La banca francesa aprovecha el dinero público para salir de
edición: 2533 , Jueves, 16 agosto 2018
10/12/2008

La banca francesa aprovecha el dinero público para salir de compras

La ‘cuadra bancaria’ de Sarkozy utiliza las ventajas competitivas de las ayudas sin rubor
Sede central de Credit Agricole
Javier Aldecoa

A Francia, esto de darle ventajas competitivas a sus bancos le place. Lo hace con deleite y se pone a la Comisión y a la comisaria Kroes por montera. Y se divierte con la diferenciación entre ‘bancos buenos’ y ‘bancos malos’ porque aplica unos criterios de solvencia discutibles mientras Bruselas no le dice nada y Basilea no se pronuncia. Más ventajas. Sarkozy tiene 10.000 millones de euros -y puede llegar hasta 21.000- para recapitalizar bancos, buenos y malos, para pretendidamente animar la liquidez. Pero la realidad es bien distinta y el primer objetivo es tapar sus vergüenzas. Darle alas a los ánimos compradores de un selecto club es el segundo, dispuestos a aprovechar las grietas y los problemas de otras entidades. Va a ser difícil que los bancos franceses expliquen que ese dinero es para mejorar liquidez y llega a la calle, a las empresas.  Dice Guaino, el asesor de cabecera del presidente galo, que a grandes males grandes remedios. Y grandes oportunidades, deben pensar algunos en su ‘cuadra bancaria’.

Ya lo hizo BNP que adquirió el 75% de la sección bancaria de Fortis en Bélgica y Luxemburgo, tras recibir 2.500 millones de euros del Estado. Ahora le espera el pago, varios cientos de millones por encima de los 5.500 acordados y rematar los tientos a Bank of America. Credit Agricole ya se siente fuerte para pisarle los talones al 50% de Caceis.  Por si fuera poco, CA tiene un 20,1% de Bankinter con unas minusvalías latentes de 500 millones de euros. Sin embargo, el Banco de España le ha ampliado el plazo para poder alcanzar el 30%. Si lo hiciera, tendrían que desembolsar más de 250 millones y ya sabemos de donde saldrían. Esperemos que no.

Y Credit Mutuel, que estrecha el cerco sobre Cofidis, desembolsará 5.200 millones de euros por la división alemana de banca minorista de Citi, 400 millones más que lo previsto hace una semana. La ‘inyección’ de optimismo sarkoziano anima también a los vendedores.

Los seis grandes bancos privados de Francia se están haciendo fuertes en las grietas del dilema europeo: lograr recuperar la financiación al mercado, aún a costa de que se aprovechen de ella entidades ya deficientes. Con su ventaja competitiva los beneficiarios de las ayudas bancarias francesas digieren la nueva dosis del maná de Sarkozy y Lagarde y aguardan las reformas de la Ley de Modenización de la Economía, que -a pesar de nacer con la sombra de la ilegalización por Bruselas- entre otras cosas les permitirá acceder al llamado “Libreto A”, un producto de crédito en las condiciones más ventajosas hasta ahora reservado a la Banque Postale, a las Caisses d´Epargne y al Crédit Mutuel (el “Livret Bleu”).

Nicolas Sarkozy trata de recapitalizar sus errores a la banca nacional con 10.000 millones (pueden ser hasta 21.000), al 10% (no al 8% como le hubiera gustado al Elíseo). Y con ciertas condiciones. Eso es todo. Los seis mayores bancos privados franceses juegan las cartas de la sarkodiplomacia financiera con euros prestados. Driblan la competencia y plantan sus ‘reales’ en el tablero de las finanzas europeas. El Estado participó con 3.000 millones junto a Holanda en el rescate de Dexia y realizó en octubre una inyección de 10.500 millones en Crédit Agricole (3.000 millones), BNP Paribas (2.550), Société Générale (1.700), Crédit Mutuel (1.200), Caise d´Epargne (1.100) y Banque Populaire (950).  Los mismos que ahora mueven ya sus alfiles con los bríos de las nuevas ayudas.

BNP, el primer banco francés por capitalización, celebra el ‘souvenir’ del Elíseo con la luz verde para comprar las actividades del primer broker y los servicios de hedge funds de Bank of America y una participación de 49,99% en la unidad de gestión de activos del chileno Banco Estado. No es la única, ni la más escandalosa de sus inmersiones en las ‘rebajas’: la banca mutualista francesa, Crédit Mutuel. No ha tenido más remedio que reconocer esta semana más de 500 millones de pérdidas (sólo en septiembre) ligados a su exposición a Lehman Brothers y AIG, que le obligarán a destinar alrededor de 700 millones de euros en provisiones para 2008, un nuevo duro golpe para la entidad que ha anunciado en su actividad del centro y este de Europa un retroceso del 58% de su resultado neto.  Pero ni sus resultados ni las grietas de sus cuentas la llevan a apartar sus ojos del control de Cofidis, el líder galo del crédito a distancia. El acuerdo para esa transacción se cerró en quince días con la sociedad Trois Suisses Internacional, pero el Banco Federativo de Crédit Mutuel aguarda liquidez.

EL REGATE A BRUSELAS

La comisaria europea de Competencia, Neelie Kroes, quería acabar con el ‘efecto Sarkozy’ y el paraguas de las ayudas que acogen màs de una sospecha. La propuesta inicial pasaba por distinguir entre las entidades que están al borde de la insolvencia, las que están expuestas a la desconfianza del mercado y las que pueden ser recapitalizadas para apoyar la economía. Y pensaba exigir a todas planes de viabilidad a la Comisión en el plazo de seis meses. Pero las presiones han podido más que las advertencias sobre la distribución de dividendos por parte de los bancos que han recibido ayudas, los intereses pagados por los bancos por las ayudas recibidas y la competencia desleal al resto de los bancos europeos. A diferencia de EE UU, donde las ayudas a los bancos son concedidas por la misma autoridad económica, según los criterios establecidos en el plan Paulson, que cuenta con unos 700.000 millones de dólares (540.000 millones de euros), en Europa cada Gobierno decide la cuantía y las condiciones de las ayudas públicas. Francia ha utilizado un modelo diferente. Se ha creado una agencia pública para emitir deuda y después el importe lo distribuye entre varias entidades del país.

Kroes rinde sus sables ante Sarkozy. La Comisaria Europea ha cedido a las presiones estatales galas y la avanzadilla de François Fillon. El mecanismo impuesto por Bruselas deja claro que los fondos deben ser utilizados para el objetivo perseguido -aumentar la concesión de créditos a particulares y empresas- y ello será supervisado por las autoridades locales y nacionales. Además, los beneficiarios deberán asumir ciertos compromisos, como la limitación de los sueldos de los ejecutivos y las indemnizaciones para los directivos no podrán ser percibidas en caso de abandono voluntario de la entidad o cuando la gestión haya sido defectuosa. Pero Nicolás Sarkozy ya ha dado marcha atrás en sus férreas intenciones de reducir los ´salarios inmorales´. Ya no será seré por ley, al presidente interino de la Unión Europea le basta con algunos códigos éticos. Que no afecten a su ‘cuadra bancaria’, claro.

Hasta ahora, a Sarkozy no le ha importado, pero la cuadra de los grandes ‘purasangre’ de los que quiso hacer el modelo de Europa, las que iban a ser las niñas bonitas de su nueva ingeniería financiera, no le ponen tan fácil su corona europea, por más que se empeñe en extender el manto de millones de euros para camuflar sus miserias.

Societé Generale, BNP, Credit Agricole, Naxitis y la Caisse le manchan la pechera a Sarkozy. Lo han hecho antes y después de la crisis. Naxitis es la bisagra de las vergüenzas propias y las de sus dos principales accionistas: Caisse d´Epargne y el Banque Populaire, cada uno con un 35%, que han vuelto a acariciar la idea de un aumento de capital en Naxitis, al calor del impulso de Sarkozy. Naxitis suelta el lastre de las actividades en mercados de riesgo. Y admitió haber perdido 1.182 millones de euros en los nueve primeros meses del año y 250 millones de euros en operaciones bursátiles en octubre y noviembre, pero guarda silencio con el agujero de 975 millones en octubre que denuncia la prensa francesa. Una forma de intentar acallar cualquier asociación con el escándalo de Société Générale de comienzos de año y con los problemas de su accionista Caisse d´Epargne (las cajas de ahorro francesas), que tuvo una pérdida excepcional de 751 millones de euros en operaciones bursátiles. El presidente y dos gerentes de Caisse d´Epargne renunciaron luego de ese escándalo.

Societé Generale no ha tenido más remedio que adelantar casi una semana sus resultados del tercer semestre y hacer ondear un supuesto impacto de 1.200 millones de euros en sus cuentas por la crisis financiera para acallar las informaciones que apuntan a más ‘agujeros’ -aún no reconocidos por la entidad- y para opacar el juicio del ‘affaire Kerviel’, que por primera vez lleva este jueves a Daniel Bouton al banquillo. Los jueces ya han desvelado que, a su criterio, Kerviel aprovechó los fallos de control de Societé Generale, pero no estaba solo. Ninguna de esas sombras apartará al banco galo de una nueva inyección de más de 1.500 millones de euros. Y, con ella, de las sombras con el eterno fantasma de su aproximación a BP.

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