edición: 2309 , Viernes, 22 septiembre 2017
10/01/2013
Linde, paupérrimo balance de siete meses

La Banca española, prueba piloto de la supervisión única europea

BdE ve muy útil la nueva supervisión para controlar a la banca mediana y pequeña
Juan José González

Mañana se cumplen siete meses desde que Luis Linde tomara el relevo al polémico MAFO en el gobierno del Banco de España, el supervisor bancario. Seguramente que el Gobernador número 69 de la historia ha dedicado estos siete meses a algo más que a recuperar el timón de un barco sin rumbo (o con rumbo, pero hacia no se sabe dónde). Sí es seguro que ha dedicado largas jornadas de trabajo, "de profundo contenido estratégico y político" -apunta una fuente- a fijar algunas pautas de actuación futura con su mentor, el ministro de Economía Luis de Guindos. Y hasta es posible que el rebote por el cabreo incontenido de los inspectores de la casa, especie de motín a bordo, tenga su origen en esa dedicación, casi en exclusiva, a subsanar las penalidades de la reforma financiera, al tiempo que preparar al Banco para su adaptación a una nueva situación -marcada por el rescate financiero- como la acordada por los jefes de la UE de unificar la supervisión bancaria. La posición oficial de las autoridades españolas, delata un cheque en blanco para que la supervisión única, aprovechando el mismo cauce del Pisuerga, utilice como banco de pruebas (o experiencia piloto) el campo de batalla de la reestructuración de la banca española.

La elección de la banca española como teatro bélico donde desplegar las actividades propias de una supervisión bancaria de verdad, de carácter impositivo frente al indicativo basado en la persuasión, parece encontrar su justificación en el reciente plan de rescate financiero. Y no sólo por la magnitud del dinero inyectado directamente a los bancos españoles nacionalizados, sino además porque se trata de recursos destinados, principalmente, a una entidad sistémica (Bankia, con activos en torno a los 305.000 millones de euros). Un préstamo que obliga a ceder numerosas contrapartidas, no sólo financieras, como son los intereses pactados (muy aceptables, por cierto) sino aquéllas que hacen referencia a las potestades del supervisor. El BCE parece haberse mostrado tan inflexible en la negociación del rescate que De Guindos no tuvo más alternativa que ceder todas las capacidades de supervisión importantes, hasta ese momento, privativas del Banco central español.

Pero ahora la situación es distinta. Si la herencia del anterior Ejecutivo -Zapatero- tiene nombre de desempleo y déficit, la del Gobernador -Ordóñez-, la tiene de negligencia o falta de acierto en el funcionamiento del sistema de supervisión. El asunto ha sido de tal calibre que las autoridades europeas, además de identificar la supervisión como una grave deficiencia del sistema financiero español, les ha dado pie a utilizarlo como argumento ideal, anillo al dedo, para que la supervisión bancaria, la vigilancia de las operaciones de los bancos europeos, pasen a dominio común, al BCE. Y así se llega a que España se convierte en el punto de partida de la nueva, y única, supervisión bancaria europea, en el campo de pruebas o experiencia piloto de la vigilancia bancaria.

La puesta en práctica de esta primera fase de control bancario centralizado (en el BCE) ha comenzado a caminar en España con el anuncio esta semana del Banco de España. La institución financiera modifica el sistema de supervisión bancaria. Una medida que afecta, en principio, a las cinco consideradas como sistémicas (Caixabank, BBVA, Santander, Bankia y Sabadell) pero que Gobernador y ministro de Economía convienen en extender a una docena de entidades más, lo que equivale a poner en supervisión `in situ´ -como destaca con reteración el BdE- al resto de la banca, entidades pequeñas y medianas. Quizás sea éste el aspecto que ha llamado al atención por su oportunismo, puesto que la `letra pequeña´ de los acuerdos con Bruselas no hacían mención alguna a las entidades menores, es decir, a las no sistémicas.

Sin embargo, y aunque en un primer momento se haga referencia a que la supervisión única debería centrarse en las de carácter sistémico, tampoco se descarta que en los próximos meses, producto de algunas de las reuniones pendientes de jefes de la Unión, fueran incluídas en la supervisión única todas las entidades con problemas financieros y de solvencia de cualquier entidad a lo largo del pasado año. Y en esta grupo se podrían contar, prácticamente, con la mayoría de las entidades españolas, entre ellas, las cajas de ahorros locales, hasta hoy supervisadas por instancias también locales y que los tiempos (y los fiascos) se han encargado de eliminar del paisaje.

Ahora bien, la nueva etapa de la supervisión `in situ´ que impone el BdE, avanzadilla, conejillo de índias o como se la quiera ver, cuenta con experiencias previas en entidades como Banco Santander y BBVA, con inspectores funcionarios `empotrados´ según el argot) desde hace años, y Caixabank, Sabadell y Popular en fechas más recientes. Como también trabajaban `empotrados´ en Bankia, en la etapa de Rodrigo Rato, y de cuya actividad se recuerda su afán por hacerse (sin éxito) con documentos de la operativa previa a la unión de las siete cajas, con los curricula verdaderos de numerosos consejeros (sin éxito) y finalmente, con las operaciones de grandes préstamos de la ya operativa Bankia. También sin éxito. De ahí que el éxito de la nueva supervisión dependa, no sólo de la voluntad política sino también de la ausencia de trabas por parte de los gestores bancarios.

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