edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
16/11/2010

La anulación de la Cumbre Euromediterránea, otro fracaso del modelo de cooperación multilateral

Pedro González
El presidente Rodríguez Zapatero, cuya política exterior tanto fía a una instantánea fotográfica, no tendrá finalmente la que buscaba con Barack Obama en Barcelona con ocasión de la Cumbre Euromediterránea. Una cita, prevista en principio para el pasado 7 de junio, aplazada después al 21 y 22 de este mes de noviembre, y finalmente descartada ante la certeza de que mantener su convocatoria hubiera desembocado en una frustración aún mayor que el hecho mismo de no celebrarla. Ni siquiera el rescatado Moratinos ha podido convencer a sus ex colegas de Exteriores de Francia y Egipto de la utilidad de viajar y reunirse en Barcelona. El encargo de Zapatero de salvar la cumbre era una operación en pos del lustre que pudiera obtener de una hipotética asistencia del presidente norteamericano, que ha de viajar a la cercana Lisboa en  las fechas inmediatamente anteriores  para las cumbres de la OTAN y de la Unión Europea.

Los ímprobos esfuerzos desplegados tanto por Moratinos como por buena parte de la diplomacia española para salvar la cita de Barcelona no solo no han conseguido el objetivo perseguido por Zapatero sino que ha dejado en el ambiente serias dudas sobre la continuidad misma de la Unión para el Mediterráneo, una institución que el presidente francés, Nicolás Sarkozy, se inventó en principio para rebajar las aspiraciones de Turquía de integrarse plenamente en la UE, y a la que España se sumó de inmediato para intentar resucitar así el denominado Proceso de Barcelona, surgido como consecuencia de la cumbre sobre Oriente Medio celebrada en Madrid a comienzos de los años noventa.

El entusiasmo que en su día despertó la instauración de aquel proceso se desvanecería pronto, tanto por el estallido de la segunda intifada palestina como por la guerra de Irak y su más que controvertida ocupación. Lo fundamental tanto en el Proceso de Barcelona como en la UpM era la puesta en marcha de un modelo de cooperación multilateral extensa, en el que la gran novedad era la participación teórica de socios enfrentados: Israel y los palestinos; Marruecos y Argelia, que se observan con desconfianza y rehúsan de facto apoyar un foro del que están convencidos no van a sacar nada positivo para sus respectivos intereses. España había puesto asimismo no solo gran parte de sus diplomáticos a trabajar en esta área sino que también aportaba la sede de la Secretaría de la UpM –el Palacio de Pedralbes- y una buena porción de los 14,5 millones de euros que costaba mantener tal engranaje, a cuyo frente se halla todavía el jordano Ahmed Jalaf Masade, acompañado de cinco secretarios adjuntos, procedentes de Italia, Grecia, Turquía, Malta e Israel.

Todos ellos están de brazos cruzados por una simple cuestión de procedimiento: son los 43 países miembros de la UpM los que en teóricas reuniones semestrales han de aprobar las prioridades estratégicas que impulsen la acción del Secretariado. Pero como los ministros árabes no quieren sentarse a la misma mesa que su homólogo israelí, tales reuniones no se celebran, lo que hace que languidezca la propia institución. Tanto es así que, en estos tiempos de crisis, algunos países preconizaban la supresión pura y simple de la misma, o cuando menos se negaban de hecho a aportar sus propias cuotas. Moratinos ha intentado salvar la existencia al menos del Secretariado en Pedralbes, proponiendo un presupuesto para el mismo de seis millones de euros anuales frente a los 14,5 millones anteriores. Aún así, es dudoso que los árabes aporten algo. Aunque no sea una gran cantidad, es probable que el grueso de la misma corresponda finalmente a España y quizá a Francia, aunque la remodelación ministerial emprendida por Sarkozy es posible que también encierre cambios de estrategia, incluida una reducción sustantiva de su cuota.

El contencioso israelo-palestino es, pues, el principal obstáculo para un entendimiento global euromediterráneo. Así ha quedado también de manifiesto en el encuentro que reunió en Alicante durante un largo fin de semana a los principales periodistas y corresponsales especializados en la zona de España, Israel y Palestina. Un esfuerzo encomiable el acometido por parte de Casa Sefarad y Casa Mediterráneo porque representantes israelíes y palestinos de la sociedad civil, además de los españoles, entrecruzaran sus puntos de vista. Al cabo de muchas horas de diálogo quedó patente que la categoría intelectual y personal no basta para desatascar un conflicto en el que se observan posiciones cada vez más alejadas. Para un observador que pretenda ser neutral, la conclusión final es decepcionante. Del lado palestino crece el sentimiento de victimismo y de asfixia, pero aún más el de que su causa conmueve cada vez menos al mundo árabe que podría calificarse de moderado. Del lado israelí aumenta asimismo la sensación de aislamiento frente a unos vecinos de los que desconfían acepten sinceramente su derecho a la existencia y a vivir en paz. Es más, aún cuando no dudan en absoluto del carácter inquebrantable de su alianza con Estados Unidos no acaban de estar seguros de que Obama les respalde por completo. En consecuencia, la siguiente conclusión derivada es aún más pesimista: el conflicto es cada día que pasa más irresoluble.

De momento, el Gobierno de Benjamin Netanyahu va a culminar con éxito otro de sus golpes de efecto: a cambio de prolongar 90 días más la moratoria para ampliar los asentamientos en Cisjordania, Estados Unidos le facilitará una remesa de aviones caza F-35, los más modernos y caros (3.000 millones de dólares la pieza, incluido su sofisticado armamento) de que disponen las fuerzas aéreas americanas. Una manera hábil de testar a la vez varias cosas: la fidelidad de Washington a su alianza, la capacidad palestina para encajar esta nueva maniobra diplomático-comercial, y observar la reacción que todo ello produce en el principal motivo de inquietud actual para Israel, el Irán de Mahmud Ahmadineyad.

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2018 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...