edición: 2597 , Viernes, 16 noviembre 2018
23/10/2008
La Casa Rosada hiere de muerte al mercado de capitales

La amenaza del ‘default’ se cierne otra vez sobre Argentina

Los Kirchner rematan el purgatorio argentino con el tridente de la revolución de las pensiones
Kirchner le sujeta el palo a Kirchner
Ana Zarzuela

Se ha sentido Alicia en el país de las Maravillas, pero la presidenta se estrella con la verdad en el espejo: muere por dinero fresco para los alardes ante el Club de París, los desconchones del gasto público y las urgencias electorales peronistas. Tanto que es capaz de poner a sus ansias a bailar con la sombra del 'default'. Los Kirchner han querido maquillar las grietas con el color de las administradoras de fondos de pensiones. Cualquier bolsillo es bueno si, como éste, promete darle 15.000 millones de pesos en un año. Aunque haya que montarse en el caballo de la guerra contra el mayor inversor institucional y el cliente más fiel del mercado local. Pero el empeoramiento del riesgo país hasta los 1.700 puntos, los bonos a precios de liquidación -con tasas de retorno cercanas al mismo 30% de 2001- y los temblores del Merval -que se deja un 50% en el año- redefinen las líneas rojas de la desconfianza. Y es que a los ojos de analistas, bonistas e inversores, las urgencias sólo arrojan más luz sobre las grietas que la Casa Rosada trataba de esconder: el pánico de las bolsas, la incertidumbre de cuatro millones de pensionistas y la fuga de capitales. Un modelo fallido sobre el que ya hace semanas se dispararon las alertas: el milagro que Néstor Kirchner prometió está atrapado en el purgatorio de su sucesora. Y cava el foso de su laberinto con cada palada nacionalizadora, ahora que los tres motores de su nave -el consumo interno, el superávit comercial y el gasto público- dan señales de ahogo.

Los Kirchner pretenden hacer de la necesidad de dinero su virtud política. Se han convertido en los jardineros de una estrechez de fondos para el Estado cada vez más difícil de saciar, ahora que promete satisfacer a los bonistas  por la puerta del triunfo del pago a tocateja y a toda velocidad. Liquidez para la caja del poder, que hacía aguas por el apretón fiscal. Y para la hucha del fervor peronista, que se nutre de la euforia de obras públicas en municipios y provincias y un tsunami de publicidad. El año que viene, el Gobierno enfrenta obligaciones de deuda por 20.000 millones de dólares y, ni sus promesas al FMI ni la decisión de reabrir el canje de los bonos de los tenedores que no aceptaron la propuesta de Lavagna parecen suficientes para destrabar el grifo de los mercados de crédito internacionales. Menos aún ahora.

La crisis global no ha hecho más que llover sobre mojado en un laberinto acotado por el descenso del precio de las commodities -sobre todo la soja y el petróleo- el fracaso del plan para incrementar las tasas a la exportación, la merma de los ingresos fiscales, la escasez de recursos productivos y la ‘euforia’ del gasto público. El jardín de la voracidad fiscal y la caza de recursos por parte del Estado han germinado. La fuga de capitales y desvalorización de las empresas han impactado sobre una tasa de inversión a duras penas sostenida por el Estado a través de la obra pública. Desde el corralito en adelante, la bancarización en el país se tornó lenta y no llegó a formarse un mercado crediticio de plazo y condiciones que alienten la entrada de inversiones. La relación entre los préstamos y el PIB es del 13 %, muy lejos aún del 21 % de México, al 33 % de Brasil y al 55 % de Chile. Y hasta las estadísticas de inflación, pobreza y producto bruto interno siguen bajo sospecha en un reino del que los Kirchner han querido escapar por el atajo de la renacionalización de las pensiones, pero que amenaza con conducirlos, de nuevo, al foso de las zozobras.

Las promesas de cancelación de la deuda con el Club de París, lejos de mostrar la superación de los límites argentinos, han puesto en un nivel superior los condicionamientos con el capital financiero. El golpe de timón no cambia el ritmo ni la dirección final de la nave económica argentina, por mucho que queme el carbón de los 47.000 millones en reservas del Banco Central con una pérdida del 20% de su músculo en seis meses. El pago al contado supone una sangría para las reservas en divisas, reduce la liquidez internacional de Argentina y apunta al ‘enfriamiento’ de la economía al que el gobierno se resiste. Como prueba, el clamor del propio presidente del Banco Central, Redrado, por un ajuste fiscal. Además, a Cristina Fernández le esperan aún sobre la mesa los acuerdos con los bonistas que no entraron en la negociación en 2004 -unos 30.000 millones más-. Y casi un 40% de la deuda se ajusta por la inflación, el principal indicador (el del Indec) que genera sospechas: mientras el Gobierno dice que se ubica en un dígito anual, los analistas privados sostienen que supera el 20%. La reducción de la liquidez cuando se le pagó al FMI estaba compensada, potencialmente, por la posibilidad de emitir más pesos a cambio del ingreso de nuevos fondos de afuera.

ATRAPADA EN SU CONDENA

Dice el defensor de los jubilados que la nacionalización de las AFJP será como el zorro cuidando de las gallinas. Sólo el 23% del medio millón de afiliados que retuvieron las AFJP cobraba íntegramente sus jubilaciones. El resto eran compensadas con fondos del Estado. Pero, con su iniciativa, la Casa Rosada reedita un ´deja vu´ que ya llevó a los pensionistas a entregarles al Estado el 65% de sus aportaciones a cambio de la promesa de un CER -coeficiente de estabilización de referencia- que nunca llegó y se perdió con una inflación aún nebulosa. Y a las aseguradoras, a comprar bonos públicos que acabaron en el default. En el pecado, la Casa Rosada llevará la penitencia. Sacrifica el futuro en el altar del presente. Si la medida prospera, el Estado se hará con un flujo mensual de unos 1.000 millones de pesos y del fondo que administran las AFJP por unos 97.000 millones. Pero se perderá parte de las colocaciones: el 55% de las carteras está invertido en títulos públicos.

La Casa Rosada hiere de muerte al mercado de capitales y a la Bolsa de Comercio. Las AFJP capturan el 95% de las emisiones de obligaciones negociables, el 75% de las acciones, el 50% de los fideicomisos y el aumento de los depósitos. Le pone al cuello el collar de la ineficiencia a unas pensiones que gozan de una importante liquidez por los aportes mensuales de sus afiliados, tras cinco años de crecimiento del empleo. Y a partir del momento que se apruebe el cambio de sistema, el Estado será socio del sector privado, aún a costa de golpear en las espaldas de algunos de sus aliados, como los Wertheim.

Hay carreras en Buenos Aires. El oficialismo está decidido a no prolongar el debate de esta iniciativa: la próxima semana arrancará la labor en las comisiones de Previsión y de Presupuesto para llevar la iniciativa al recinto de la Cámara baja en dos o tres semanas más. Luego, será el turno del Senado, para ultimarlo antes de fin de año. Kirchner tiene de cara el viento de los sindicatos- aunque alguno se pilla los dedos en las pensiones- el colchón de 145 escaños  y el huracán de la necesidad. Pero hasta el Partido Radical abandona una de sus banderas históricas, con tal de no verla empuñada en manos de Cristina Fernández.  Si repite el efecto Cobos- que dio al traste con la guerra del campo– y el Congreso no avala su huída hacia delante, la presidenta pagará la factura por partida doble.

MODELO FALLIDO

Cristina Fernández pasó de ser una primera dama de porcelana a llevar -al menos de cara a la galería- las riendas de un ‘tango furioso’. Pero la gaucha se enreda de nuevo en su lazo. Ni la inercia de un crecimiento mucho menor de lo esperado, ni el salvavidas ahora desinflado del mercado internacional de las materias primas parecen suficientes para evitar que, por esta ruta, la economía encalle a medio plazo. ´Cuesta abajo’, como en el tango. Sus apuros y las presiones globales prometen adelantar el seismo argentino, que muchos analistas locales anunciaron para 2009.

El cocktail de las turbulencias y sus efectos sobre la confianza de consumidores e inversores prometen empujar más a la aeronave gaucha por los cielos del agravamiento de los problemas inflacionarios, la dependencia de las importaciones, el estrangulamiento de las arcas públicas y la desconfianza de las multinacionales. Para una presidenta que dejó de lado los planes para atraer inversiones y salir a ganar nuevos mercados, los daños al ‘milagro argentino’ van mucho más allá de la guerra de las ASJP y la psicosis entre consumidores y pensionistas. Con el lastre del ranking de riesgo- país más alto de la región, baila con los peores fantasmas que heredó, en un terreno de juego acotado por el populismo al que da cuerda a golpe de consumo interno y gasto público. Apuros para los inversores y el sector empresarial. Malos augurios para el capital, que desde hace más de tres meses busca la puerta de atrás del ‘quilombo’ argentino camino de otras fiestas en la región.

No es sólo la popularidad de la presidenta la que ha caído más de 40 puntos en lo que va de año. Ni es Standard & Poor’s el único que descontaba, ya antes de la arremetida al sistema de pensiones, que el paquete de políticas económicas de los Kirchner no hace más que acrecentar la posibilidad de que continúe el aceleramiento de la inflación, debilite la cohesión social y genere- paradojas del peronismo- una mayor intervención directa del gobierno en la economía.  Un modelo recalentado, muy dependiente del consumo y el precio de las materias primas, ligado al intervencionismo, que alimenta la economía y trata de ponerle coto al alza de precios a golpe de subvenciones, restricciones a la exportación y precios bajo control. El país se encuentra en peores condiciones para consolidar su crecimiento que otras economías emergentes, la tasa de inversión pública no supera el 23% del PIB, ha desaparecido el superávit energético y no será fácil mantener la actual política de subsidios cruzados. La desaceleración del sector productivo ha comenzado a dejar huella: la brecha de crecimiento entre la demanda y la oferta de bienes alcanzó un 2% del PIB y ha entregado al país en brazos de las importaciones. A la vista del limitado acceso al mercado de capitales por parte del Gobierno, la capacidad de la economía para amortiguar un potencial ajuste en la demanda doméstica parece bastante restringida. Y es que la barra libre de los Kicrhner comienza a escasear.

PRUDENCIA ESPAÑOLA

La presidenta argentina entona el mantra de la seguridad jurídica para las empresas españolas, pero su revolución del sistema de pensiones agita las aguas ya oscuras que separan a Buenos Aires y Madrid. Francisco González se consuela. Pero es mucho más que el 0,01% de los beneficios del BBVA lo que cercenan lo Kirchner con la estatalización de Consolidar. Quizá Cristina Fernández no lo sabe, pero con su arremetida a FG le ha amargado la fiesta del Plan Global de Ecoeficiencia, la  recomendación de Morgan Stanley, la paz bursátil y la corona del liderazgo latinoamericano en pensiones. Los taconeos de su tango no están solos en las zozobras de las pensiones latinas de FG. Sigue los pasos de Evo Morales en Bolivia, que en 2007 ordenó comenzar la nacionalización de la cartera de pensiones del BBVA a cambio de nada. 

La presidenta argentina, que debía aterrizar en octubre en un viaje de Estado por tierras ibéricas, evita España. La escasa presencia en la Conferencia Mundial de Petróleo de Madrid de agosto, los desencuentros con  Marsans y los torpedos a la línea de flotación de Telefónica son las ‘pruebas del nueve’ de que la sintonía con la que  era acogida por Zarzuela y Moncloa hace más de un año, esa empatía con la que trataba de pasar página a los desencuentros de Néstor Kirchner con las multinacionales, tiene ahora más de una grieta en el edificio de las inversiones españolas que han hecho de Argentina el primer destino americano de sus euros  (26.000 millones en los últimos 15 años), pero que cubren cada vez con más prudencia su presencia en la tierra del tango.

Desde el burladero, las compañías españolas dosifican la prudencia ante un baile que ya les cobra el castigo bursátil en el Ibex y el Merval. Telefónica, dispuesta a exigir una subida de tarifas, aguanta la pinza de los Werthein sobre las espaldas de su matrimonio con Telecom Italia. Y Endesa –con Edesur en cuarentena tras meses de azote kirchneriano- aprieta los dientes ante una zozobra energética que tiene otros padres. Repsol se cubre las espaldas de YPF en la ‘argentinidad’. La petrolera se ha tenido que acostumbrar a bailar el tango más apretado con Cristina, ahora que Enrique Eskenazi y el manto de los Kirchner le ponen música. Ya hace meses que pesca en las aguas de su vis más argentina, con los resultados, los aliados, la liquidez para diversificar sus inversiones. Y la expectativa de las provincias petroleras, que han comenzado a tenderle la alfombra roja con la concesión para la construcción del gasoducto de Neuquén y el coqueteo al desembarco en sus acciones, al que a pesar de las distancias, no se resisten.

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