edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
10/04/2014
El BCE sobre recapitalización

La banca debe financiarse más en los mercados y olvidarse de las ayudas públicas

El examen de la calidad crediticia puede obligar a las carteras con mayor morosidad a buscar capital adicional
Juan José González

El Banco Central Europeo se pone en marcha para colocar a la banca europea al examen de la calidad de los activos, las célebres pruebas, o test de estrés que esperan 138 entidades financieras de la Unión Europea. Y ha comenzado con el epígrafe o la zona quizás más delicada de los balances del negocio bancario: los créditos. Es la noticia adelantada al inicio de la semana por una autoridad del BCE y que cifraba en 200.000 operaciones de préstamo que serán verificadas por los poco más de cinco mil auditores externos. Navegarán por un océano de 3,78 billones de euros, una cantidad representativa para sacar alguna conclusión acerca de la calidad y estado de situación de los créditos. Y será el propio banco central el que escoja y seleccione los expedientes de crédito de forma aleatoria sobre la cartera total de cada una de las entidades que pasará el examen.

Es un ejercicio muy arriesgado, una especie de ruleta rusa a la que se enfrentan las entidades, como también parece ser un ejercicio en modo apresurado y en forma de golpe. Por tanto, temor a que la muestra aleatoria que salga de la singular elección, puede resultar una catástrofe para algunas entidades, y entre ellas, las que sufren mayor tasa de morosidad.

El trabajo se intensifica a medida que se consumen las fechas de las pruebas de estrés, o exámenes al sector financiero europeo, y que va a llegar a cabo el Banco Central Europeo. La institución reconoce que se dan numerosos problemas en las economías de la Unión Europea que justifican el trabajo previo -examen de la calidad de los activos- para pasar a continuación a realizar las pruebas de resistencia, y donde ya intervendrá la Autoridad Bancaria Europea. Pero el sector no ha reaccionado bien a la estrategia del BCE al estimar que el análisis de las operaciones supone, en la práctica, algo similar a una selección de entidades con vistas a formar tres grupos o clases de entidades financieras, en función de su mayor o menor calidad de los activos. 

Si el examen tiene ese significado, la preselección de las entidades según el criterio de la calidad de los préstamos puede ser un varapalo, o la primera en la frente, para una buena parte de los bancos españoles, aquejados del mal típico de una crisis económica y financiera: la morosidad. Según este criterio, es probable que a las entidades españolas les toque en gracia el segundo grupo de bancos de la Unión Europea, es decir, aquellos con negocio al alza e inmersos en operaciones corporativas, pero con gran capacidad de endeudamiento. Y la que presenten las españolas no será una foto ni buena ni limpia puesto que la tasa media de mora ya se mueve por encima del 15%.

Otro asunto que incomoda particularmente a las entidades españolas, aunque la sensación es compartida por el resto de países, es la celeridad y prisas con las que se piensa acometer este proceso de examen de los activos. El BCE alude a que se trata de un trabajo previo y externo y que por esta razón se contratarán a cerca de 5.500 auditores: porque la metodología para medir y analizar la calidad crediticia por el sistema de muestras, requiere especialistas y trabajo en tiempo récord. Por tanto, peligro de que un exceso de velocidad en las pruebas deje pasar por alto algunos detalles que sí detectaría el análisis habitual, también más lento. 

Dos asuntos más son los que preocupan a los grandes bancos: la fuga de información como consecuencia de "un exceso de transparencia", y las posibles sorpresas sobre las necesidades de recapitalización, lo que puede forzar a algunos de ellos a recurrir a fondos privados para cumplir con el nivel indicado de capital. Sobre el primero de ellos -la información- el BCE garantiza que el trabajo de los auditores externos estará seguido muy de cerca por los técnicos del banco nacional o autoridad bancaria local. Sobre el segundo existe la convicción de que la coyuntura económica se corresponde con unos mercados financieros más receptivos a la aportación de fondos, en este caso, al sector bancario. Esta visión positiva de los mercados financieros por parte de las autoridades del BCE son interpretadas, sin embargo, como un mensaje al sector para que, de ahora en adelante, en caso de necesidad de recursos extra piensen más en los mercados y menos en la petición de auxilio, a las ayudas públicas, una puerta que cada día parece estar más cerrada.

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