edición: 2388 , Viernes, 19 enero 2018
05/09/2014
LA OREJA DE LARRAZ

La apertura de la puerta del avión marcará, a partir de ahora, el momento de llegada del vuelo a efectos indemnizatorios

Javier Ardalán

La hora de llegada efectiva de un vuelo corresponde al momento en que se abre al menos una puerta del avión. Tan sólo en ese momento puede determinarse la magnitud del retraso a los efectos de una posible indemnización, según determina una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), de 4 de septiembre de 2014.

Las compañías aéreas venían defendiendo hasta ahora que el momento de llegada efectivo de un vuelo es el del momento en que las ruedas del avión toman contacto con el suelo de la pista de aterrizaje o, en otros casos, defienden que ese momento llega cuando la aeronave llega al punto de aparcamiento, previo a la apertura de la puerta.

La sentencia razona que  durante el vuelo, los pasajeros permanecen confinados en un espacio cerrado, bajo las instrucciones y el control del transportista aéreo, donde, por razones técnicas y de seguridad, sus posibilidades de comunicación con el mundo exterior se encuentran considerablemente limitadas. Por ello, en estas circunstancias, los pasajeros se ven en la imposibilidad de gestionar sus asuntos personales, familiares, sociales o profesionales.

El ponente, el magistrado Malenovský, considera que si bien tales inconvenientes deben considerarse inevitables siempre que el vuelo no exceda de la duración prevista, no ocurre lo mismo en caso de retraso, habida cuenta, en particular, de que los pasajeros no pueden utilizar ese ‘tiempo perdido’ para alcanzar los objetivos que los motivaron a elegir precisamente ese vuelo. Por lo tanto, el concepto de ‘hora de llegada efectiva’ debe entenderse en el sentido de que corresponde al momento en que se pone fin a la citada situación de inconveniencia.

La situación de los pasajeros de un vuelo no cambia sustancialmente cuando las ruedas del avión tocan la pista de aterrizaje ni cuando el avión alcanza su posición de estacionamiento, pues los pasajeros siguen estando sujetos a varias limitaciones confinados dentro del espacio cerrado en el que se encuentran. En principio, los pasajeros sólo pueden reanudar sus actividades habituales en el momento en que se les permite abandonar el aparato, y en el que a tales efectos se ordena abrir las puertas del avión.

De las consideraciones anteriores se desprende que los artículos 2, 5 y 7 del Reglamento nº 261/2004 deben interpretarse en el sentido de que el concepto de «hora de llegada», utilizado para determinar la magnitud del retraso sufrido por los pasajeros de un vuelo, corresponde al momento en que se abre al menos una de las puertas del avión, al entenderse que en ese momento se permite a los pasajeros abandonar el aparato.

 El magistrado considera que esta conclusión no queda desvirtuada por el hecho de que varios reglamentos europeos, así como determinados documentos de la Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA), se refieran al concepto de «hora de llegada efectiva» como la hora a la que un avión alcanza su posición de estacionamiento. En efecto, los reglamentos y documentos mencionados persiguen objetivos relativos a las normas de navegación aérea y, en particular, a la atribución de normas horarias, objetivos que son diferentes de los del Reglamento nº 261/2004.
 
En consecuencia, concluye que las definiciones que contienen no pueden considerarse
pertinentes para la interpretación de los correspondientes términos en el contexto del Reglamento nº 261/2004, el cual, por su parte, tiene exclusivamente por objeto reconocer derechos mínimos a los pasajeros que sufren diferentes inconvenientes debido a la denegación de embarque contra su voluntad o a la anulación o el retraso de su vuelo.

El recurrente considera que se llegó al destino final con un retraso de más de 3 horas con respecto a la hora de llegada prevista hasta el momento de la apertura de las puertas. Por lo tanto, entendía que tenía derecho a una indemnización sobre la base de los artículos 5 a 7 del Reglamento nº 261/2004.

Por el contrario, la compañía entendía que, al ser la hora de llegada efectiva la hora a la que las ruedas del aparato tocaron la pista de aterrizaje del aeropuerto de Colonia/Bonn, el retraso con respecto a la hora de llegada prevista fue solamente de 2 horas y 58 minutos, de modo que no debía pagar indemnización alguna. El Tribunal comunitario le ha dado la razón.

A partir de ahora, a efectos indemnizatorios, el momento que cuenta es el de la apertura de las puertas.

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