edición: 2600 , Miércoles, 21 noviembre 2018
21/05/2010
Gestión responsable

La armonización del capital social y económico de las compañías cuenta con un creciente apoyo institucional

La Federación de Analistas Europeos recomienda que los informes financieros incluyan datos de responsabilidad social y medioambiental
Beatriz Lorenzo

Durante décadas, la vertiente económica de las compañías y su desarrollo social y medioambiental han seguido caminos divergentes, opuestos en muchas ocasiones, como respuesta a la creencia errónea de que solamente las inversiones económicas procurarían suculentas cuentas de resultados capaces de satisfacer a los accionistas voraces y a los directivos afanados en las prácticas cortoplacistas. Durante décadas -y sólo en los mejores casos- las compañías se acostumbraron a atender por separado, de forma completamente fragmentada, a las dimensiones social y económica de la empresa, relegando a la primera de ellas a campañas aisladas, programas de tinte filantrópico o –en los casos más desafortunados- mero barniz sin un trasfondo real. 

La crisis económica y de confianza que ha sacudido los cimientos del escenario económico moderno ha conseguido lo que parecía imposible durante los años de bonanza: elevar la Responsabilidad Social Corporativa al limbo de las herramientas de gestión con un gran potencial para favorecer el crecimiento y la supervivencia a largo plazo de la compañía.  En este sentido, son cada vez más los expertos que se muestran firmes al respecto, y autores como Kirchnher proponen incluso que “la  gestión social debe incluir un proceso de diagnóstico-organización-decisión de alternativas-ejecución y controlanálisis de rentabilidad e inversión”, fusionando así del modo más estricto posible las dimensiones social y económica de la compañía.

Es por lo tanto cada vez más evidente que una asunción coherente y meticulosa de los principios de Responsabilidad Social supone para la empresa una considerable disminución de los costes vinculados a los riesgos inherentes a comportamientos sociales irresponsables, a la vez que crea reputación y aumenta el atractivo de la empresa a la hora de atraer y retener la mejor fuerza productiva para la compañía; todo ello sin contar con que las compañías con buenas prácticas pueden beneficiarse del acceso fondos de inversión institucional socialmente responsable.

INCLUSIÓN RESPONSABLE

Así las cosas, cada vez proliferan más las medidas institucionales para armonizar la gestión responsable con la puramente económica; recientemente la Federación Europea de Sociedades de Analistas Financieros (EFFAS) y DVFA, la sociedad de inversores profesionales de Alemania, han recomendado a las empresas que incluyan datos sobre responsabilidad social, medioambiental y buena gestión en sus informes financieros, haciendo hincapié en este punto en el borrador de la última edición de la guía elaborada por ambas organizaciones sobre la inclusión de datos sobre responsabilidad social y medioambiental en los informes financieros:“KPI’s for ESG-A Guideline for the Integration of ESG into Financial Analysis and Corporate Valuation” (Indicadores Clave de Desempeño para Responsabilidad Social y Medioambiental: Directrices para la Integración de la Responsabilidad Social y Medioambiental en el Análisis Financiero y la Evaluación Corporativa).

En el ámbito español, en el marco de la Unión Europea (UE), la Asociación Española de Contabilidad y Administración de Empresas define la RSC como el compromiso voluntario de las empresas con el desarrollo de la sociedad y la preservación del medio ambiente, desde su composición social y un comportamiento responsable hacia las personas y grupos sociales con quienes se interactúa que centra su atención en la satisfacción de las necesidades de los grupos de interés y que va más allá del mero cumplimiento de la normativa legal establecida y de la obtención de resultados exclusivamente económicos a corto plazo. Durante los últimos años España ha sido testigo de la proliferación de numerosas iniciativas-la mayor parte de índole privada- que ponen el acento sobre todo en los ámbitos de normalización y certificación, haciendo un esfuerzo especial por integrar la Responsabilidad Social en las organizaciones.  Tales son los casos de las normas de gestión ética gestadas en el seno de Forética (Foro para la evaluación de la gestión ética), el “Código de Gobierno de la empresa sostenible” de Fundación Entorno, IESE y PricewaterhouseCoopers o la norma UNE del Comité Técnico de la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR).

LA “TRIPLE BOTTOM LINE”

Aún así, tanto en España como en el resto del mundo, la relación entre sostenibilidad y resultados financieros sigue estando poco clara para muchos altos ejecutivos. Una reciente encuesta llevada a cabo por Economist Intelligence Unit, de The Economist, revela que sólo el 24% de los ejecutivos entrevistados a nivel mundial creen que existe una fuerte relación entre los resultados financieros y el compromiso con la sustentabilidad a corto plazo (1 o 2 años). Asimismo, el 69% cree que la relación será más fuerte en un mediano plazo (5 a 10 años), y que las compañías están adoptando los principios de la sustentabilidad en sus políticas y prácticas. La encuesta, auspiciada por Enel y llevada a cabo en diciembre de 2009 y enero de 2010 a más de 200 ejecutivos, quería investigar como las compañías ven el concepto de sustentabilidad y cómo están incorporando sus principios en las operaciones diarias. El estudio define sustentabilidad como la forma de operar que permite preservar el medioambiente y el bienestar de la sociedad a largo plazo.

Así, para el modelo de integración social y económica por antonomasia, la”Triple Bottom Line”; la integración es un concepto clave. La estrategia de negocio no va de la mano de un programa de responsabilidad social, sino que ambas se fusionan, se alinean, se enraízan como piedras angulares del core business. Como las tres patas de un trípode, las dimensiones social, financiera y medioambiental soportan de forma equitativa el peso de la compañía. La primera de ellas promueve la calidad de vida de sus empleados-en su dimensión interna-y contribuye al bienestar del país o la comunidad donde la empresa actúa- en su dimensión externa. La segunda se encarga de maximizar los resultados económicos a largo plazo, y la tercera no solo trata de paliar el impacto de las operaciones y los productos de la empresa en el medioambiente, sino que va más allá para crear valor ambiental reparando en la medida de lo posible los daños al ambiente causados en el pasado.

Así pues, no cabe duda de que la conocida premisa del economista Milton Friedman “ the business of business is business” , está cada vez más desfasada. La estrategia empresarial, el “negocio” miltoniano, ya no se basa solamente en los beneficios y el paradigma de que el éxito económico es excluyente con el bienestar social y ambiental, está ya superado. Los empresarios más exitosos del siglo XXI serán aquellos que entiendan cómo trabajar en tres dimensiones al mismo tiempo, en lugar de escoger en qué dimensión- financiera, medioambiental o social- trabajar en cada momento. La simiente lleva una década fructificando; en 1999 una encuesta de Mercer/Angus señalaba que el 30% de los gerentes entrevistados escogían “el aumento de la rentabilidad” como su primera prioridad, una elección que ha dado un giro de 180 grados.

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