edición: 2560 , Lunes, 24 septiembre 2018
05/12/2017
Coyuntura económica

La baja inflación, último obstáculo que frena las operaciones empresariales

La subida de precios es la asignatura pendiente de la economía, el revulsivo que esperan los inversores
Juan José González
Empresas, entidades financieras y los grandes inversores esperan con impaciencia en este tramo final del ejercicio la presentación de resultados, seguros de las buenas cifras de beneficios cosechas a lo largo de un año de expansión económica, ventas y nuevos contratos. Siguen atentos a la evolución de las divisas, dólar y euro muy sujetos a los riesgos políticos internacionales. Las Bolsas reflejan la bonanza que, en términos generales reportarán ganancias en los mercados con economías desarrolladas. Pendientes del cierre anual se encuentran hoy operaciones empresariales, fusiones y adquisiciones que se podrán conocer en la primera parte del próximo año. El nuevo ejercicio, sin embargo, va a estar marcado por varios cambios, hoy incógnitas, procedentes de EE UU y Europa. Se mantienen las variables económicas tradicionales; beneficios, rentabilidad, productividad, empleo, deuda, stocks, precios de las materias primas... Mientras que las consideradas nuevas variables, aunque ya cuenten con cierto volumen, no reúnen todavía el consenso necesario para ser consideradas como variables independientes y autónomas, caso de las ventas online. Todos los agentes económicos siguen pendientes de la normalización de los tipos de interés y siguen atentos la evolución de los precios, de la inflación, al parecer, la variable que sí determinará en los próximos meses la dirección de los mercados financieros.
La evolución de los precios -la inflación- se ha convertido en el principal actor del escenario económico. El precio del dinero, la política monetaria y las principales decisiones políticas dependen hoy de la evolución de la inflación. Para los bancos centrales se diría que es la principal, la preocupación de mayor peso para tomar decisiones. La elaboración presupuestaria, anual, o los objetivos de déficit de los Estados se fijan en la evolución del índice de precios como un elemento básico, o criterio a tener en cuenta, es el catalizador que va influir en la mayor parte de las medidas de política monetaria que van a adoptar los Gobiernos de cara al próximo año.

La inflación es hoy la referencia que condiciona el nivel de los salarios, históricamente bajo, de la misma forma que la inflación se mantiene históricamente baja. La situación económica en EE UU, en expansión, al tiempo que se producirá el cambio al frente de la Reserva Federal, parece servir de argumento para un cambio en la política monetaria y, en consecuencia, en un cambio de tendencia en los precios. La reacción que estaría a punto de ofrecer los mercados de renta variable en la primera potencia mundial, apuntan a un avance controlado de la inflación al que le seguirían también los salarios.

En Europa puede suceder otro tanto, con economías que viven en un entorno de inflaciones del 0% al 1,5%, se considera que el nivel es demasiado bajo como para permitir un mayor crecimiento de la economía. Tanto en EE UU como en Europa la variable inflacionaria parece ser hoy una asignatura controlada por los Gobiernos pero cuya persistencia en el tiempo ya comienza a mostrar los primeros síntomas de desgaste, toda vez que aumenta la presión salarial. Tan controlada en EE UU con un 2%, como en la Eurozona con el 1,5%, todavía a medio punto del objetivo del banco central.

El escenario que se dibuja ahora, en la recta final del año, muestra algunos síntomas que deben preocupar a los inversores. En primer lugar, el retraso en la recuperación de los salarios, en los últimos tiempos, siempre detrás, o por debajo, del ritmo de la expansión económica. En este sentido, los agentes económicos, conocedores de las posibles tensiones laborales, han reconocido una desaceleración en el crecimiento salarial que a la postre repercutirá en el consumo. Si a la precariedad del mercado laboral se une el problema de los productores de petróleo, con precios bajos y elevados stocks de producto, la dificultad para que la inflación alcance los objetivos fijados por los bancos centrales será cada vez mayor.

Convertida la inflación en la variable estrella a vigilar, en tanto que salarios y precios de las materias primas se mantienen sin tensiones, con los tipos de interés también a la espera, puede decirse que los inversores sólo tienen que seguir la evolución de los precios para confirmar las decisiones pendientes, invertir o desinvertir. De ahí que la inflación, persistentemente baja, sea hoy favorable para la buena marcha de los mercados de renta variable pero que, con el tiempo, cuando alcance la inflación el objetivo fijado del 2%, puede convertirse en el principal problema. Aunque en realidad, la inflación, la asignatura pendiente, vaya a ser probablemente el único revulsivo para los inversores, del que dependerán la mayoría de las operaciones empresariales que hoy esperan a que se despeje el horizonte.

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