edición: 2613 , Martes, 11 diciembre 2018
28/11/2013
Barra relativamente libre

La banca espera con escepticismo la liquidez del BCE

Las condiciones que fijará el BCE en esta tercera LTRO son las mismas que ya fracasaron en Reino Unido
Juan José González

La economía y las finanzas europeas se mantienen a la espera de la decisión del BCE para iniciar una nueva temporada de liquidez. En términos generales, se espera que el banco central cumpla con las expectativas creadas por el presidente Mario Draghi y que ofrezca otra vez barra libre al mercado. Esta vez no será como en anteriores ediciones, en la que la ronda de liquidez se extendió por tres años. Tampoco será tan libre, sino selectiva, condicionada a la posterior distribución en forma de crédito a pymes y a familias. Se quiere evitar el empacho e indigestión provocados por el billón de euros de las primeras rondas (subastas) y asegurar que el dinero no va a ser destinado a la compra de deuda o a recolocarlo en el BCE. Ahora el mensaje es que el dinero debe circular y no como en anteriores situaciones, en las que sólo cubría un camino de ida y el mismo de vuelta. Las nuevas condiciones que exigirá el banco central para utilizar la vía de liquidez, tampoco son garantía de que el crédito vaya a surgir de forma milagrosa. Las mismas medidas ya han demostrado que, con todas las precauciones, el tiro es capaz de salir por la culata.

Parece que al fin Mario Draghi pulsa la tecla correcta para reactivar el crédito. Habrá liquidez para los bancos que destinen sus fondos a las empresas, iniciativa que debe comenzar por una inyección de liquidez a largo plazo, la conocida LTRO, si bien en esta ocasión el largo plazo se quedar en doce o dieciocho meses. El movimiento de apoyo al mercado y, por tanto, a la recuperación, parece estar bien orientado en esta ocasión, con un destinatario concreto, con un objetivo razonable y en un tiempo suficiente como para comprobar los resultados de una medida de reactivación a corto. Y el éxito, en esta ocasión, vendrá dado por las cifras que dibujen el crédito solicitado y su relación con el concedido o ejecutado.

También parecen estar más claras las reglas. Los fondos recibidos no podrán ser dirigidos a la compra de deuda pública, destino mayoritario que recibieron en las dos inyecciones anteriores. Es posible, igualmente, que entonces el objetivo fuera otro, ya que las entidades bancarias estaban en posiciones de solvencia demasiado comprometidas como para mirar al crédito. Por fortuna, la liquidez o barra libre del BCE ayudó a mantener en positivo las cuentas de resultados de la banca europea. Sin embargo, y una vez saneadas, las entidades financieras se mantienen en una posición de prudencia, extremada quizás, en previsión de un nuevo giro negativo de los mercados europeos y de sus economías, aún en dudosa posición de recuperación. La muestra de la prudencia financiera es la ausencia de crédito disponible, y la dudosa recuperación se refleja en los pobres crecimientos del PIB.

El movimiento de ahora parece radicalmente distinto a los dos anteriores. Comenzará con la certidumbre temporal: se mantendrá sólo durante un ejercicio y, extraordinariamente se prolongará por seis meses. Y además contará la limitación expresa de que su destino no sea otro si no la concesión de préstamos a las empresas, por tanto, deberán centrarse en la economía no financiera.

Con todo, limitaciones y compromisos, la nueva medida de liquidez no tiene garantizado el éxito, aunque en principio sea considerada por el sector bancario como una buena estrategia para tranquilizar y estabilizar los mercados europeos. El BCE recuerda que una medida similar obtuvo un estrepitoso fracaso en Reino Unido, donde necesitaron dos meses  para comprobar que los grandes bancos no estaban dispuestos a utilizar la liquidez para financiar ni proyectos empresariales ni mercado inmobiliario. En esta ocasión, la situación económica Europea (continental) no ofrece dudas de su recuperación pero sí mantiene la incertidumbre del momento en el que puede arrancar con fuerza.

Y esta es la gran duda que mantiene el sector bancario, con una `agenda´ para el próximo ejercicio que se encuentra comprometida con los numerosos cambios normativos que esperan al sector en Europa. Un escenario en el que los bancos españoles aún estarán pendientes de `finiquitar´ la reestructuración del sector y previsiblemente en plena negociación con otros actores para reforzar la solvencia y asegurar la cuenta de resultados. Pero en cualquier caso, si la inyección que tiene previsto llevar a cabo el BCE (aún sin haber determinado su cuantía) no es atendida por la banca, difícilmente contará esta con mejores argumentos para mejorar sus cuentas de resultados, al menos no por la vía de la intermediación del negocio bancario: el crédito.

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