edición: 2558 , Jueves, 20 septiembre 2018
04/02/2016
banca 
Indicadores al límite

La banca encaja mejor la incertidumbre del petróleo

Menos costes energéticos, baja actividad crediticia y caída del valor bursátil
Juan José González
Cunde el pesimismo, alimentado a diario por la incertidumbre política que deja entrever un período largo de inestabilidad política y, por tanto, de impasse en la acción de Gobierno y Parlamento. El doble filo que exhibe el siempre afilado cuchillo del precio del petróleo parece haber comenzado a causar más daño o perjuicio, que aporte en términos de ventajas económicas y reducción de costes. Esperan los inversores que se disipe la niebla política, que el BCE colabore en marzo con las nuevas medidas prometidas oir Mario Draghi. Pero los analistas ya han comenzado a advertir ligeros cambios en los indicadores adelantados que avanzan novedades en el sentimiento de los inversores, empresas y particulares. El pesimismo aún no ha llegado al consumo privado, aunque se le espera en breve. A pesar de ello, la banca se muestra más optimista.
El foco de atención de los inversores y de las empresas se fija estos días en tres escenarios: la Bolsa, la política y los resultados empresariales. El primero de ellos parece identificado, al milímetro, con la coyuntura empresarial, marcado estas primeras semanas de enero y febrero por las presentaciones de los resultados bancarios cosechados del ejercicio pasado. El escenario político no aporta, a penas, novedades; añade más incertidumbre, si cabe, y es el espejo en el que se miran algunas de las inversiones que ahora se mantienen en posición latente. Como consecuencia, los resultados empresariales, y en particular los bancarios, hacen gala de una mayor dosis de prudencia que en anteriores ocasiones.

A la Bolsa llegan las reiteradas caídas del precio del petróleo, de modo que el mercado de acciones acaba recogiendo, por contagio directo, el descalabro de los precios del crudo. Es una situación ésta del mercado bursátil, que no parece inquietar lo más mínimo ni alterar el ritmo del escenario político, más a lo suyo que a otras variables de riesgo. Aunque es pronto para hacer un primer balance, los precios de las materias primas, en particular, del crudo petrolífero, parece haber comenzado a rebasar una línea roja donde hasta poco tiempo se situaba la mediana de separación entre beneficios y pérdidas, entre ventajas y perjuicios para la economía. La sensación de haber traspasado ese límite, está provocando el aumento de la incertidumbre.

Por si esta influencia negativa del precio del crudo sobre el mercado de acciones no fuera suficiente, los datos de previsión sobre la actividad empresarial para los próximos meses, constatan menor demanda de energía eléctrica, caída de matriculaciones de los grandes clientes (renting y leasing) y de los que la caída más reciente de enero en la afiliación a la Seguridad Social es sólo una muestra real del efecto de los precios de la energía. En resumen, son datos que muestran una ralentización efectiva del crecimiento de la economía española y que se registra en enero.

Los precios del petróleo han retrocedido hasta los registrados hace más de una década, y las cotizaciones de algunas acciones como la del Banco Santander han igualado a las de noviembre de 1996, casi veinte años de diferencia. Si el sector bancario sufre por el contagio de los precios energéticos, el sector de las empresas del petróleo es todo un espectáculo. BP, ExxonMobile, Cepsa o Repsol sufren, como ninguno, los rigores del descalabro de los precios. En esta posición se encuentran también los Estados productores de petróleo a los que dadas las circunstancias, no les compensa mantener la producción.

Los resultados empresariales, y en concreto, los correspondientes a las entidades financieras, no parecen estar recogiendo todavía los efectos (previsibles) de la coyuntura sobre la actividad empresarial: menos demanda de crédito y más incertidumbre que, sin embargo, de forma creciente, ya alcanza a las expectativas de los consumidores. Las entidades bancarias se limitan, por el momento, a lanzar mensajes de prudencia y positivos respecto a un posible escenario político adverso (con un Gobierno de izquierda) y optimistas también respecto a una futura recuperación de los precios del petróleo.

Aunque ahora mismo cuesta trabajo imaginar esa hipótesis, sin embargo, es probable que el balance entre ventajas y desventajas para la economía española, como también para las cuentas bancarias, ya se encuentre en zona claramente negativa para el crédito y para el crecimiento de la economía, lo que no resta para que el sector financiero se muestre más confiado en que 2016 será un año de oportunidades. Estaría bien que fueran más concisos y concretos.

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