edición: 2616 , Viernes, 14 diciembre 2018
02/05/2012
Una situación crítica que no se puede mantener por tiempo indefinido

La balanza de pagos de España pende del hilo de las transferencias financieras del BCE

La salida de capitales acumulada en enero-febrero de este año fue de 30.891 millones de euros, comparado con 75.307 millones de euros en todo 2011
Carlos Schwartz

Una vez más la financiación recibida del eurosistema salva la cuenta financiera de la balanza de pagos y la posición de inversión internacional de España. Sin el aporte de los recursos del Banco Central Europeo (BCE) canalizados por el Banco de España (BdE) la balanza de pagos se hubiera hundido por falta de financiación. Esto se debe a que la salida de capitales acumulada en enero-febrero de este año fue de 30.891 millones de euros, comparado con 75.307 millones de euros en todo 2011. En enero-febrero de 2011 esa cuenta arrojó un superávit de 15.503 millones de euros. El deterioro se registró en 2011 a partir de mayo, aunque se recuperó circunstancialmente en junio, para seguir barranca abajo a partir de entonces. El año pasado la salida de capitales, es decir el déficit entre ingresos y pagos para ser más exactos, acumulada fue de 75.307 millones de euros a raíz de que cinco sobre los doce meses del año tuvieron un superávit significativo. No parece que en 2012 vaya a haber meses con superávit. Este año, como el anterior, es el flujo de capital canalizado por el Banco de España lo que enjuga los déficit de financiación de la balanza de pagos. Esta es una situación crítica que no se puede mantener por tiempo indefinido.

El déficit por operaciones no financieras de la balanza de pagos sigue siendo alto. El acumulado enero-febrero en 2012 ha sido de 11.612 millones de euros que es resultado de la suma del déficit comercial más la pérdida de rentas y las transferencias negativas, atenuados por los ingresos por servicios, es decir esencialmente turismo y viajes. El déficit por operaciones no financieras debe enjugarse con otros recursos disponibles. Esos recursos son las operaciones financieras. Pero ocurre que las operaciones financieras de la balanza de pagos de España se hunden si no es por la financiación que se recibe por la vía del BdE mediante el sistema de pagos intracomunitarios denominado Target que efectúa pagos en moneda de los bancos centrales del eurosistema. La feliz sonrisa del ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schauble, en Santiago de Compostela mientras respaldaba las medidas del Gobierno junto al ministro de Economía Luis de Guindos tienen una sencilla explicación. Buena parte de la financiación recibida vía BdE procede de los excedentes alemanes del Bundesbank. Cuanto más feroz la consolidación fiscal en España menos recursos de Alemania se necesitarán en el futuro... si es que el país aguanta el ajuste. Cosa harto dudosa.

El BdE canalizó del eurosistema en los primeros dos meses de 2012 en total 36.447 millones de euros. A esta cifra hay que sumar “Otros activos netos” del banco por 2.574 millones de euros y restar 182 de reservas, para totalizar 38.839 millones de euros. Como la salida neta fue de 30.891 millones de euros, el saldo ha sido un superávit de 7.948 millones en la cuenta financiera de la balanza de pagos. Pero este superávit es dinero que supone flujos internos de la unión monetaria europea, y por lo tanto se le debe a esta. Es decir que España tiene un colosal problema de financiación internacional.

Mientras las cuentas muestran de un lado el respaldo que supone la unión monetaria europea (UME), lo que se oculta es que ese respaldo se extiende de mal grado por parte de los países con excedentes como Alemania, Holanda o Finlandia. Que es una financiación inestable y precaria, y que está políticamente condicionada. La única otra salida desde luego, sería una devaluación de la moneda que provocara un flujo de capitales hacia España al abaratar los activos locales, encareciera las importaciones y abaratara las exportaciones, generando ingresos por la balanza comercial, y apalancara los ingresos por servicios que se pagarían en monedas más fuertes. Como España forma parte de la UME eso no es posible. Así, que de acuerdo con el actual equilibrio de poder dentro de la Unión Europea y el Consejo Europeo, a nuestro país le toca pagar ese tributo con un plan de estabilización en los términos planteados por los acreedores que no quieren seguir financiando la crisis de la periferia europea, tras haber obtenido considerables rentas de las operaciones comerciales y financieras con estos países durante el periodo de prosperidad.

El Gobierno está acosado por este problema, y entre sus previsiones no está la de intentar un incremento de la actividad económica reemplazando con inversión pública la retracción de la actividad privada. Tampoco orientar en la economía nacional un incremento de la productividad por la vía de una mejora de la composición técnica del capital.

Es decir una mejora de los sistemas técnicos que incremente la productividad del trabajo algo que permitiría aumentar el radio de acción de las exportaciones del país. En lugar de ello se ha centrado en forzar una reducción de los costes laborales. El problema de las exportaciones españolas no son los costes laborales por unidad producida. En todo caso lo que hay es una retracción en la demanda de los mercados terminales de los productos de exportación. Y aun a pesar de ello las exportaciones han mostrado cierto crecimiento lo que pone de relieve que se está ganando cuota de mercado. En todo caso sería necesario incrementar el número de empresas dedicadas a la exportación de bienes y servicios, mejorar su base técnica y mejorar la competitividad de las empresas en el mercado interior. La cuestión no es el aplanamiento de los sueldos, al menos de acuerdo con los datos macroeconómicos disponibles. Pero mientras estos desajustes se resuelven, el problema central de la economía española en este momento es el cuello de botella de la financiación. Generar una corriente de capital capaz de financiar la balanza de pagos que independice al país de los flujos del BCE.

La reanudación de este flujo privado depende de las posibilidades de crecimiento de la economía española. El programa de austeridad que el Gobierno acaba de enviar a Bruselas bloquea cualquier posibilidad de crecimiento económico en el corto plazo, y es posible que incluso en el medio plazo, a menos que hubiese una inesperada y enérgica recuperación económica internacional. Esta última posibilidad no parece formar parte del escenario. Por lo tanto si las cifras se mantienen así nos espera lo peor. Sobre todo porque el intento de resolver la cuestión por la vía de la austeridad creará una mayor dependencia de los flujos externos en un proceso que se retroalimenta. Al igual que caen los ingresos fiscales en un escenario de recesión agudizada por la austeridad presupuestaria.

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