edición: 2640 , Miércoles, 23 enero 2019
02/09/2011
Dotado con 440.000 millones aportados por los países miembros

La Autoridad Bancaria Europea estudia una propuesta para recapitalizar a la banca

El presidente de la EBA darñia una primera versión del proyecto la próxima semana
Andrea Enri, presidente de EBA
Carlos Schwartz

La Autoridad Bancaria Europea (EBA por sus siglas en inglés) elabora una propuesta para facilitar la recapitalización de los bancos de la Unión Europea que se basa en una ampliación de las capacidades del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera creado para dar ayuda financiera a los países con problemas de deuda y financiación de su déficit. El FEEF programado inicialmente como un mecanismo transitorio hasta la materialización del Mecanismo de Estabilidad Europea en 2013 está dotado con recursos por 440.000 millones de euros aportados por los países miembros en forma de avales y recursos. El proyecto de la EBA intenta aportar un mecanismo que facilite los procesos de recapitalización “en momentos en que la obtención de recursos propios a largo plazo a través de los mercados de capitales se ha hecho crecientemente difícil para los bancos de la UE. La preocupación de la EBA es allanar la obtención de recursos de muy largo plazo”, de acuerdo con una fuente bancaria en Londres donde está domiciliada la Autoridad Bancaria Europea.

De acuerdo con dicha fuente el presidente, Andrea Enria, y funcionarios de la EBA darían una primera versión de su proyecto a autoridades de la UE la semana próxima. La fuente señaló que el proyecto ha sido motivado por los ataques que las acciones de los bancos europeos han sufrido a lo largo del mes de agosto de forma más aguda pero que soportan desde hace meses al socaire de la crisis de la deuda pública en los países de la periferia del euro. La deuda pública de esos países, entre ellos España, forma una parte sustancial de los activos en manos de los bancos de Europa. A mediados del mes de agosto los ataques contra las acciones bancarias arreciaron y los fondos de dinero estadounidenses literalmente dejaron de prestar dinero a los bancos europeos que se vieron obligados a tomar dinero del Banco Central Europeo (BCE) contra sus activos para convertirlos en dólares. El coste de esta operación era de entre 80 y 85 puntos básicos.

El coste punitivo del BCE para los swaps en dólares es del 1%, con lo cual el coste de mercado de los recursos en dólares para los grandes bancos europeos se aproximó peligrosamente al precio de “castigo” del BCE. Los bancos quedaron seriamente urgidos por sus necesidades de refinanciación de las operaciones en dólares que son tradicionalmente alimentadas por los fondos de dinero estadounidenses. Ha sido esta tensión severa de liquidez en dólares de los bancos europeos lo que ha llevado al presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, a expresar a mediados de agosto su preocupación por la buena marcha de las filiales en Estados Unidos de los bancos europeos. El siguiente personaje de este drama en hacer su aparición en escena ha sido la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, que el 27 de agosto en una aparición pública en la cumbre de la Reserva Federal en Jackson Hole, Estados Unidos, abogó por una recapitalización masiva de la banca europea con el objetivo de crear una muralla protectora para la banca ante la crisis de la deuda de la UE.
La reacción no se hizo esperar y Jean Claude Trichet, el presidente del BCE así como algunos funcionarios de la UE declararon que la banca esta lo suficientemente capitalizada en Europa. Pese a estas afirmaciones, la incertidumbre sobre la deuda sigue determinando el temor a que la crisis acabe arrastrando a la banca. El problema de fondo es la perspectiva de que haya una suspensión de pagos en alguno de los países de la zona del euro, o que un proceso de reestructuración de deuda pública en los países de la periferia del euro acabe degradando los activos de los bancos que deberán entonces asumir pérdidas por sus carteras de deuda pública.

Sin embargo la propuesta que está estudiando la EBA, quien ha tenido a su cargo las pruebas de esfuerzo de la banca europea cuyos resultados fueron anunciados en el mes de julio, corre el riesgo de chocar frontalmente con las autoridades de la UE y con el Consejo Europeo. El primer problema que se presenta es obtener unanimidad para ampliar los objetivos del FEEF que por definición fue creado para ayudar a países y no a bancos. Si se tiene en cuenta que el fondo logró un acuerdo político consistente en el Consejo Europeo recién en julio pasado tras meses de peroratas sin mayores consecuencias por parte de los líderes europeos, parece poco probable que la propuesta de añadir la atribución de ayudar a la recapitalización de los bancos tenga viabilidad a corto plazo. El regulador del sector financiero de Alemania, BaFin, se opuso a este mecanismo durante esta semana y se manifestó en contra de que el FEEF pueda inyectar capital en forma directa a los bancos.

El FEEF de hecho solo puede canalizar dinero hacia los estados miembro de acuerdo con la estructura que se le ha dado en julio pasado. Este es un tema que ya se ha suscitado a lo largo de este año en los debates en torno a la constitución del Fondo de Estabilidad ya que un grupo de países era partidario de aportar recursos a un fondo común en lugar del sistema de avales, de forma de poner una masa de dinero a disposición del FEEF. Una de las fórmulas en torno a este objetivo era la emisión de bonos de la UE para financiar al FEEF. Las propuestas iban dirigidas a evitar el problema que podría plantear en el futuro, no necesariamente ahora, una crisis de deuda por parte de alguno de los países miembros del fondo lo que anularía la vigencia de sus avales.

En cualquier caso la decisión por parte de la EBA de intentar zanjar las dificultades de la banca para obtener recursos propios a muy largo plazo -es decir capital- pone de relieve que los efectos de la crisis de la deuda no han pasado. Finalmente hay un sector del sistema financiero que pretende que el FEEF se convierta en una versión europea del TARP, el programa del Tesoro estadounidense destinado a adquirir activos tóxicos de la banca. El debate soterrado sobre estos temas en el seno de la UE pone de relieve que el temor a que los ataques contra la banca se mantengan en el tiempo está a la orden del día. Sin lugar a dudas lo que alimenta esos temores es la conciencia de que los problemas de deuda pública, el temor a la posibilidad de impago, siguen vigentes y están muy lejos de haberse disipado. Mientras, hay que conceder, la marcha es lenta y engorrosa en la UE. El segundo plan de ayuda a Grecia sigue sin cerrar.

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