edición: 2747 , Miércoles, 26 junio 2019
02/09/2014

La banca duda de la recuperación y ralentiza el crédito

Los grandes bancos se muestran reticentes sobre la capacidad del Gobierno para mantener el crecimiento de la economía
El crédito para las empresas sigue sin fluir
Juan José González

A las malas cifras de la exportación -la ralentización de las economías europeas- se suma la escasa capacidad de creación de empleo y las también escasas cifras de inversión. En principio, el sector bancario se adelantó con un compromiso con la recuperación del crédito, la apertura del grifo, al entender que la economía comenzaría una fase claramente expansiva y que el Gobierno sería capaz de potenciar y sostener en el tiempo. Se habló, incluso, de una `guerra´ o carrera para conceder créditos a pymes, autónomos, comercios y emprendedores, la considerada como base empresarial del país. Santander, Caixabank, Sabadell, BBVA, Bankia... habían comprometido casi 90.000 millones de euros en nuevas inversiones. Es lo que se podía leer a la altura del mes de abril en sus mensajes a accionistas e inversores, destinados sobre todo, a la captación de clientela. Y, en efecto, el grifo funciona, pero en régimen de cuentagotas: se estima que sólo se ha concedido menos de la mitad de lo `comprometido´.

El Gobierno estaba convencido de que los mensajes de los principales banqueros se cumplirían y que, por tanto, la recuperación estaba servida. El ministro de Economía Luis de Guindos apostaba como nunca a que la concesión de créditos, la inversión bancaria en empresas, autónomos y comercios, tendría efectos inmediatos en la actividad económica y en la calle, en el público, en los particulares. Se había bautizado también la iniciativa bancaria como una nueva `guerra del crédito´. Unos más agresivos que otros lanzaban al aire cifras esperanzadoras sobre la recuperación, la apertura final del grifo, intenciones de inversión crediticia que iban en aumento conforme se acercaba la presentación de resultados (anuales de 2013 y trimestrales de 2014). 

El Banco Santander, fiel a su línea tradicional de agresividad verbal, aseguraba que superaría los 32.000 millones de euros en inversiones en el segmento que considera como tejido empresarial básico (pymes, autónomos, comercios y nuevas empresas). Banco Sabadell dijo  contar con poco más de 14.000 millones de euros para crédito empresarial, en su mayor parte dirigido a las empresas pequeñas. Incluso Bankia se atrevía con nada menos que 11.800 millones de euros de crédito nuevo para pymes y autónomos. BBVA prometía 100.000 millones de euros de nuevo crédito, de los que cerca de 30.000 millones serían destinados en exclusiva a pymes, y Caixabank, con propuestas más razonadas y atinadas que sus competidores señalaba estar dispuesta a destinar entre 10.000 millones y 15.000 millones de euros a los segmentos de autónomos y pequeñas empresas.

Pero de la teoría, de los anuncios y proclamas públicas, se pasa a la práctica y se comprueba que el crédito, a estas alturas del ejercicio, septiembre 2014, parece estar demandando un freno, un parón temporal (`biológico´) porque las expectativas de la economía no se corresponden con las valoraciones políticas como tampoco con la demanda que se esperaba fuera en aumento y en consonancia con las expectativas. La conclusión que se puede obtener tras comprobar la concesión de crédito bancario (nuevo y al segmento de pymes, autónomos y comercios) es que lejos de dispararse la inversión crediticia, tan sólo registra un ligero avance, una ruptura de la tendencia, respecto a la de 2007, primer año de la crisis. 

Podría decirse que el crédito tan sólo intenta desperezarse a tenor de los datos publicados por el Banco de España, que si bien muestran una recuperación en la demanda de créditos de menos de un millón de euros, no deja de llamar la atención que esta, insuficiente, se produzca tan sólo en los primeros seis meses del año, lo cual parece reducir las esperanzas de que el crédito finalice el ejercicio por debajo del año anterior. Unas expectativas, preocupantes, que ya deberían estar provocando alguna reacción en el Gobierno, antes de que sea demasiado tarde como para maniobrar y poder lanzar alguna iniciativa para que la banca reconduzca el crédito a los sectores productivos de la economía.

La necesidad de las entidades por obtener rentabilidad en áreas de negocio diferentes al crédito hipotecario, junto a la mejora de la solvencia en la demanda, están ayudando a que el crédito se muestre más interesado por la economía productiva, en terminología vulgar, a la economía real. Esta parece ser una de las exigencias del Banco Central Europeo hasta fin de año. Sólo resta que las entidades financieras lo vean así de claro.

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