edición: 2847 , Viernes, 15 noviembre 2019
09/07/2014
Sede del BIS

La banca europea teme que el BIS modifique la ponderación de riesgo de la deuda pública este año

El BCE advirtió de que las próximas pruebas de esfuerzo van a excluir los riesgos soberanos de los bancos
Carlos Schwartz

El Comité de Basilea de Supervisión Bancaria, un organismo dependiente del Banco de Pagos Internacional (BIS, por sus siglas en inglés), publicó para su consulta una revisión de los requisitos de transparencia del Pilar III de las normas de riesgos de la banca internacional conocidas como normas Basilea I, II, y III. La gran banca europea mientras se revuelve con nerviosismo frente a esta revisión porque dentro de ella se incluye un incremento de la transparencia sobre las normas aplicadas a los mecanismos internos de riesgos que los bancos utilizan para el cálculo de sus requisitos de capital. Se trata en definitiva de que los bancos digan como valoran internamente sus propios riesgos, algo que no se suele transparentar. Esta revisión puesta a consulta tiene plazo para opinar hasta el 26 de septiembre. El BIS mientras, ha recordado en diciembre pasado que “es un error afirmar que las normas Basilea II y III adjudiquen un riesgo cero a la deuda soberana, tal cual se afirma corrientemente”. Recalca en este sentido que ambas normas exigen requisitos de capital “conmensurados con los riesgos de crédito subyacente”.

El BIS continúa afirmando que “en las mayorías de las jurisdicciones el tratamiento de los riesgos soberanos” se hace de acuerdo con Basilea II, que no fue modificada por Basilea III: o bien se aplican los niveles otorgados por las agencias de calificación de riesgos, o se hace mediante la aplicación de criterios de riesgo internos. Sin embargo, las autoridades de la Unión Europea han exceptuado a los bancos de la zona del euro, es decir a los que dependen del Banco Central Europeo (BCE) de aplicar calificaciones al riesgo soberano de la eurozona. Por lo cual se podría afirmar que por definición en la “jurisdicción del euro” este riesgo no se tiene en cuenta. El presidente del BCE, Mario Draghi, en una comparecencia ante el anterior Parlamento Europeo puntualizó que su entidad no asignaría una ponderación específica a la deuda soberana de la zona del euro en las pruebas de esfuerzo a realizar en 2014. Es decir que este año no existe el riesgo por parte de los análisis que harán el BCE ni la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés) de que haya una penalización por las carteras de riesgos soberanos, que son finalmente riesgos de crédito puro y duro.

Pero Draghi advirtió que: “Asignar distintos niveles de riesgo a la deuda soberana de diversos países no es una tarea del BCE. Eso deberá quedar en manos del BIS para una fecha posterior”. Sin embargo admitió que la “licencia” para depurar ese riesgo es uno de los elementos que impide que el crédito fluya hacia empresas o familias de tal forma que la liquidez que el propio BCE da al sistema acaba invertida en deuda pública, o en otros tipos de activos considerados más rentables o de menor riesgo. Pero en el propio BCE hay divergencias de criterio sobre este asunto, y el miembro del consejo ejecutivo y economista jefe del banco, Peter Praet, se ha mostrado recientemente partidario de incluir la deuda pública en las pruebas de esfuerzo, porque una decisión de ese tipo moderaría la avidez de los bancos para invertir la liquidez en más deuda soberana. Este es en parte el punto de vista del BIS que tiene previsto establecer su doctrina sobre este asunto tras el periodo de consulta para la reforma del Pilar III de Basilea. Y es precisamente este panorama lo que ha puesto sobre ascuas a los grandes grupos bancarios europeos que asientan su liquidez en deuda soberana, en especial del propio país. Uno de los sistemas con cifras récord en esta materia es el italiano con 400.000 millones de euros, aunque “el español no le va a la zaga” con sus 300.000 millones, de acuerdo con analistas del sector.

Los problemas de fondo han sido puntualizados por el BIS y hacen a la utilización por parte de los inversores de la información que el propio banco da de sí mismo al asegurar cuál es su cobertura de capital respecto de los riesgos ponderados. “La revisión propuesta tiene por objetivo amplificar la posibilidad de comparar bancos entre sí asegurando una mayor consistencia en la forma en la cual éstos hacen transparente la información sobre su exposición al riesgo. La revisión ha sido promovida por el temor a que la estructura actual de transparencia del Pilar III de Basilea no sea capaz de aportar una identificación temprana de los riesgos materiales de un banco y no conceda suficiente información como para que los partícipes del mercado puedan evaluar la adecuación general del capital de las entidades. Un objetivo particular de la revisión es que se mejore la transparencia respecto del modelo interno que el banco utiliza para calcular los requisitos de capital mínimo exigido por el regulador. Bajo el régimen revisado por ejemplo a los bancos se les exigirá que den a conocer los parámetros de los cambios en los activos ponderados por el riesgo y la previsión de desempeño de ciertos modelos del parámetro”. Es decir deberán explicar porque el nivel de activos ponderados por el riesgo que arroja su modelo interno es el que es y no es otro.

La realidad es que si se introducen en la fase dos de esta revisión normas más estrictas respecto del riesgo soberano y se establece un límite a la excepción que se puede hacer respecto de este, que como advierte el BIS no se consiente en Basilea II ni en III, pero que si hace la UE y el BCE acata, los bancos de la zona del euro deberán invertir muchos miles de millones en reforzar su capital para cuadrar una cuentas que ahora están exentas de esa obligación.

El caso español es un poco más extremo aun que el general pero también en este caso igual al italiano, aunque no respecto de la deuda soberana. Su carácter excepcional viene determinado por la posibilidad de computar en el capital algo tan traído de los pelos como los créditos fiscales que han insuflado muchos miles de millones de capital ficticio a los balances porque el Gobierno los ha avalado por decreto. El aval lo hace tolerables para Basilea III. Porque a la hora de la verdad los créditos fiscales si no tienen un aval, no constituyen dinero que pueda absorber pérdidas. Son sólo un dibujo contable. Como se ve, el Gobierno no está solo en eso de bombear aire a la burbuja una vez más. La UE le da una mano importante. Mientras, el crédito no llega a las empresas ni a las familias.

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