edición: 2347 , Lunes, 20 noviembre 2017
03/11/2017
banca 
Mientras duerme el proyecto de Unión Bancaria

La banca implanta su propio modelo de ajuste permanente

El sector ajustará en doce meses casi 6.000 empleos en medio de la recuperación de las perspectivas económicas
Juan José González
De la misma forma que un buen alumno obedece y sigue los consejos del profesor, el sector bancario se ha aplicado en la mayoría de los consejos y recomendaciones del FMI y de la UE tendentes a mejorar la salud de los bancos por la vía de la consolidación, reduciendo tamaño y fusionando entidades, y tanto en el ámbito local o nacional como en el supranacional. Inicialmente, el proceso general de concentración bancaria se llevó por delante un buen número de entidades, bien por quiebra, bien por la conversión o transformación jurídica -en el caso español- de las cajas de ahorros o mediante fusiones. Un proceso que ha avanzado a lo largo de estos últimos años con el resultado, hasta ahora, de una reducción de la estructura bancaria de entre el 30% y 35%. El efecto casi inmediato ha sido que el sector ha podido solucionar los problemas de costes, de eficiencia y en buena medida también de rentabilidad. Pero otros problemas no se resuelven de forma automática y persisten, como es la morosidad -más acusada en el caso español- y la ingente de crédito inmobiliario que a buen seguro nunca se recuperará. Hay además otros aspectos que impiden al sector alcanzar la recuperación definitiva y no precisamente relacionados con los tipos de interés. 
La reordenación del sector sigue pendiente de un nuevo ajuste, de recorte de costes, afectado por márgenes insuficientes, por la evolución tecnológica y los nuevos competidores no regulados. En España comienza ahora la cuarta ola de ajustes, una nueva vuelta de tuerca centrados en las entidades que todavía se encuentran inmersas en procesos de integración, caso de Santander con el Popular, de Bankia con BMN y de Evo Banco, esta última después de tres años en manos de un nuevo inversor -el fondo Apollo- sin que hasta la fecha haya logrado superar los problemas de rentabilidad. 

En esta cuarta ola de ajustes tampoco hay que olvidar que BBVA, tras la integración de las Catalunya Caixa y Unimm en su grupo, continua con problemas de exceso de plantilla, una vez agotados los programas de prejubilaciones, bajas incentivadas y ahora de externalización de unidades enteras del banco, como su departamento de tecnología. Ajustes considerables si se tiene en cuenta que tan sólo el Banco Santander prevé una reestructuración que a medio plazo podría afectar a más de 4.000 trabajadores que integran actualmente los servicios centrales del grupo y del integrado Popular. Otros 1.300 o 1.500 empleados que saldrían del ajuste de Bankia tras la fusión de BMN y otros casi 300 de Evo Banco y otros tantos de BBVA.

Contrasta la nueva fase del ajuste bancario con la recuperación de la confianza y el ánimo de inversores y empresarios, recuperación del mercado de renta variable, de los resultados empresariales de las últimas semanas con el regreso de la prima de riesgo a niveles razonables en el entorno de los 110 puntos y con las esperanzas de mejorar las calificaciones crediticias de empresas. Recuperación del ánimo como también de las cifras de consumo privado y de las buenas sensaciones en el mercado inmobiliario.

En este escenario, la economía y varios de sus agentes parecen haber sido más ágiles e ir por delante del sector bancario, quizá más volcado éste en el análisis estratégico, como corresponde al estudio y valoración de posibles operaciones corporativas, que en pisar el acelerador de los ajustes laborales y de la red, una tarea a la que ahora se va a dedicar en la última parte del ejercicio. Es en este último trimestre donde deben figurar los números finales de plantilla y oficinas sobre los que descansarán los presupuestos del próximo ejercicio, y por tanto, los que determinarán el alcance de los planes de ajuste a realizar a corto y medio plazo.

De esta forma y por arte de la reordenación del sector, se consolida un modelo que será adoptado, con ligeras variantes, por la mayor parte de las entidades, un modelo que implanta el ajuste permanente, una adaptación de la estructura que se quiere que sea automática, ajustada a unos parámetros de costes, eficiencia y otros objetivos estratégicos. Lo que no está nada claro es que las autoridades de Bruselas entiendan que el modelo propuesto encaja en el de la Unión Bancaria, un proyecto al que todavía le queda mucho camino por recorrer tras la salida de Reino Unido de la UE, un tiempo que bien puede ser aprovechado por el sector bancario para seguir adelante con el ajuste permanente.

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