo parece indicar, los tipos de interés comienzan a subir en los próximos meses, puesto que, como consecuencia directa e inmediata, el encarecimiento del crédito podría estar asegurado, algo que, salvo tirón de la economía -reactivación- difícilmente se producirá. Es otra vez la pescadilla del crédito y la morosidad, que se mantendrán en la misma posición, mordiéndose la cola y además sin posibilidad de cambio a corto plazo. La cifra de morosidad de octubre varía al alza levemente, pero siembra la preocupación en tanto que se corresponde con una caída continuada del crédito también en octubre, detalle que puede considerarse aún más grave en la medida en que la reducción de crédito, medida en tasa anual, retrocede nada menos que un 4,8%.

Algunas entidades bancarias han comenzado a echar las campanas al vuelo para dar a entender a la clientela que la crisis inmobiliaria es un asunto del pasado, que la economía española crecerá en 2016, más que ninguna europea, y que se mantendrá así, con avance suficiente, en los dos próximos ejercicios como base de justificación para la demanda de crédito. La `venta´ de optimismo coincide, sin embargo, con la parte final del año, próximo el cierre de cuentas y los trabajos de balance. Es el momento en el que casi a la desesperada tiene lugar un último intento, en el sprint final de diciembre, para reordenar las carteras de crédito.

Pero en estas carteras se encuentra el problema: los préstamos hipotecarios que en su día estaban asignados a la promoción de viviendas que la burbuja frenó en seco. Desde entonces, el grueso de los 118.000 millones de euros que faltan en los balances bancarios espera la llegada de una recuperación de la demanda que a su vez está pendiente de una reactivación de la economía. Difícilmente sin recuperación económica ni recuperación del empleo se puede producir una recuperación de la demanda de crédito, tampoco del sector inmobiliario y la morosidad de la banca no podrá bajar del 9%.

En cualquier caso, la leve subida de la morosidad desde el 9,212% de septiembre hasta el 9,269% de octubre, no puede considerarse que rompe la estabilidad de los últimos meses, pero sigue llamando la atención porque fija en cerca de 118.000 millones de euros (50 millones más que un mes antes) el volumen de activos irrecuperables del sector financiero (bancos, cajas y cooperativas) una cantidad que los expertos estiman que debería ser menos de la mitad. En esta ocasión no lo dice el Banco de España, que tiene por costumbre hacer sus valoraciones a través de sus boletines económicos, sino las propias entidades financieras.

No es asunto que lleve camino de solventar ni la actividad económica de baja intensidad, como la que se prevé para los dos próximos años, ni tampoco vayan a arreglar las fusiones bancarias futuras, pues además de que la morosidad (la inmobiliaria en especial) es una barrera de difícil superación en cualquier proceso de fusión, no es precisamente de los capítulos que se puedan considerar como generadores de sinergias positivas, sino más bien todo lo contrario. Habrá que buscar alguna solución, algo en lo que andan muy ocupados últimamente el Banco de España y el ministerio de Economía.

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